La mujer que cuida los castaños que dejó su abuelo

Nieta de Rodolfo Rosauer, Gabriela Bisso decidió regresar a la chacra familiar para atender y reactivar esa hermosa plantación de 100 árboles que formó parte de un emprendimento.

“Mi lugar es acá”. “Mi vida es aquí”, insiste Gabriela Bisso.
Apenas jubilada de la docencia, Gabriela decidió dedicarse a todo lo que su abuelo materno, Don Rodolfo Rosauer, dejó para ella, toda esa tierra y ese legado escondido en el delicioso fruto producto de los castaños, la mayoría cultivados por él.
Desde hace algún tiempo, Gabriela se ocupa en persona de este predio de 3 hectáreas.Atiende la plantación de 100 castaños añosos, para luego abastecer a la gente de la zona, a algunas empresas y a grandes chefs de algunos restaurantes de Buenos Aires.


“Mi vida es aquí”, dice la mujer con un profundo sentimiento reflejado en su rostro.
“Después de trabajar por 33 años en una escuela de Luis Beltrán, me jubilé. Este es mi lugar, mi tierra, la que mi abuelo eligió para mí”, se emociona Gabriela a RÍO NEGRO.

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6:30 am suena la alarma que despierta el día de Gabriela.
Levantarse y salir a caminar 6 km con sus perros es una fuente de energía, para dar comienzo a las tareas, después de un buen desayuno.
En una chacra el trabajo no falta, pero tiene sus prioridades y lo primordial es alimentar a los animales: las gallinas, varios gansos, una potranca llamada Alfa y un burrito Platero, además de los 12 perros rescatados y 4 gatos.


Luego de las tareas domésticas, el comienzo de la tarde la dedica al cuidado y limpieza de los árboles. Curar el olivillo, atender el riego, separar las pasturas para los animales, arreglar el alambrado, manejar el tractor, la motosierra o la moto-guadaña son cosa de todos los días para Gabriela.


La mujer lleva en su espalda, gran parte de la historia de Pomona
. Es que este es el lugar donde su abuelo dejó una huella imborrable. Hija de Nora Rosauer y Jorge Bisso, con apenas 5 años llego a Pomona junto a sus hermanos desde Buenos Aires. Sus padres querían una crianza sana para ellos y el lugar era perfecto. “Así llegamos a Pomona, los 7 en una combi- con perros, gallinas y el gato”, recuerda la mujer y añade: “mi papá se encargó de administrar los campos del abuelo trabajando la ganadería y pastura. En una de las chacras había nogales, almendros y castaños, que el abuelo Rosauer había cultivado”.

El abuelo, do Rodolfo Rosauer


Después, la familia comenzó a dedicarse a los frutos secos abasteciendo a una persona del Mercado Central de Buenos Aires. Se cosechaba y clasificaba en dos tamaños de castañas: medianas y grandes. Se colocaban en bolsitas de un kilo y distribuían en cajas con 10 bolsas cada una, correctamente etiquetadas y de gran presentación, para después ser enviadas en un camión refrigerado, destinadas a Buenos Aires.
“Muchos años realizamos ese trabajo hasta que el intermediario empezó a fallar y decidimos dejar”, acota la mujer.

La hermosa plantación que cuida Gabriela Bisso.


“Con mi papá hacíamos un buen equipo y muy compañeros”, recuerda Gabriela y agrega: “trabajábamos todo el día en la clasificación, mamá pesaba las castañas, papá colocaba en cajas y yo clasificaba y embolsaba. Las cargábamos y llevábamos a un transporte en Beltrán, a cualquier hora porque el camión no viajaba todos los días”.


Después de fallecer el padre, sus hermanos regresaron a Buenos Aires junto a con la madre, que hoy tiene 85 años.


En la actualidad, no cuenta con un comprador fijo, sin embargo, Gabriela no baja los brazos y ahora que dispone el tiempo completo renovó este emprendimiento nuevamente en honor a su abuelo y padre.
Gabriela sintió esta tierra como su lugar en el mundo donde el destino ancló sus ilusiones. Una vida tranquila lejos de ruidos típicos de ciudades, acompañada de sus animales, los castaño y sus ricos frutos.




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