Trabajar la fruta en tiempos de cambios: recuerdos desde Roca

Muchas temporadas pasaron desde aquellos veranos en los que se embalaban cajones bajo los sauces de la chacra. La experiencia de la desaparecida Valle Fértil, invita a repasar algunos de sus procesos.

Hace 55 años, un 18 de febrero de 1969, las páginas de RÍO NEGRO celebraban el primer embarque de frutas en “cajas bins”, rumbo a países escandinavos. La noticia se registró desde Cipolletti, marcando un quiebre más en el desarrollo de la labor frutícola en el Alto Valle. Las filas interminables de grandes contenedores hechos con madera que hoy vemos en el exterior de un galpón o a bordo de los camiones en la ruta, no se vieron siempre. Tampoco lo fue el manejo de los galpones de empaque, el traslado de la producción y la cantidad de mano de obra que se empleaban en la actividad. 

“En años anteriores, cuando no se conocía el bins ni se usaba el autoelevador”, contaba a este medio el señor Jose Saigg, encargado del galpón de empaque «Valle Fértil Limitada» en enero de 1969, “se creaba un problema con la fruta que se trabaja para el mercado interno, porque se embalaba en su totalidad; entonces los costos eran elevadísimos y la plaza nacional, fue siempre inestable. En cambio, ahora que la fruta se carga en bins y se coloca en el frigorífico, sale al mercado en su momento, con el envase que ese mercado requiere. Se reducen sensiblemente los costos”, opinaba el coordinador.

Para graficar en números, un chacarero que entregaba 300 cajones por día, tenía que ir al galpón y retirar 300 vacíos; descargarlos en la chacra y repartirlos en el monte, mientras que si llevaba cajones bins, con 12 era suficiente, los que podía retirar, distribuir y devolver llenos en mucho menos tiempo y con un tercio de la mano de obra, ayudada por el autoelevador. 

Foto: Archivo RN.

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Estos y otros avances hicieron que con el tiempo, el movimiento que activaba la temporada frutícola fuera mermando. Atrás quedaron las cuadrillas que cargaban al hombro los envíos y que poblaban luego las playas de maniobra en las estaciones de tren, preparando vagones que partirían rumbo a Buenos Aires. Dentro de los establecimientos, a su vez, buena parte del personal eran mujeres, que encontraron en el galpón de empaque una fuente de sustento para sus familias. 

“Desde el inicio de la actividad frutícola en la región, la producción, una vez clasificada y embalada, se transportaba en tren rápidamente a Buenos Aires, donde se comercializaba o se guardaba en frío un corto tiempo hasta que se exportaba”, sostuvo Silvio Winderbaum en su libro “Para pensar y entender Río Negro”. Estas maniobras no podían demorarse, porque la fruta se deterioraba. La construcción de los frigoríficos fue transformando ese panorama.

Foto: Archivo RN 1969.

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Algo similar ocurrió con el transporte en sí mismo de peras y manzanas, cuando el camión comenzó a reemplazar a la locomotora, único medio posible desde el monopolio de la Argentine Fruit Distribuitors (la recordada AFD), fundada en 1928, y ante la falta de buenos caminos. “Para 1968, el transporte de fruta de la cosecha pasada se efectuó casi en su totalidad por sistema automotor”, indicaba un informe de RÍO NEGRO, debido a sus mejores tarifas y otras ventajas. En 1967, se transportaron 50.000 toneladas y «estaba preparado para transportar mucho más, pero el usuario no reclamó nuestros servicios (…) entonces dispuse que no vinieran los vagones, salvo que los productores lo solicitaran (…) Entendimos que el Alto Valle había encontrado solución en el camión, no creo más rápido, no creo más seguro, pero sí mejor económicamente, lo que entonces, hacía que el productor prefiriera ese medio de transporte”, reconocía el coronel José Martinez Waldner, administrador del Ferrocarril General Roca.

Según los argumentos, como empresa estatal (nacionalizada en 1948), tenían sus tarifas fijadas por resoluciones de la secretaría de Transporte, de manera que no podían adecuarlas “con la urgencia que tal vez fuera de desear”. “Nuestras tarifas son tomadas como base por el camión para fijar las suyas, (…) si disminuimos los fletes, exagerando un poco, diríamos, rebajándolos a la mitad, el camionero no tardaría ni 24 horas en poner sus tarifas a la mitad, aunque en ese caso no cubriría los costos”, se quejaba Martinez Waldner. 

En ese escenario, el caso de Valle Fértil fue ejemplo de las tantas cooperativas que se organizaron entre agricultores que buscaba defender sus intereses. Fundada en Roca el 8 de octubre de 1933 como elaboradora de vinos con capacidad para cinco millones de litros, sumó el empaque de frutas en 1946, con capacidad para trabajar 200.000 cajones por temporada y un secadero de frutas. Hacia mediados de siglo el número de establecimientos en todo el Alto Valle trepaba a 195 en total, 35 de los cuales estaban en Roca.

Foto: Archivo RN 1968.

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