La sábana que no deja ver el bosque

Por Julio Accavallo

El gobierno provincial lanzó como uno de sus ejes de gestión la tan mentada reforma política, pero hasta ahora no ha tenido impacto ni adhesión en la sociedad rionegrina. Esto se verifica en distintos sondeos de opinión realizados durante los últimos meses en la provincia, que ubican al tope de los principales asuntos a resolver la falta de empleo, la corrupción, las deficiencias de la salud, la educación y la seguridad publica, y en cambio la reforma política aparece entre los últimos temas de preocupación de la gente.

Esta distancia y escepticismo de la sociedad se debe a que la discusión central planteada por el partido de gobierno y parte de la oposición en la reforma política es sobre un cambio en el porcentaje de elección de los legisladores y en la cuestionada lista sábana. La crisis de la política es hoy presentada exclusivamente como una crisis de representatividad y se argumenta que el divorcio entre la ciudadanía y los representantes debería ser combatido mediante una reforma que acerque los representantes al «pueblo».

Pero muy poco se ha planteado sobre las reformas institucionales que deben realizarse para eliminar o mitigar la corrupción que aqueja a las instituciones de la democracia, y para elaborar políticas de Estado que den respuesta a las principales necesidades de los rionegrinos.

No sólo se trata de reformar las instituciones de la democracia para lograr parlamentos más eficientes y gobiernos más responsables, o de modificar los sistemas bajo los que se eligen legisladores y gobernantes; todo ello es necesario, pero insuficiente.

Una reforma política que se centre sólo en las instituciones de representación -es decir, en la estructura de toma de decisiones-, si no es acompañada por una reforma integral del Estado, frustrará las expectativas de cambio de la sociedad.

La persistencia de fuertes identificaciones partidarias indica que no es solamente la representatividad la pata renga de la democracia, sino también la eficacia. En todo sistema político estable existe una combinación de representatividad (legitimidad de la representación) y eficacia operativa (capacidad de formular e implementar políticas públicas).

La legitimidad del sistema político depende no sólo de los principios de representación, sino también de los resultados y éstos a su vez dependen de la estructura de gobierno. Prueba de ello es el presidente Kirchner, quien logró un 22% de los votos en la elección del 2003 y luego su firme decisión de gobernar en el sentido contrario a lo realizado en la década del noventa, tanto en su relación con los acreedores externos, las empresas de servicios multinacionales o los militares acusados del terrorismo de Estado, logró rápidamente un mayoritario apoyo social que se expresó en todos los sondeos de opinión.

Esto no significa que no deban ser tratados en una reforma los porcentajes mínimos para acceder a una banca en la Legislatura, pero la energía y el debate en una verdadera reforma deberían estar centrados en los cambios necesarios para eliminar la distribución de los recursos públicos en forma clientelar, transparentar la adjudicación de las obras y los contratos públicos, profesionalizar los organismos de control, facilitar la participación ciudadana en los asuntos públicos, hacer efectivo el cumplimiento de los contratos y la sanción de su incumplimiento, eliminar el manejo prebendario de los fondos públicos, garantizar la independencia de poderes, eficientizar y reconstruir el aparato del Estado, contar con un funcionariado estable, competente e independiente de los vaivenes partidarios, entre otros temas.

El deterioro de los vínculos de representación entre los ciudadanos y los gobernantes continuará, mientras el gobierno subestime las reformas que garanticen instituciones políticas transparentes y un Estado que goce de autonomía y eficacia, que asegure horizontes de largo plazo. Prueba de ello es que el gobierno, a pesar de contar con todas las herramientas a su alcance -el Poder Ejecutivo y la mayoría en la Legislatura-, no ha encarado cambios en este sentido.

Por esto resulta lejana para la mayoría de los ciudadanos rionegrinos la reforma planteada, ya que se circunscribe a la agenda del partido de gobierno y no de la sociedad en su conjunto, que reclama más y mejores servicios públicos y la erradicación de la corrupción.

A pesar de la sábana vemos el bosque, que es en definitiva un gobierno provincial que no quiere avanzar a fondo con los cambios necesarios, ya que afectarían su base de sustentación, y desarrolla este proceso haciendo eje en modificaciones menores como la repudiada lista sábana, para entretener a los partidos de oposición y maquillarse ante una sociedad que reclama transformaciones estructurales para tener un futuro mejor.

 

Julio Accavallo

Diputado nacional por Río Negro.


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