LA SEMANA EN SAN MARTÍN: Evolución

Mientras el MPN hace la plancha en San Martín de los Andes, los peronistas y los radicales se organizan para recuperar la torre del reloj. Sin embargo, los partidos «tradicionales» harían bien en revisar la evolución del electorado local a lo largo de los últimos años. Antes de entrar en esa materia, conviene un breve repaso de lo que están haciendo los «históricos».

La intendenta Luz Sapag está decidida a ir por la presidencia provincial del partido, pero mientras no se definan las malhadadas internas, no se sabrá si también buscará la reelección. Tanto por si va como por si no va, su decisión será determinante para el MPN local.

El peronismo, al menos buena parte de él, ha descubierto que la unidad es posible, luego de haberse zaherido entre unos y otros a lo largo de siete u ocho años. Hay llamado a construir consensos y se verá si cuaja.

Los radicales vienen de dos buenas elecciones tras años de miseria electoral. Las tres bancas logradas en la Convención Municipal y la buena performance de la local Linda Yagüe en las parlamentarias de medio turno, les demuestran que pueden volver a creer en sus fuerzas, luego de que gobernaran la ciudad por última vez entre 1983 y 1989.

Pero si bien estos tres partidos son los únicos que han ganado la intendencia desde el retorno de la democracia, el paso del tiempo les ha esmerilado sistemáticamente el poder en el Concejo Deliberante.

Una candidatura a la intendencia es determinante en sí misma, incluso con prescindencia del partido representado, por la fuerte impronta presidencialista de nuestro sistema, que tiende a asimilar el gobierno con la figura de quien accede al Ejecutivo.

Pero ese razonamiento ignora que la composición de los cuerpos colegiados, desde que se implementó el sistema de proporcionalidad, es más fiel a la distribución y a las preferencias del electorado en cada momento. Es su sintonía fina.

En 1995 rigió por primera vez el sistema D´Hont para el Deliberante. Ese año, el MPN logró seis concejales contra cuatro del PJ y uno de la UCR. En 1999 fueron cuatro para el MPN, cuatro para el PJ y tres para la Alianza (UCR y Frepaso). En 2003, la composición ya se dividía en cuatro para el PJ, cuatro para el MPN, uno para la UCR, uno para Participar y uno para ARI-Encuentro. Y en el 2007, la relación fue de cinco para el MPN, uno para el Frente, uno para Libres del Sur, uno para Participar, uno para el Une, uno para Servicio y Comunidad y uno para Opción Federal.

Si bien es cierto que el MPN se beneficia de partidos que le son afines y sostiene la mayoría, también es real que la tiene cuando menos condicionada, toda vez que está obligado a tejer y preservar alianzas con ese fin.

Lo que conviene preguntarse es qué refleja esta fragmentación: ¿Un electorado atomizado y confundido? ¿Un electorado muy seguro, que no quiere dar a nadie la suma del poder? ¿Un electorado que ha aprendido a valorar otras propuestas y a otros actores? ¿Un electorado que ha aprendido a castigar y se siente cómodo con ese papel?

Hallar respuestas a éstas y otras inquietudes podría ser vital para articular campañas, ideas y discursos. Se verá.


Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios