La violencia, el rostro indeseado del fútbol regional

Todos coinciden en que será un torneo conflictivo. La preocupación invade. Pocas son las respuestas.



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Dos postales -cada vez más comunes- de la barbarie. Policías reprimiendo a hinchas y jugadores trenzados en una batalla campal. Los jugadores de Bella Vista sufrieron en carne propia la violencia del fútbol zonal.

Aunque sus dirigentes hayan hecho hasta lo imposible por impedirlo, finalmente Centenario jugará el próximo torneo Argentino B bien lejos de casa, en una zona que compartirá con mendocinos y cordobeses. Está es la forma que encontró el Consejo Federal para matar dos pájaros de un tiro: que siga en el torneo (algo que consiguió desde lo deportivo), pero lejos de los problemas. Desde el organismo que regentea los torneos nacionales de segundo plano no se bancaron los hechos de violencia que protagonizó últimamente la ADC, y se lo hicieron saber.

Pero Centenario no es una sola ola brava en medio de un calmo mar. Todos los clubes de la región sufren por la violencia. La categoría, al menos por estas latitudes, fue víctima de continuas jaquecas. Para muchos dirigentes la irrupción del descendido Cipolletti provocará mayor ebullición, como echar “combustible al fuego”.

Aumentan los clásicos: un buen augurio en lo económico, un fuerte temor por la creciente inseguridad.

La preocupación es mucha, al punto que el presidente de la Lifune, Luis Sánchez, presentó en la Legislatura provincial un proyecto de ley para que Neuquén adhiera a la ley del deporte (ver aparte). “No vamos a esperar que haya un muerto”, fue la drástica, pero real justificación del dirigente.

Aún yace en la memoria el lamentable episodio sucedido en cancha de Centenario cuando, luego de asegurarse la permanencia, los jugadores de Bella Vista debieron saltar un portón y correr calle abajo para no ser linchados; o cuando se encontraron hinchas de Independiente y Roca en las puertas de la cancha del “rojo” y el fútbol se disipó entre piedras y gases lacrimógenos (también pasó en cancha “naranja” el 2 de octubre de 2005); la Visera cuenta con varios de estos hechos y Alianza descendió (luego fue invitado) por incidentes que le costaron un duro descuento de puntos.

¿No hay una sola madre de este engendro? Pocos efectivos policiales, barrabravas, deficiente organización, obsequio de entradas, mala conducta dentro del campo, y la lista es tan larga como la problemática. Todos los consultados coinciden en que hay que homogeneizar opiniones, conductas y formas de actuar para encontrar un efectivo remedio.

Lo dijo el propio presidente de Centenario, Hugo Montes: “Es un mal instalado hace tiempo. Tenemos que sentarnos todos los interesados y llegar a una solución”.

Algo a lo que adhiere el vice de Cipolletti, Horacio Pierdominichi. “Tenemos que trabajar para que la gente vuelva a la cancha, aprovechar este momento, pero hacer las cosas bien. Hay que ponerle paños fríos a esta situación porque son partidos de fútbol. Pero no podemos ser necios, porque también sabemos que son partidos de riesgo, y va a ser muy difícil que no haya violencia, hay demasiados clásicos y se juegan muchas cosas”.

La elocuencia de Pierdominichi alerta. Y el titular de la Confluencia, Tomás Ibañez, es igual de tajante. “El problema de la violencia se va a solucionar cuando los clubes erradiquen a los violentos. Cuando tomen medidas para dejar de regalar entradas. No se dan cuenta, pero al permitir entrar a los violentos debe haber más seguridad y por eso deben pagar más; es un círculo vicioso”.

Para Gastón Sobisch, el responsable de Independiente, “hay que reunirse y ponerse de acuerdo, cuando lo hicimos salió perfecto. Nosotros tuvimos problemas, la violencia se generó adentro de la cancha, hubo replanteo y medidas internas para que no se repita”.

Luego de la patética postal que dejó el enfrentamiento contra Bella Vista llegó el cotejo frente a Estudiantes de San Luis. Todo se desarrolló con normalidad. Montes explicó por qué: “Afinamos el operativo de seguridad y salió todo bárbaro. No dejamos entrar a los barras brava, no se regalaron entradas…”. Un dirigente que se sincera sobre algo que pocos reconocen.


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