La violencia en las aulas, reflejo de una sociedad desigual y con padres ausentes

Alerta en Neuquén por la seguidilla de casos de agresiones en las escuelas.

NEUQUEN (AN).- La violencia escapa de las aulas y trasciende a las escuelas, dicen los especialistas, que intentan explicar las razones por las cuales los adolescentes definen sus diferencias a los golpes o cadenazos, como ocurrió recientemente en un secundario de esta ciudad.

No sólo hay golpes y cadenas, también hay chicos que llevan cuchillos y navajas e incluso armas de fuego, como sucedió puertas adentro de un aula hace apenas algunos meses.

Los especialistas dicen que lo que ocurre en las aulas es el reflejo de una sociedad desigual, con pérdida de valores y de respeto a la autoridad.

«Los chicos no son violentos porque sí, sino que imitan lo que ven de los mayores y exteriorizan en la escuela los conflictos que viven a diario», afirmó la psicopedagoga Marta González. «Son los adolescentes quienes más manifiestan la violencia y la escuela es el lugar de encuentro donde reproducen los modelos que sacan de una sociedad, en la que lamentablemente la violencia se ha naturalizado», agregó la especialista.

Si bien las posturas en cuanto a las causales de la violencia en las escuelas son variadas, directores de colegios, preceptores, psicopedagogos y responsables de la Comisaría del Menor coincidieron en señalar que este fenómeno está estrechamente vinculado a una crisis social mucho más amplia.

Para Susana Acevedo, la asesora pedagógica de un colegio neuquino, la constante que une la violencia en los colegios de la periferia y en las escuelas del microcentro es el «desdibujamiento» del rol de los padres. «Muchas veces están pero no cumplen con esa función porque están ocupados trabajando», refirió Acevedo.

 

La reunión de padres

 

Los directores de colegios consultados por «Río Negro» coincidieron en señalar que «son muy pocos» los padres que participan en las actividades escolares de sus hijos, situación que se ejemplifica con el gran ausentismo que se registra en las reuniones de padres. «De un curso de 25 chicos sólo vienen a las reuniones cinco padres, siempre son los mismos y son los padres de chicos que nunca dan problemas», agregó Graciela Plaza, la directora del CPEM 19.

Los problemas familiares, aseguraron los especialistas, se proyectan en frustraciones que se transforman en violencia ante la menor instigación. «Muchas veces basta con que se miren mal para que se pongan a pelear», explicó el director de otro colegio.

Sin embargo, en ocasiones los enfrentamientos toman mayores dimensiones, como sucedió el lunes cuando un grupo de adolescentes atacó con cadenas a un chico del CPEM 47. Otro hecho cercano y llamativo es el que se produjo el domingo 23 de abril cuando una multitud de adolescentes saqueó y destrozó el microcentro de la ciudad.

«Los chicos nos dan señales y nos están mostrando que la escuela perdió su función social al dejar de lado en las currículas la enseñanza de los valores», indicó la diputada Cristina Storioni, integrante de la Comisión legislativa de Educación.

Por su parte, los preceptores consultados por este medio indicaron que la violencia entre los jóvenes está vinculada a la falta de perspectiva de futuro, una situación que aseguran los hace sentirse excluidos y que se visualiza en la rebeldía.

 

La promesa de un futuro mejor

 

«Ven que hay una distribución desigual de la riqueza y ya no confían en la promesa de esforzarse por un futuro mejor sino que simplemente tienen la visión de que su futuro es negro, incierto», explicó Marcelo Fernández, un preceptor que se desempeña

en un colegio capitalino desde hace quince años.

Directores, preceptores y psicopedagogos coincidieron en indicar que los mayores conflictos se dan entre los alumnos de primero y segundo año, cursos en los que también se registra el mayor índice de repitencia y abandono. Dos fuentes de la Comisaría del Menor consultadas por este diario dijeron que la violencia en las escuelas es un dato más de una realidad compleja. «Forma parte de un abanico mucho más amplio de una problemática que involucra a menores e incluye el delito juvenil», dijeron las fuentes.

Una consulta que se quedó sin respuesta

NEUQUEN (AN).- En diversas oportunidades este medio intentó dialogar sobre esta problemática con autoridades y especialistas dependientes del Ministerio de Educación. No hubo respuesta.

Los intentos por acceder al ministro de Educación Mario Morán y a la subsecretaria y presidenta del Consejo Provincial de Educación Mara Alvarez, fueron inútiles.

Ambos funcionarios no respondieron a los llamados telefónicos de este diario aunque es válido señalar que ambos estuvieron al frente de la negociación salarial con el gremio ATEN, que el viernes cerró un largo conflicto.

No obstante, «Río Negro» intentó acceder a los especialistas que integran el equipo interdisciplinario que atiende en asuntos de violencia escolar del Consejo Provincial de Educación aunque en este caso la respuesta de una de sus integrantes se tradujo en la promesa de un llamado telefónico que nunca se concretó.

«Las escuelas son mallas de contención social»

NEUQUEN (AN).- Directores y preceptores de colegios de esta ciudad indicaron que el problema más importante al que se enfrentan es que las escuelas están funcionando desde hace años como «mallas de contención social de todo tipo de problemas» y apelaron a que desde el Estado se ponga en marcha una política integral tendiente a recuperar la importancia del núcleo familiar.

«Se necesita una política de inclusión laboral que permita que los padres y los hijos puedan compartir la comida reunidos en la mesa», aseguró Marcelo Fernández, el preceptor de un colegio del este neuquino a la vez que señaló que en la actualidad «la escuela está cumpliendo un rol que no le corresponde».

«Los jóvenes están ensimismados, cerrados en ellos mismos y lo peor es que pareciera que nadie les presta atención», comentó una directora, que solicitó permanecer en el anonimato. La docente apeló a que desde el gobierno tanto nacional como provincial se impulsen políticas integrales que tiendan a recuperar y consolidar el rol de la familia, vista ésta como la primera fuente de educación de los niños.

«Los chicos que tienen padres desocupados viven tanto en la exclusión como en la pérdida de la integridad humana, la dignidad que el hombre gana a través de su trabajo», explicó el director de la EPET 3 de Gregorio Alvarez, José Carvallo, a la vez que advirtió que esta exclusión también se daría en el caso de las clases más acomodadas.

«Otros padres, en un afán por vivir mejor, se centran demasiado en el trabajo y dejan de imponerles límites a los hijos», agregó el director que indicó que «es por esta amplitud de factores que es necesario abordar la problemática desde múltiples sectores».

Hay coincidencias en la comunidad educativa de que la violencia no es un fenómeno nuevo en el ámbito escolar sino que se viene dando desde hace por lo menos una década, aunque algunos destacaron que habría tenido un punto de despegue tras la crisis económica de diciembre de 2001. Además, se indicó que en los últimos tres años los enfrentamientos se incrementaron entre las alumnas y, en la mayoría de los casos, se produjeron puertas afuera del colegio.

«Adentro del edificio la violencia es mucho más simbólica que física», explicó una directora a la vez que indicó que en el caso de los colegios del centro mucho tiene que ver la moda y la carrera consumista.

De acuerdo a los directivos la violencia en las escuelas es la manifestación de un fenómeno mucho más abarcativo que la simple violencia entre adolescentes, cuya solución no está en manos de una receta mágica sino en la concientización y en la participación activa de todos los sectores de la sociedad.

«Los chicos descreen de la cultura del esfuerzo»

NEUQUEN (AN).- «Los adolescentes neuquinos muestran una falta de valores morales y una ausencia de proyectos e iniciativas», señalaron los psicopedagogos y asistentes sociales consultados. Además, destacaron que este «vaciamiento» produjo un cambio en la forma en la que los jóvenes se comunican. «La escuela es un escenario donde los jóvenes se muestran», explicó la asesora Susana Acevedo y agregó que es en ese ámbito donde «el abandono social al que están sometidos, un abandono que es mucho más abarcativo de lo que parece, se hace manifiesto y se expresa en hechos que, a la vista de los mayores, son violentos».

Los profesionales interpretan que la mayor parte de los adolescentes que concurren a la escuela muestran un desinterés por estudiar y aprender, un dato de la realidad que estaría estrechamente relacionado con la ausencia de un proyecto de vida.

 

Visión de futuro

 

«Los chicos no tienen visión de futuro sino que viven en la instantaneidad y esto es lo que los lleva a centrar sus vidas en el colegio y en los pares», señalaron los especialistas. Los profesionales indicaron que la falta de valores lleva al «descreimiento en la cultura del esfuerzo», motivo por el que advirtieron que son muy pocos los chicos que hoy piensan en capacitarse para lograr un futuro mejor. «Esto es un problema social complejo, y la violencia es sólo una manifestación de algo que hay que tratar y abordar desde múltiples sectores», advirtió la psicopedagoga Marta González.


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