La visita de Obama

Por Redacción

Puede que la Argentina ya no sea el “país más antinorteamericano del mundo” como, según parece, ha sido en diversas ocasiones en el pasado reciente, pero aún hay muchos que querrán aprovechar la visita del presidente Barack Obama para expresar el odio –o, dirían algunos, la envidia– que sienten por la superpotencia. Según la Casa Blanca, el mandatario estadounidense pasará dos días, el 23 y 24 de marzo, en el país luego de visitar Cuba, donde se prevé que, además de firmar algunos acuerdos comerciales, exhortará a la dictadura cuasi militar de los hermanos Castro a manifestar más respeto por los derechos humanos de sus compatriotas, lo que sin duda enojará sobremanera a los izquierdistas y kirchneristas que aquí se han apropiado de la causa. Para ellos los únicos abusos de los derechos humanos realmente repudiables fueron los cometidos por el régimen militar argentino entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983, razón por la que, a su juicio, los cometidos sistemáticamente por los comunistas cubanos y, de manera más esporádica, por los chavistas venezolanos son meramente anecdóticos y, de todos modos, atribuibles a las maniobras del imperialismo norteamericano. Tales minorías ya están preparándose para aguar, marchas de protesta mediante, lo que el presidente Mauricio Macri y otros miembros de su gobierno esperan que sea una fiesta que sirva para formalizar la “reinserción” de la Argentina en el mundo occidental después de una década de aislamiento autoimpuesto. No es cuestión sólo de una empresa simbólica, ya que podría tener consecuencias concretas muy beneficiosas. Los macristas entienden que, fuera del orden que gira en torno a Washington y Nueva York, la capital financiera del “imperio”, el país sólo encontrará más pobreza rencorosa, razón por la que le es prioritario estrechar los vínculos con Estados Unidos y la Unión Europea. Apuestan a que el deshielo que se han propuesto impresione tanto a los inversores internacionales que opten por privilegiar la Argentina, lo que le permitiría al gobierno llevar a cabo con facilidad relativa las reformas estructurales que tienen en mente. No cabe duda de que en el terreno político el gobierno ya se ha anotado algunos éxitos importantes: acaba de visitarnos el premier italiano Matteo Renzi y, siempre y cuando no surjan inconvenientes de último momento, está por llegar el presidente francés François Hollande, mientras que de no haber sido por el tremendo embrollo ocasionado por el resultado de las elecciones legislativas más recientes de su país, también hubiera venido el presidente del gobierno español. En el ámbito económico, en cambio, todavía predomina la cautela, lo que es comprensible en vista de las dimensiones insólitas de los problemas heredados por el macrismo. No es ningún secreto que, en opinión de los principales dirigentes norteamericanos y europeos, la gestión de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner fue un desastre no sólo por su presunta adhesión a ideologías determinadas y su voluntad de aliarse con Venezuela y, por un rato, con el Irán de los ayatolás, sino también porque les resultaba muy difícil entender lo que intentaba hacer. Aunque tendrán sus diferencias con Macri, les parece una persona mucho más previsible y mucho menos proclive a subordinar todo a sus propios caprichos de lo que era su antecesora. Por lo demás, son conscientes de que, para América Latina en su conjunto, los próximos años podrían ser tumultuosos a causa de la muy grave crisis económica y política que está experimentando Brasil y las alarmantes perspectivas frente a Venezuela, que parece estar por sufrir un estallido social catastrófico. Rezan para que el gobierno de Macri logre consolidarse, lo que posibilitaría que la Argentina, luego de haber sido durante años un foco de inestabilidad en la región, asuma un papel mucho más constructivo. Se trata de un cambio que en buena lógica debería merecer la plena aprobación de todos los nacionalistas, tanto los de izquierda como los de derecha, pero puesto que con escasas excepciones prefieren oponerse al statu quo internacional a colaborar para que el país ocupe un lugar más importante en el mundo, sorprendería que sintieran mucho entusiasmo por la posibilidad auténtica de que Macri se erija en un líder regional muy influyente.


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