Las causas conexas, sin fecha para el juicio

Las lleva la misma Cámara que juzga el asesinato de las chicas.

CIPOLLETTI (AC).- Nada se sabe todavía del debate de las causas conexas al triple crimen, aquellas investigaciones que condujeron al procesamiento de cuatro policías y una civil. La Cámara Segunda, la misma que lleva adelante ahora el juicio por la muerte de las tres chicas, aún no fijó fecha para sentar en el banquillo a los cinco acusados.

Las causas conexas son aquellas que se desprenden y guardan una relación con la investigación central de un hecho.

Distinto es el caso de las «anexas», que surgen de una investigación «madre», pero siguen su propio camino porque no tienen ninguna vinculación entre sí.

En el triple crimen, la causa principal se inició a partir de la desaparición de María Emilia, Paula y Verónica. Pero desde el hallazgo de los cuerpos de las chicas, comenzaron a surgir infinidad de expedientes. Algunas quedaron sólo como anexas y cuatro como «conexas».

Las conexas surgieron cuando se comenzó a ahondar en los primeros días del hecho.

Fue así que por «no haber hecho lo que debía» cuando las jóvenes estaban desaparecidas y a partir del hallazgo de los cadáveres, el ex subcomisario Luis Seguel fue procesado por «incumplimiento de deberes de funcionario público».

Seguel estaba al frente de la subcomisaría 69, unidad policial en la que Ulises González denunció la ausencia de sus dos hijas y de Verónica Villar.

El juez de instrucción, Pablo Iribarren, procesó al oficial primero por «encubrimiento», pero la Cámara no confirmó esa resolución. Por eso, Iribarren cambió la acusación y lo procesó por incumplimiento de deberes de funcionario público.

El debate de esta causa será casi como un «Triple crimen 2», porque prácticamente tiene la misma cantidad de testigos que la causa principal del hecho.

Serán citadas la mayoría de las personas que participaron de la búsqueda de las jóvenes desde la noche del domingo 9 de noviembre de 1997 hasta el hallazgo de los cuerpos, en la mañana del martes 11 de noviembre.

La segunda conexa también involucra a un ex jefe policial. Se trata del comisario José Luis Torres, quien estaba a cargo de la Brigada de Investigaciones de la comisaría Cuarta de Cipolletti.

Este policía está sospechado de haber intentado colocar una prueba falsa para involucrar a Hilario Sepúlveda, el primer marginal detenido como sospechoso por el triple crimen.

Las otras dos causas están relacionadas con el llamado anónimo que indicó buscar a Sepúlveda y Horacio Huenchumir, los dos horneros que fueron aprehendidos inicialmente por el crimen de las hermanas González y Verónica Villar. Una de las investigaciones tiene como imputadas a Elsa Molina (civil) y a Nancy Sobarzo (policía).

Molina, según consta en el expediente, habría llamado a la subcomisaría 69 en la mañana del hallazgo, dejando como mensaje «busquen a Helidario Sepúlveda y a Horacio Bordón (apellido de la madre de Huenchumir)». Sobarzo está acusada de apañar a Molina al haber afirmado que ella la atendió esa mañana y que no era la mujer que dejó el anónimo.

La otra causa es la que involucra al ex sargento Luis Minervini. Se sospecha que el policía presentó a una testigo falsa relacionada con aquella misteriosa comunicación telefónica.

Las cuatro causas (Seguel, Torres, Sobarzo/Molina y Minervini) se elevaron a juicio junto con la principal del triple crimen. Pero serán debatidas por separado. Los jueces de la Cámara Segunda, todavía no fijaron fecha.

Según se supo, los camaristas querían iniciar estos debates apenas culminara el juicio por los homicidios, pero como en ninguna de ellas hay detenidos, sacarán adelante previamente otras causas que tienen presos y que también están en sus despachos, a la espera de una resolución.

Dos que ya tienen sentencia

CIPOLLETTI (AC).- Hasta ahora, sólo dos causas desprendidas del triple crimen llegaron a juicio. En una de ellas se condenó por encubrimiento al ex jefe de la Policía de Río Negro, Rubén Elosegui; y en la otra se consideró culpables de asociación ilícita a dos jefes policiales y cuatro civiles.

Esta última causa generó muchas expectativas en su momento. El juez de instrucción Pablo Iribarren creyó que por medio de esta investigación llegaría a los autores del triple crimen.

Durante varios meses apostó todas sus fichas a tratar de desentrañar la «banda mixta» que operaba en el Alto Valle cometiendo estafas en la compra-venta de vehículos.

Iribarren tenía un denominador común en la asociación ilícita y la muerte de las jóvenes: el procesado, Guillermo González Pino.

Este vendedor de autos fue condenado finalmente por formar parte de la banda mixta, sin que hasta ahora se pudiera encontrar una vinculación directa entre las muertes de las tres chicas y los delitos con automotores.

«Hay que investigar más»

CIPOLLETTI (AC).- Los organismos por los derechos humanos prometen seguir de cerca el debate del triple crimen.

En las dos primeras audiencias del juicio, no sólo estuvieron presentes dirigentes locales del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, sino también el coordinador general de este organismo, José De Luca.

«Voy a hablar con todos los organismos de Derechos Humanos en Buenos Aires para que nos relevemos en la presencia aquí y podamos seguir de cerca este proceso. Hay que pedir la profundización de la investigación, evitar que queden impunes estos crímenes, y de una forma u otra, mantener alerta a las organizaciones vinculadas a Derechos Humanos tanto a nivel nacional como internacional».

De Luca dijo que si fuera necesario se ampliaría esta participación «a otras organizaciones sociales» existentes en Argentina.

La prueba «plantada» contra Sepúlveda

CIPOLLETTI (AC).- Una de las cuatro causas conexas que restan debatir tiene como imputado a José Luis Torres, el ex comisario que estaba a cargo de la brigada de Investigaciones de la comisaría Cuarta y que fue condenado recientemente por asociación ilícita.

En este caso, Torres está sospechado de encubrimiento. El hecho que se le atribuye ocurrió el 2 de diciembre del `97, cuando se realizaba un procedimiento en la zona del basural de Cipolletti. Según consta en el expediente, la intención de este trabajo era verificar el sitio donde ese mismo día había sido secuestrada una casilla de enganche que probablemente era utilizada como vivienda por sujetos desconocidos.

Sin embargo, en base al testimonio de un policía, la justicia cree que el ex comisario habría extraído de su bolsillo una billetera en mal estado de conservación y la habría ocultado debajo de unas chapas. «Hecho esto procedió a fingir el hallazgo con el deliberado propósito de simular prueba de cargo contra el por entonces imputado como co-autor del triple crimen, Hilario Sepúlveda».

La billetera tenía la inscripción «Pelado», mote con el que se conoce al ex detenido.

El principal testigo de este hecho es el policía Ricardo Solís, quien en el `97 trabajaba con Torres en la brigada de Investigaciones de la comisaría céntrica de Cipolletti. Solís es ahora uno de los dos testigos protegidos que tiene el triple crimen. La otra es Sandra González, la ex concubina de Guillermo González Pino.

La causa que se caratuló inicialmente «Subcomisario Torres, José Luis s/presunto encubrimiento», se inició con bastante posterioridad al hecho que se le imputa al policía. Solís declaró seis meses y tres días después de haber percibido la supuesta irregularidad, y permitió el procesamiento de su ex jefe en octubre del `98.

La defensa del comisario apeló la resolución del juez Pablo Iribarren, basándose, entre otros aspectos, en que el propio Sepúlveda negó que la billetera le perteneciera. Los abogados de Torres cuestionaron que el procesamiento descansaba en una pieza probatoria fundamental y única: «el testimonio de Ricardo Solís».

Sin embargo, la Cámara Tercera no hizo lugar a las nulidades de los defensores y confirmó la preventiva el 2 de diciembre de 1998. Argumentaron que si bien la declaración de Solís significaba el principal sostén del reproche, los dichos del policía Héctor Sánchez y del forense Ismael Hamdan «coadyuvan a la tesitura».

Hamdan declaró oportunamente que le «llamó la atención las características y lo descolgado del elemento hallado, dado el abandono del lugar donde fue encontrado». Sánchez, por su parte, refirió que Solís le dijo posteriormente que la billetera «podría haber sido puesta por gente de la brigada».


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