Las Perlas: oportunidad para la regionalización
RICARDO VILLAR (*)
Las Perlas o Rincón de Las Perlas o Balsa Las Perlas debe ser el poblado que, asentado en Río Negro, es el menos rionegrino de todos los que conforman el universo de centros urbanos en esa provincia. Si el lugar desde donde se proveen servicios, se da trabajo y provienen sus habitantes fuera considerado válido para establecer identidad, entonces Las Perlas, Rincón de Las Perlas o Balsa Las Perlas sería neuquino. No es propósito de estás líneas discutir la pertenencia geográfica y política de este poblado de explosivo y desordenado crecimiento. Sino describir una situación particular, para proponer una experiencia de responsabilidades interestaduales compartidas, con el propósito de ayudar a ordenar y proyectar lo que seguramente en un par de décadas será una ciudad, con un entorno natural de notables contrastes pero de una belleza excepcional. Este poblado tiene sus orígenes en fechas indefinidas, pero se los puede ubicar en el establecimiento ganadero de grandes dimensiones que existió en esa zona; el asentamiento de familias de pequeños crianceros del departamento El Cuy; una base de YPF en las décadas del 50 y 60 del pasado siglo; y el trabajo de Vialidad Nacional, operando la balsa que unía las dos márgenes del río Limay y que permitía el abastecimiento de mercaderías y traslado de “frutos del país” desde y hacia Neuquén y la zona. Mucho después, vecinos de Neuquén y Cipolletti crearon el club Santa Mónica, como un barrio de “fin de semana”, asentado sobre un rincón de grandes arboledas y un brazo del río, ornamentando su límite norte. Contemporáneamente, el doctor Alberto Lembelle, que años antes había adquirido la vieja Estancia y creado la empresa Forestadora del Limay, empezó a desarrollar otro sueño: quería fundar un pueblo y para ello empezó a tentar a familias con la entrega de lotes. Y no conforme, financió la construcción del puente sobre el Limay, que hoy lleva su nombre, y que reemplazó a la vieja balsa. Lo que el Estado no hizo en décadas, lo hizo un particular en dos años. El puente, como toda obra que une orillas, fue clave para la expansión poblacional, en algunos casos ordenada –como el barrio construido por la Mutual Docente de Neuquén– y, en otros, como se podía. La neuquina Cooperativa CALF, por iniciativa de algunos de los copropietarios de Santa Mónica –quienes tenían a la vez, responsabilidades de conducción de esa institución–, llevó la “luz eléctrica” hasta la otra orilla. Así se va armando este entramado humano. Con carencias, incomodidades, pero con el fundamento de ofrecer un pedazo de tierra accesible en donde construir la casa propia, sueño básico de toda familia. Por esos caprichos de las jurisdicciones territoriales que hacen los gobiernos, Las Perlas pertenece al departamento El Cuy, con cabecera política a 100 kilómetros al sur del asentamiento. Pero desde el punto de vista municipal depende de Cipolletti, ubicado a unos 15 kilómetros por los caminos más cortos, pero debiendo atravesar el intrincando municipio de Neuquén. Las Perlas tiene escuela, policía, sala de salud, todo muy básico. Tanto que para cualquier emergencia los vecinos se asisten y dependen de Neuquén. Si hay un incendio, los Bomberos de Cipolletti deben atravesar Neuquén y, por lo difícil que resulta esa travesía, siempre llegan tarde. En estos días recientes, el desgraciado caso de la nena Belén Durán reavivó dramáticamente la precariedad de medios y el aislamiento. Oportunidad para la regionalización El concepto de regionalización figura en la letra y el espíritu de los documentos constitucionales de las dos provincias vecinas. Representa un mandato al trabajo mancomunado, sin que los límites políticos representen barreras. Lamentablemente, hasta hoy han prevalecido los provincialismos, los egoísmos jurisdiccionales, las cuestiones partidarias, que han retrasado un proceso natural de integración. El poblamiento de Las Perlas ha sido alimentado por la incapacidad de Neuquén, provincia y municipio, de darles posibilidades a sus habitantes para hacerse de un terreno en donde edificar su “ruca”. Pero quienes cruzaron la balsa o el puente, siguen trabajando en Neuquén, abasteciéndose en Neuquén, educando a sus hijos en Neuquén (la mayoría), pagando la patente de sus vehículos en Neuquén y, muchos, hasta eligiendo las autoridades de Neuquén. Hay otro interés que debiera ser compartido para alentar acciones comunes. El poblado se va asentando sobre las riberas del curso inferior del Limay. Allí no hay cloacas y no las habrá durante muchísimos años, si el concepto en materia de saneamiento no cambia sustancialmente en nuestras autoridades. Consecuencia de esta situación es que las miles de familias que viven allí utilizan pozos negros para sus desechos cloacales, los que naturalmente escurren hacia el lecho del río, constituyendo un foco contaminante en permanente crecimiento. Un concepto básico y universal es que la contaminación no respeta límites jurisdiccionales. También cuestiones de seguridad son comunes, o la expansión del tráfico de drogas y hasta la situación de los niños y jóvenes. Lo bueno para los municipios de Cipolletti y de Neuquén sería que Las Perlas se ordenara desde el punto de vista de la planificación, lograra adecuados servicios básicos, consiguiera su autonomía política y financiera; es decir, sentar las bases para que la ciudad que será no quede anclada a este presente de desorganización y carencias. Para avanzar faltan recursos económicos, es cierto, pero lo principal es una clara vocación política integradora de parte de cuatro jurisdicciones: municipal, de Cipolletti y Neuquén, y provincial, del Neuquén y de Río Negro. Y no debiera quedar afuera el gobierno central, teniendo en cuenta la presencia de un recurso natural de tanta importancia como es el río Limay, cuyo cuidado lo atiende un ente integrado por el Ministerio del Interior. Mantener en este estado de abandono Las Perlas es y será un problema permanente para estas jurisdicciones, algunas con más responsabilidad que otras, pero todas involucradas a la hora de asumir emergencias. Y lo malo es que, cuando se producen estas situaciones –que ya no son extraordinarias–, la forma en que se coordinan las acciones siempre ayuda a la peor definición del o los casos. No estoy proponiendo crear organismos interjurisdiccionales; si hiciera falta una estructura institucional, está el Ente de Desarrollo de la Margen Sur del Río Negro (Endemas). Sí acordar acciones y asumir compromisos de corto y mediano plazo para ordenar y acompañar el crecimiento de este poblado que, de seguir como hasta ahora, tardará mucho –o nunca podrá– en darles calidad de vida a sus habitantes y hasta puede convertirse en centro de gravísimos problemas sociales y ambientales, con repercusión en las dos jurisdicciones provinciales. Si no cerramos los ojos y oídos, si abandonamos criterios estrictamente jurisdiccionales y le damos proyección a la situación, seguramente encontraremos en el inexplorado concepto de regionalización un marco adecuado para soluciones oportunas que las generaciones futuras disfrutarán. (*) Presidente CC-ARI Neuquén
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora