De las sierras de Córdoba a Siberia, un viaje al corazón de la escritura
“Algunos nacen con la biblioteca en la espalda. Yo no. En mi casa no se leía mucho, no era una casa muy interesada en la cultura.” Denis Fernández no dramatiza su infancia poco rodeada de libros, pero tampoco disimula. Su literatura nace de la intemperie, en el conurbano, más precisamente de Monte Chingolo, Lanús, y de un interés personal que lo llevó del periodismo a la literatura, del cine y el rock a la escritura. Y «Ese corazón, un desperdicio», su libro más reciente, es el mapa de esa búsqueda.
En menos de cien páginas, el autor nacido en 1986, compone un libro inclasificable. Publicado por Hexágono Editoras, “Ese corazón, un desperdicio”, es crónica, ensayo, autobiografía y ficción. Pero sobre todo, es una escritura que se interroga a sí misma, que se desarma y se rearma en cada texto, como si el protagonista -que se llama Denis, como el narrador- estuviera buscando una forma de narrar lo que no tiene forma: el duelo, la fuga, el deseo, la naturaleza, el cuerpo.
Los siete textos que forman parte del libro se desplazan por geografías reales e imaginarias. Las reales: San Javier, en Córdoba, Perú, Siberia, la cordillera chilena. Pero más que lugares, son estados de ánimo. “Aunque las cosas no estén ocurriendo en San Javier, yo estoy en San Javier escribiéndolas”, dice el autor en la entrevista con Lecton. Las sierras aparecen como refugio, y como base de operaciones desde donde se escribe.
“Yo venía narrando mucho sobre el conurbano, pero en algún momento sentí que se me agotó. Se me agotó un tema, un tópico. Y la naturaleza me empezó a seducir”, dice.

El libro está atravesado por esa fuga: de la ciudad al campo, del ruido al silencio, del cemento a los tábanos, los hongos, las cebras, incluso al rock y a Pity Álvarez. “Es un libro de crónicas de viaje también, porque en todos hay una especie de aventura que está ocurriendo”.
Pero no hay exotismo en ninguno de esos lugares: hay búsqueda, introspección, o una explicación detallada del uso de hongos como terapia. En ningún caso el paisaje se vuelve protagonista. Es más bien el telón de fondo de algún duelo personal, de una búsqueda, de un recuerdo que regresa. Su voz es disgresiva, lúcida, fragmentaria. Cada texto se mueve entre géneros y tonos, sin buscar unidad sino resonancia.
La escritura de Fernández nace del margen: del conurbano bonaerense, de una casa sin libros, de una formación autodidacta. Pero también del cine, de la lectura voraz. “Yo escribí un cuento porque leía cuentos y dije: un cuento tiene este formato.” Después, fue a talleres de escritura, sobre todo al de Vanolli, que fue su maestro.
Antes, Fernández se formó como periodista, trabajó en Ámbito Financiero y en Metrovías, donde escribía el newsletter para ocho mil trabajadores. “Creo que nunca tuve tantos lectores como en ese momento.” Su escritura arranca desde ahí, desde el oficio: “Cuando me siento a escribir, lo primero que pienso es cómo, dónde, cuándo. La regla básica que me enseñaron en periodismo. Después invento”, dice el también autor de “Las mil maravillas”, “Tucson, Arizona”, “Cero gauss”, “Monstruos geométricos”, y “Especie salvaje”.
«Ese corazón…» nació como libro de crónicas, pero se transformó en otra cosa. “Cuando me di cuenta que estaba escribiendo un híbrido, dije: listo, voy a ir por acá.” El texto sobre los hongos es el mejor ejemplo: mezcla investigación, experiencia personal y activismo. “Ese texto es de militancia también. Hay un universo que se está redescubriendo. Ahora, tengo más libros sobre hongos ahora que de ciencia ficción.”
La literatura del yo atraviesa el libro, pero no como confesión sino como juego. “Mi voz está con nombre y apellido. No me pongo en otros personajes. Narro desde la vivencia, pero también desde lo que fui leyendo”, dice. La muerte del padre, la figura de su hermana, el análisis, la separación: todo aparece, pero filtrado por la escritura. “Lo que quieran creer que es verdad, que lo crean. Y lo que no, no. Que lo lean como quieran.”
Además de la escritura -lleva cinco libros publicados- en 2016 creó una editorial, Marciana, que comenzó publicando libros de ciencia ficción, pero que ahora amplió sus márgenes. En sociedad con Manuel Álvarez, lanzaron “este año un libro de Susana Pampin, que es un diario sobre sus viajes al Delta”, y abrieron una colección de no ficción, con firmas como las de Ariana Harwicz (“El ruido de una época), Romina Paula (“Otra cosa es permanecer”), y Bárbara Pistoia (“Una guerra en paz”), entre otros.
Su próximo proyecto -dice- será un libro de viajes e investigación sobre culturas precolombinas y teorías extraterrestres. “Quiero escribir más como cronista que como escritor de literatura. Quiero ir en búsqueda de lugares sagrados relacionados con la llegada de los extraterrestres.”
“Algunos nacen con la biblioteca en la espalda. Yo no. En mi casa no se leía mucho, no era una casa muy interesada en la cultura.” Denis Fernández no dramatiza su infancia poco rodeada de libros, pero tampoco disimula. Su literatura nace de la intemperie, en el conurbano, más precisamente de Monte Chingolo, Lanús, y de un interés personal que lo llevó del periodismo a la literatura, del cine y el rock a la escritura. Y "Ese corazón, un desperdicio", su libro más reciente, es el mapa de esa búsqueda.
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