Más que redes: «Pantalla cruel», el libro escrito en Neuquén que muestra el lado oscuro de las plataformas

El especialista en comunicación Roberto Samar analiza cómo las plataformas digitales moldean vínculos, discursos y violencias, y advierte sobre el impacto del algoritmo, la burbuja informativa y el uso de pantallas en jóvenes.

Por Verónica Bonacchi

“Pantalla cruel. Redes, derechos, medios y violencias” se puede leer como un llamado a de atención sobre aquello a lo que tanto tiempo le destinamos. El especialista en Comunicación y Roberto Samar reúne en este volumen -publicado por Ediciones Doble Z- una serie de artículos escritos en distintos momentos, y los reorganiza en núcleos temáticos para darles nueva vida y circulación.


El resultado es un libro coral, de textos breves (varios en coautoría) que no se limita a describir el ecosistema digital, sino que lo problematiza desde una clave central, entendiendo que lo que se dice y se reproduce en medios y plataformas tiene consecuencias concretas sobre la vida.

Roberto Samar, en la librería Lecton, y su libro: Pantalla cruel (Foto: Cecilia Maletti)


Durante una entrevista con Lecton, Samar explica que el impulso de “ponerle palabras” a lo que indigna y preocupa fue también una forma de intervenir en un presente cargado de discursos discriminatorios, estigmatizantes que se naturalizan a fuerza de repetición. Desde su experiencia como docente y también como padre, pone especial atención en el impacto de las pantallas en niños y adolescentes, y advierte sobre las trampas de las plataformas: el filtro burbuja que invisibiliza al que piensa distinto, la ilusión de participar con un posteo y la maquinaria de diseño que captura atención y datos. Frente a ese panorama, propone no hablar de “redes sociales” sino de “plataformas digitales” con intereses económicos e ideológicos y volver a preguntarnos qué vínculos estamos construyendo cuando el encuentro real se reemplaza por el scroll infinito.


-Hay una distinción muy valiosa en el libro: la diferencia entre “red social” y “red digital”…

-Tomo una idea de Pablo Fernández, el periodista de Cartago. Lo invité a dar una charla sobre política, comunicación y política internacional, y en la presentación él hizo esa distinción. Me pareció profundamente acertada: cómo el concepto de “redes sociales” termina funcionando como un eufemismo, como una trampa porque muchas veces sentimos que ahí hay vinculación, pertenencia, reconocimiento, afecto: nos ponen corazones, tenemos “más de 3.500 amigos” en Facebook… y después en tu cumpleaños, te juntás con dos personas. Se construye una vinculación profundamente superficial. Las verdaderas redes sociales son otras: el club de barrio, la biblioteca popular, los espacios que tenemos de encuentro.


-¿Qué implica nombrarlas como plataformas digitales?

-Que tienen intereses ideológicos, porque han censurado voces, estigmatizado periodistas, potenciado determinados discursos. Y tienen un modelo de negocios: lo que buscan es que estemos conectados con la mayor cantidad de gente, por la mayor cantidad de tiempo posible. Y tienen estrategias para que estemos atrapados ahí. Estrategias en el sentido de capturar información de nosotros para incidir en nuestras conductas: vendernos algo que no necesitamos, o incidir en nuestra forma de ver el mundo. Han incidido incluso en elecciones. Por eso me parece importante pensarlas como empresas con intereses ideológicos y económicos.

El libro, publicado por Ediciones doble Z (Foto: Cecilia Maletti).


-En el libro también aparece una idea que muchos intuimos pero no siempre terminamos de ver: esto de estar con los iguales y creer que esa es la diversidad del mundo. Como docente y como padre, ¿qué te preocupa de ese fenómeno?
-Muchas cosas. Por un lado, el “filtro burbuja”: las redes nos muestran contenido que coincide con nuestras perspectivas y el que piensa distinto se vuelve invisible. Y algo que me dijo Fabián Bergero, profesor de la Universidad Nacional del Comahue, en una entrevista, es que para producir conocimiento uno necesita del que piensa distinto. En ese intercambio se construye conocimiento. Cuando eso desaparece, se pierde complejidad. Hay estudios que señalan que cuando se juntan muchas personas que piensan de la misma manera, ese grupo tiende a polarizarse. Se pierden los matices, se polariza el punto de vista y muchas veces se termina armando un diagnóstico errado de lo que pasa, de la realidad.


-También mencionás otra idea: la “difusión narcotizante”.

-Sí, es una teoría vieja de la comunicación que plantea que confundimos estar informados con hacer algo al respecto. Cuando compartimos un mensaje que dice “salvemos a las ballenas”, las ballenas no se enteran y el barco pesquero tampoco. No transformamos la realidad: canalizamos la angustia. Y creemos que estamos transformando algo con ese posteo, pero la realidad se transforma cuando uno se involucra, cuando uno se organiza. Por supuesto que también las plataformas permitieron visibilizar luchas, como Ni Una Menos o situaciones de violencia institucional. Pero la realidad no se transformó por el hashtag: se transformó por las organizaciones feministas que se organizaron, que salieron a la calle, que fueron al Congreso, que armaron proyectos de ley.


-¿Cuánto creés que esta lógica favoreció el crecimiento de la derecha extrema?

-Hay una forma de comunicación que es breve, simple, con golpes de efecto, que apela a la indignación. Esa lógica está presente en la narrativa de Milei y está presente en la forma dominante de comunicar la política hoy. Hay una continuidad entre esa forma de comunicarse y la política actual. Uno puede pensar, por ejemplo, lo que plantea Byung-Chul Han sobre debates políticos de hace cien años: argumentaciones que duraban horas y respuestas que duraban horas. Hoy son debates de pocos caracteres, con chicana, provocación, buscando indignación. Y sobre eso se va construyendo política. En ese formato prosperan más lo que se explican rápido y apelan a lo emocional: “que se pudran todos en la cárcel”, “hay que matarlos a todos”, “el que mata tiene que morir”. Eso entra en pocos caracteres. En cambio, problematizar un modelo de seguridad democrática requiere más tiempo, más explicación, debate, escuchar al que está a favor, al que está en contra, al que opina algo que no me gusta. Entonces la lógica de la plataforma se traslada al debate público: superficialidad, golpe de efecto, indignación y emotividad.


-El libro también aborda violencias que se esconden detrás de algoritmos, generalizaciones y discursos de odio. ¿Qué te interesaba poner en foco?

-Planteo bastante el tema de la violencia en los medios de comunicación y en los discursos dominantes. Pensaba un ejemplo muy actual: ¿cuántas veces leemos titulares sobre “limpiavidrios” asociados a la violencia, con políticas públicas buscando correrlos? ¿Y cuántas veces escuchamos a una persona en situación de calle contar cuál es su realidad? No hay notas donde ese muchacho cuente qué le pasa, por qué está ahí, cuál es su historia. Las personas en situación de pobreza, cuando aparecen en medios, muchas veces aparecen habladas por otros y vinculadas a delito o policiales. Lo mismo con el pueblo mapuche o con migrantes de países limítrofes: según monitoreos de la Defensoría del Público, aparecen poco y cuando aparecen suelen estar asociados a temas judiciales o de violencia, y en general siempre hablados por otros.


-Hablamos al principio de “volver” a la verdadera red social real: encuentro, abrazo, bibliotecas, plazas. ¿Ves posible esa opción?
-Hay políticas públicas que se están pensando en esa línea. Se intenta limitar el uso de celulares en colegios. Y hay un libro que recomiendo mucho, “La generación ansiosa”, que plantea que desde 2010, con el smartphone, aumentaron problemas de salud mental y autolesiones en niños y adolescentes. Lo que está en crisis es la sociabilidad, los espacios de encuentro. Por eso es interesante problematizar el uso en la escuela, no solo en el aula: también en recreos, en espacios de encuentro. Creo que tenemos que revisarnos y buscar estrategias para desconectarnos y para construir otros espacios de vinculación.


“Pantalla cruel. Redes, derechos, medios y violencias” se puede leer como un llamado a de atención sobre aquello a lo que tanto tiempo le destinamos. El especialista en Comunicación y Roberto Samar reúne en este volumen -publicado por Ediciones Doble Z- una serie de artículos escritos en distintos momentos, y los reorganiza en núcleos temáticos para darles nueva vida y circulación.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios