Los 100 años del Palace

Testigo de la historia española, el imponente edificio ha albergado a personalidades de todas las épocas. Un recorrido por su pasado a un siglo de su creación.

Por Redacción

Si las paredes del Palace hablaran seguro saldría a la luz más de un secreto de la historia de España, pues este monumental edificio que alberga uno de los hoteles más distinguidos de Madrid cumplió 100 años de vida. A principios del siglo XX en Madrid tan sólo había un único hotel de lujo, el Ritz. La boda en 1906 del rey Alfonso XIII puso en evidencia la carencia de hospedaje de alta categoría cuando numerosas familias de la realeza europea se vieron obligadas a alojarse en palacetes y mansiones privadas. Fue ese monarca quien contactó al empresario belga Georges Marquet (propietario de otros hoteles de esta índole en Europa y también dueño del Ritz) para alentarlo a que construyeran otro hotel de gran lujo. Mientras el Ritz fue siempre el hotel de la aristocracia, el Palace, ubicado frente al edificio de las Cortes y con una de sus fachadas mirando a la emblemática y céntrica fuente de Neptuno, acogió a figuras del mundo de la política, las letras, la música, la pintura, el cine, el toreo o las altas finanzas. Fue además el primer gran edificio con una estructura de hormigón armado y el primer hotel de España con teléfono y cuarto de baño en cada una de sus 800 habitaciones. En aquellos tiempos el Ritz tenía teléfono, pero el baño era compartido por varias habitaciones. El estilo de la fachada forma parte de la corriente del eclecticismo urbano. Posee una composición clásica compuesta de: basamento, cuerpo, coronación. El basamento fue realizado con piedras y el cuerpo consta de ventanas que dan a las habitaciones de las cuatro primeras plantas del Hotel que van agrupadas en ejes verticales. Las aberturas del quinto piso se rematan en una especie de friso. Toda la arquitectura del hotel tuvo inspiración en hoteles parisinos de la época aunque además se apostó en él a nuevos modelos constructivos que fueron muy imitados posteriormente influenciando la arquitectura madrileña posterior. El impactante edificio contiene seis plantas además de otras tres en subterráneo donde se ubican las maquinarias e instalaciones de mantenimiento. En el Palace, y sobre todo en su concurrido y afamado bar, se respiraba ese cosmopolitismo al que el resto del país estuvo ajeno durante décadas, condenado al ostracismo político mientras se recuperaba de sus heridas tras la Guerra Civil y el régimen del Francisco Franco. Si se deja volar la imaginación en el salón central bajo la hermosa y gran cúpula de cristal, uno de los rincones favoritos del escritor argentino Jorge Luis Borges, casi se puede imaginar a Mata Hari descendiendo las elegantes escaleras que desembocan en el hall. “El hotel era más moderno que el Ritz y acogió a gente más bohemia. El Ritz ha sido más un hotel para la nobleza y el Palace ha sido el hotel de los artistas, los bohemios, los intelectuales, de la gente que se salía un poco del canon convencional de cada época. A veces digo: ‘Esto es surrealista’. Ves a un torero bajando a la plaza como El Juli o (Alejandro) Talavante, que siempre se aloja aquí, que se cruza en las escaleras con un jeque árabe ataviado con su túnica. Es un foto muy divertida”, explica García. De Benito Pérez Galdós a Alejandro Lerroux, pasando por Oskar Kokoshka, Buster Keaton, Carlos Gardel, Federico García Lorca, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Orson Welles, Glenn Ford y un sinfín de políticos y artistas han descansado mirando al imponente edificio del museo del Prado y con los árboles del parque del Retiro como telón de fondo. Salvador Dalí, siempre que pasaba por Madrid, se hospedaba allí junto a su esposa Gala, como también lo hizo a partir de los años 60 Jorge Luis Borges. Su viuda María Kodama, que sigue alojándose allí, cuenta que en una de sus visitas a la capital española coincidieron en el hotel con Mick Jagger, el cantante de los Rolling Stones. Entonces Borges ya apenas podía ver y el músico británico, al verlo, se le acercó y le dijo: “Maestro, le admiro mucho” y al pedirle un autógrafo, el escritor le preguntó quién era y tras presentarse, Borges le replicó que le gustaba mucho su música, porque su esposa María se la hacía escuchar con frecuencia. Los tiempos han cambiado y aunque ahora estamos en plena era “low cost”, en la que el lujo ya no es un distintivo como antes, sigue existiendo una clientela que busca la fascinación que evoca un establecimiento con tanto pasado.

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Por DPA y redacción central Fotos: DPA y westing palace madrid


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