“Los aviones del feudo”

Redacción

Por Redacción

Las noticias de los últimos días publicadas por distintos medios informaban que en forma simultánea algunos ministros del gobierno nacional habrían viajado a la localidad de Río Gallegos convocados para alguna gestión gubernamental utilizando, cada uno por separado, aviones del Estado, lo que evidencia un intolerable despilfarro. Lo notorio del hecho es que los ministros viajaron al sur y, en vez de coordinar para hacerlo en un solo vuelo, lo hicieron en forma individual. No se percataron del bochornoso procedimiento discrecional. A ello se sumó que los ministros de Economía y de Relaciones Exteriores alquilaron un avión con matrícula europea para viajar a Australia, donde se reunía el G20, en reemplazo de nuestra presidenta, que por razones de salud no podía asistir a ese importante evento multinacional. En este caso se trató de un avión suizo contratado, ante el riesgo de embargo judicial foráneo de nuestras naves aéreas soberanas, y que habría costado la friolera de 700.000 dólares –seguramente memorando el incidente de nuestra nave escuela–. En coincidencia con esta anécdota, la reina Máxima de Holanda se trasladó, para visitar a su padre enfermo, en un avión de línea, demostrando sensatez y moderación no obstante su investidura de primer nivel en un país ordenado. Nuestros funcionarios se desempeñan como si fueran poderosos jeques, luciendo su alta jerarquía funcional sin tener en cuenta que responden a un sistema donde impera una democracia “igualitaria”, según el relato oficial. Los derroches deberían ser inadmisibles en concordancia con ese pregón cotidiano de las autoridades gobernantes. Parecen dignatarios propios del Tercer Mundo, que se pavonean desplegando una fachada falsa e impropia de una Nación que lucha por superar múltiples problemas económicos relacionados justamente con la desacertada gestión. Son un pésimo ejemplo para los gobernados, a quienes exigen tributación hasta de los magros sueldos con el nombre de “ganancias”. Agregan cada vez un factor de fastidio que va colmando la paciencia y que se transforma, conscientemente o no, en agresividad ciudadana. La desconexión entre gobierno y gobernados es cada vez mayor y lo malo es que se repite como los ciclos inflacionarios. ¡Algo estamos haciendo mal los argentinos! Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén

Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén


Las noticias de los últimos días publicadas por distintos medios informaban que en forma simultánea algunos ministros del gobierno nacional habrían viajado a la localidad de Río Gallegos convocados para alguna gestión gubernamental utilizando, cada uno por separado, aviones del Estado, lo que evidencia un intolerable despilfarro. Lo notorio del hecho es que los ministros viajaron al sur y, en vez de coordinar para hacerlo en un solo vuelo, lo hicieron en forma individual. No se percataron del bochornoso procedimiento discrecional. A ello se sumó que los ministros de Economía y de Relaciones Exteriores alquilaron un avión con matrícula europea para viajar a Australia, donde se reunía el G20, en reemplazo de nuestra presidenta, que por razones de salud no podía asistir a ese importante evento multinacional. En este caso se trató de un avión suizo contratado, ante el riesgo de embargo judicial foráneo de nuestras naves aéreas soberanas, y que habría costado la friolera de 700.000 dólares –seguramente memorando el incidente de nuestra nave escuela–. En coincidencia con esta anécdota, la reina Máxima de Holanda se trasladó, para visitar a su padre enfermo, en un avión de línea, demostrando sensatez y moderación no obstante su investidura de primer nivel en un país ordenado. Nuestros funcionarios se desempeñan como si fueran poderosos jeques, luciendo su alta jerarquía funcional sin tener en cuenta que responden a un sistema donde impera una democracia “igualitaria”, según el relato oficial. Los derroches deberían ser inadmisibles en concordancia con ese pregón cotidiano de las autoridades gobernantes. Parecen dignatarios propios del Tercer Mundo, que se pavonean desplegando una fachada falsa e impropia de una Nación que lucha por superar múltiples problemas económicos relacionados justamente con la desacertada gestión. Son un pésimo ejemplo para los gobernados, a quienes exigen tributación hasta de los magros sueldos con el nombre de “ganancias”. Agregan cada vez un factor de fastidio que va colmando la paciencia y que se transforma, conscientemente o no, en agresividad ciudadana. La desconexión entre gobierno y gobernados es cada vez mayor y lo malo es que se repite como los ciclos inflacionarios. ¡Algo estamos haciendo mal los argentinos! Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén

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