Los mártires del 9 de enero



Panamá suma otro resentimiento, muy anterior a la invasión contra Noriega y a la siempre renovada diferencia entre los dos fuertes personalismos: torrijistas versus arnulfistas. Proviene de un hecho menor, que derivó en una de las jornadas más negras de la historia del país. Tal vez podría equipararse a nuestra “Noche de los lápices”, pero ocurrió en otro contexto, en una época de reivindicaciones nacionales, que lo acerca al grupo de jóvenes que por esos años subieron en un avión y aterrizaron en Malvinas

El 9 de enero de 1964, un hecho casual encendió la mecha del descontento que causaban la discriminación de los norteamericanos ubicados “tras la cerca”, sobre todo en las áreas urbanas, donde el vallado de la discordia corría a lo largo de calles muy transitadas, como es la avenida 4 de Julio. Frente al Instituto Nacional un grupo de estudiantes secundarios cruzó la calle decidido a plantar la bandera en la cima del cerro Ancón, ubicado dentro de la Zona del Canal. Atravesaron el alambrado y fueron reprimidos a balazos. Varios murieron. El hecho generó una rebelión generalizada. Según un documento oficial, 21 panameños murieron y 1.471 fueron heridos durante los sucesos callejeros ocurridos entre el 9 y el 11 de enero de 1964. De las víctimas, 13 murieron por heridas de balas estadounidenses o policiales, y otro ocho por el humo o a causa de quemaduras.

Hoy, en la cima del cerro flamea una inmensa bandera panameña, en homenaje a los mártires del 9 de enero. “La matanza motivó que el gobierno de Panamá adoptara por primera vez una posición firme frente a Estados Unidos y hasta cortara relaciones diplomáticas por un tiempo. Hubo un fuerte repudio internacional en la ONU y en la OEA y, en cierto modo, fue el comienzo de la lucha efectiva por recuperar el Canal”, cuenta Vielcka. (A.M.)


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