Minimizar el daño



análisis

HUGO GRIMALDI DyN

El pretexto que usó Daniel Reposo, de acusar a la “corporación” mediática de ser el gestor de su desventura, no puede ocultar un hecho incontrastable: su pliego no tenía los números necesarios para conseguir la aprobación y el gobierno estaba a punto de ser derrotado en el Senado. El paso al costado voluntario o el sacarse de encima tamaño lastre por parte del Ejecutivo estaba cantado y no importa quién lo decidió, sino que políticamente había que minimizar el daño. Igualmente, no fueron los medios gráficos, sino la transparencia de las cámaras de televisión las que mostraron cómo el postulante se ponía a sí mismo la soga al cuello, ya que su pedantería, su poca cintura, sus nervios y el hecho de no poder hilar más de dos frases juntas o el apuntador que lo acompañó las diez horas de examen frente a los senadores fueron los verdaderos artífices de su renuncia. En el trasfondo estuvieron las adscripciones partidarias casi fanatizadas hacia la Presidenta o hacia su amigo el vicepresidente Boudou, los escándalos del currículum o la poca experiencia en materia penal o aún su pobre performance como estudiante las que le dieron la letra inicial a la oposición en su conjunto, pero su pobreza conceptual fue determinante para torcer varios votos cruciales. Además, los senadores propios no sabían cómo hacer para defender la cuestión y su mejor argumento fue decir que la oposición le estaba tirando por elevación a la Presidenta. En este contexto, los argumentos de la renuncia de Reposo son meras excusas que buscan agradar al poder y son seguramente el último de los dislates que ha venido cometiendo el postulante impuesto por Boudou, quien no tuvo empacho en dejar que Cristina Fernández lo respaldara abiertamente unas horas antes del capítulo final. En su confusión, Reposo la puso dos veces en evidencia a la Presidenta: cuando aconsejada no se sabe por quién, postuló a tan pobre candidato y anoche, antes de la renuncia, cuando le dio su respaldo.


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