“Nadie pudo verlo”

Por Redacción

Cuando se dio cuenta, quedaba muy poco. Se ocultó otra vez, se cubrió con calma y saltó muy lejos, más allá de todo.

Nadie pudo verlo, porque ya no estaba.

Desplegó sus alas hacia los confines de viejas moradas.

Voló entre los cielos, cuidando el diamante que aún ocultaba.

Nadie pudo verlo, porque ya no estaba.

Y en la noche frágil, el viento susurra sobre la ventana, cuando se dio cuenta que poco quedaba, pero no importó porque ya no estaba.

Vuela sobre los confines, los del mismo sueño de viejas moradas.

Roberto Savasta

Roberto Savasta


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