Neuquén se quedó sin poesía: murió Irma Cuña, su máximo exponente
Su arte y su compromiso con los derechos humanos la ubican en un sitial único.
NEUQUEN (AN).- La poetisa neuquina Irma Cuña falleció ayer en esta ciudad donde anoche eran velados sus restos. Cuña, miembro de la Academia Argentina de Letras, sufría graves problemas neurológicos y en los últimos tres meses padeció por lo menos tres infartos cerebrales.
La poeta era una de máximas expresiones de la literatura patagónica; su pluma y su compromiso con los derechos de la mujer y los derechos humanos la ubican en un lugar único, difícilmente igualable.
Sus restos eran velados anoche en una sala de la empresa Diniello, en Nordeströ 240. Allí fue depositado su cuerpo poco después de las cinco de la tarde, en la más absoluta soledad mientras el centro de la ciudad hervía de festejos futbolísticos.
La poeta, ciudadana ilustre de esta ciudad, murió en su cama en la que pasó buena parte de los últimos meses. La muerte, que se produjo poco antes del mediodía, no sorprendió a su círculo cercano aunque resultó un golpe durísimo a quienes la conocieron y a quienes admiraron su vasta obra.
La facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue (UNC) decretó asueto por duelo para hoy. Irma Cuña, que se desempeñó como docente en esa facultad, estaba a punto de ser designada profesora consulta.
«Quizás ahora encontró un poco de alivio», afirmó ayer por la tarde el subsecretario de Cultura de municipalidad de Neuquén, Oscar Smoljan.
«Estoy muy conmovido por todo lo que significan ella y su obra. En los últimos tres años fuimos compañeros de trabajo, pudimos estar cerca de ella y nutrirnos de su capacidad; ésta no es una pérdida para Neuquén, es una pérdida para la cultura de todo el país», agregó el funcionario, quien promovió la declaración de ciudadana ilustre. Smoljan contó que Cuña, en diciembre, le dedicó un poema. El mismo dice «Angeles inquietos vuelan en torno a mí, no les temo, pero me inquietan», citó Smoljan. Anoche, sus hijas -que viven en Buenos Aires y llegaron a última hora- iban a definir si el cuerpo será sepultado o irá a cremación, tal era la voluntad de la poetisa.
En los últimos años, Neuquén perdió a tres de sus máximas expresiones poéticas: Milton Aguilar, Marcelo Berbel y ahora Cuña.
La profesora en Letras era viuda de Enrique Silberstein, escritor y periodista especializado en temas económicos. Ambos debieron exiliarse en México en 1975 por amenazas de la Triple A
En octubre de 1999 fue designada como miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras, y fue la primera representante patagónica en esa institución. Im
pulsó su designación el poeta Antonio Requeni, también académico, y accedió al sillón de mano de la entonces presidenta de la Academia, la lingüista Ofelia Kovacci.
Irma Cuña nació en esta ciudad el 2 de septiembre de 1932, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Luego se inscribió en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, donde obtuvo el título de profesora en letras. Allí fue discípula del ensayista Ezequiel Martínez Estrada, cuyo influjo perduró mucho tiempo en su escritura.
En 1959 ganó una beca para estudiar en el Collège de France de París, donde recibió su doctorado en letras españolas con una tesis sobre Marcel Bataillon.
Fue docente secundaria y terciaria, y realizó trabajos de investigación en filología, que alternó con la búsqueda en poéticas y textos primitivos.
Desde 1990 se dedicó a estudiar el pensamiento utópico latinoamericano, sobre el cual publicó varios volúmenes: «América Latina, utopía o realidad»; «Latinoamérica, utopía latente»; «América Latina, la utopía como síntoma»; «Utopía musical en Daniel Moyano»; «Identidad y utopía, dos grandes sombras en Latinoamérica».
Fue investigadora del Conicet, residió cuatro años en México en la década de 1960, donde continuó el desarrollo de su obra. Otros títulos de su producción teórica: «Inmortalidad y ausencia de Pedro de Urdemales» -tesis doctoral en letras-; «Símbolos de Don Segundo Sombra»; «La muerte en el árbol»; «El mito de Narciso en la poesía de García Lorca». En poesía publicó «Neuquina», en 1956; «El riesgo y el olvido», 1962; «El extraño», 1964; «Cuando la voz cae», 1963; «Menos plenilunio», 1964, «Maneras de morir», 1974, «El riesgo del olvido» y «Poesía junta» (recopilación) y «El príncipe».
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