Objetos de diseño
Los viejos radiadores que afeaban los ambientes y solían ocultarse han quedado en el olvido. Una moda que nació en Europa.
tendencia
Los radiadores de la calefacción solían ser una parte necesaria del mobiliario, pero desde luego nada atractiva. Una moda durante muchos años fue de hecho esconderlos detrás de armazones de madera. Eso ha cambiado: hoy en días los diseñadores los han convertido en objetos bellos, como una pintura en la pared o un pequeño vestidor con ganchos y un espejo. Estas nuevas calefacciones son como obras de arte. El fabricante Beem ofrece modelos que se parecen mucho a una pintura y que ubicados entre el sofá y la mesa auxiliar en la sala de estar no parecen en absoluto una fuente de calor. Por su parte, los diseños de la empresa Kermis tienen estantes para dejar las llaves, ganchos para perchas y una lámpara, muy útiles en los recibidores o en el baño. Otras propuestas tienen forma de red o de rejas – como los de Zehnder – y sirven para separar zonas en las habitaciones. Y también hay otros más tradicionales, como los toalleros habituales en los baños, pero de colores originales, como rojo. Las formas más modernas se adaptan sobre todo a los baños, donde comenzó hace años la primera revolución, transformando las estufas en toalleros perfectos para secar la ropa. Los fabricantes ofrecen en este terreno todo lo imaginable: largo, número, posición y formas distintas de los tubos. Quien quiera instalar estos modelos para los sistemas de calefacción con agua caliente tiene que asegurarse primero de que la instalación esté hecha. Más flexibilidad ofrecen los diseños eléctricos, que se puede instalar sin mayores dificultades. El problema de estos últimos es el consumo, señala Hans Weinreuter, de la asociación de consumidores de Renania-Palatinado, en Maguncia. Aunque los fabricantes insistan en el ahorro de los nuevos aparatos eléctricos, Weinreuter destaca que siguen siendo entre tres y cuatro veces más caros que la calefacción por gas. Por eso, el menor coste de instalación no compensa el consumo posterior. Para calentar un ambiente hay que estudiar el rendimiento necesario de la estufa. Aunque ya se tenga una instalada y se conozca el tamaño requerido, Weinreuter recomienda no tomarlo sin más, sin hacer nuevas comprobaciones. “O bien se instaló sin hacer ningún estudio, o se añadió un margen innecesario de seguridad. O desde entonces se han hecho reformas en la casa y puede que ahora la necesidad energética sea menor”, indica. Es posible que la estufa de diseño con la potencia adecuada sea demasiado grande para el espacio disponible en la habitación. Una estufa antigua puede tener un mayor rendimiento que un toallero del mismo tamaño en el baño, señala Matthias Wagnitz, miembro de una asociación especializada en calefacción y aire acondicionado. En caso de necesidad, habrá que colocar una segunda estufa. “El calor se reparte de dos maneras por el espacio: se emite a la habitación y se distribuye con la circulación del aire. Según el diseño hay diferentes combinaciones de ambos procesos”, explica Weinreuter, que recomienda informarse antes de la compra. Los alérgicos también tienen que tener en cuenta que en las estufas se acumula polvo. Un diseño más sencillo y sin recovecos será más fácil de limpiar, así como las superficies lacadas. (DPA)
Hoy la estética se suma a la funcionalidad y en este baño, de un blanco inmaculado, la fuente de calor aporta el toque contrastante de su color.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora