Obras en construcción

Por Redacción

Mientras que en otros países democráticos las elecciones generales brindan a los votantes una oportunidad para optar entre programas de gobierno distintos, aquí las diferencias, si las hay, entre los presuntamente propuestos por los candidatos mejor ubicados –Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa– son lo de menos. Todos especulan con variantes apenas perceptibles de “cambio” y “continuidad”, modificando su preferencia por una hipotética alternativa u otra según lo que les dicen las encuestas de opinión acerca del estado de ánimo de la ciudadanía. Así, pues, al aproximarse las PASO nacionales que ayudarán a despejar el panorama confuso frente al electorado, los tres están procurando convencerlo de que serán capaces de improvisar una coalición que sea lo bastante coherente como para asegurar la gobernabilidad y, en menor medida, que lograrán mantener a raya a los políticos profesionales considerados impresentables que siempre consiguen encontrar un lugar en las filas del oficialismo de turno. No les está resultando fácil. Scioli quiere contar con el aval de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el dinero público que maneja a discreción sin rendir cuentas a nadie, de ahí sus manifestaciones recientes de fervor kirchnerista, pero sabrá que no le convendría permitirle obligarlo a dejarse acompañar por una multitud de militantes de La Cámpora. Macri se ve debilitado por el temor a que, en el caso de triunfar en las elecciones presidenciales, carecería de apoyo parlamentario, puesto que el Pro aún no se ha consolidado fuera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En cuanto a Massa, parecería que en esta ocasión sus aspiraciones se verán frustradas al polarizarse el electorado entre el gobernador bonaerense y el jefe del gobierno porteño. Tal y como están las cosas, él también tendrá que acercarse a uno de los dos. Aunque parecería que en el fondo el tigrense tiene más en común con Scioli, siente tanta hostilidad por Cristina que lo más probable es que decida pactar con Macri. Algunos estrategas macristas quieren que Massa se postule para la gobernación de la provincia de Buenos Aires, lo que sería una mala noticia para Francisco de Narváez y, desde luego, para la precandidata inicial del Pro a gobernadora del distrito más poblado del país, María Eugenia Vidal, la que a pesar de sus esfuerzos aún no ha sabido abrirse camino. De las dos coaliciones que están construyéndose, la que –es de suponer– liderará Scioli es la más compacta por basarse en el poder que le ha dado al kirchnerismo el control del sector público, lo que no necesariamente constituye una ventaja, ya que hasta el día de las elecciones persistirán dudas en torno a la independencia real del candidato presidencial. Puede que hasta ahora Scioli se haya visto beneficiado por los gestos de lealtad eterna hacia Cristina, pero existe el riesgo de que, en cualquier momento, la mayoría comience a tomarlos por evidencia de un grado inaceptable de servilismo. Aunque Macri mismo parece reacio a aprovechar el flanco débil así supuesto, sus eventuales aliados peronistas no vacilarían en atacar personalmente a Scioli, mofándose de su voluntad de subordinarse mansamente a una presidenta que siempre lo ha tratado con desprecio y señalando que un hombre a su juicio tan abyecto no estaría en condiciones de gobernar la Argentina. Es posible que, al entrar la campaña en su fase final, Scioli procure alejarse de Cristina, pero una decisión en tal sentido lo expondría a acusaciones de oportunismo, cuando no de “traición”. A diferencia de Macri, que aún no ha acumulado deudas políticas onerosas y por lo tanto se siente libre para crear su propio movimiento, Scioli se ve constreñido por las circunstancias en las que se encuentra a maniobrar entre dos electorados: el conformado por las decenas de millones de personas que votarán, por un lado, y el de Cristina y los dos o tres integrantes de su entorno a cuyos consejos se digna prestar atención, por el otro. Si tiene suerte, logrará conservar el apoyo de ambos, pero de exigirle demasiado la presidenta, podría perder no sólo el apoyo nada entusiasta que le está dando sino también la aprobación de los muchos que lo creen capaz de impedir que los años próximos resulten ser tan traumáticos como los que siguieron al colapso de la convertibilidad.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Martes 19 de mayo de 2015


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