Opinión: Boca, el superávit no juega



Del ataque ciego a la defensa extrema. Del 4-3-3 al 4-5-1. De Guillermo Barros Schelotto a Gustavo Alfaro. Así, sin escalas. La directiva de Boca, que saca pecho por el superávit del club, no tiene un rumbo definido en sus decisiones deportivas.

Este desconcierto de extremos no hace más que agravar la crisis de identidad futbolística que Boca sufre desde que se retiró su máximo ídolo: Juan Román Riquelme. La sola presencia del 10 obligaba a los entrenadores a jugar con un enganche clásico. Hasta un técnico conservador como Julio César Falcioni tuvo que adaptarse a él. Cuando no lo hizo, la gente pidió que volviera Bianchi. Antes, sin Riquelme, tanto Alfio Basile (2005-2006) como Miguel Ángel Russo (en el segundo semestre de 2007) apostaron por un juego ofensivo pero ordenado.

Más allá del número telefónico (4-3-1-2) lo efectivo de ese estilo es su simpleza. No requiere grandes improvisaciones, no exige un recorrido de tantos metros a los jugadores y con un plantel balanceado se puede aplicar.
La ‘‘tercera posición’’ resulta necesaria para darle impronta consistente a un equipo que hace tiempo no la tiene.

Más allá de los matices, si hay algo que a Boca no le falta es materia prima para desarrollar un fútbol confiable. El punto de todo esto es lo conceptual: ¿Por qué se elige un técnico?
Gustavo Alfaro llegó por los buenos resultados que había sacado en Huracán con un estilo muy austero donde medía el gasto de cada peso. Puede servir para un equipo que pelea por no descender y llevarlo a un quinto puesto de Superliga. Pero quedó en evidencia que con eso no alcanza para ganar la Copa Libertadores. Cabe mencionar que la otra opción de esta dirigencia era Antonio Mohamed, el mismo que agarró el Globo que dejó Alfaro y lo estrelló contra un paredón.

Pero para ser entrenador de Boca y generar lo que hace tanto tiempo no se ve en el club de la Ribera se necesita otra ambición. Todo es importante en la construcción de un equipo. Lo táctico, la conformación del plantel, la motivación y hasta la forma de declarar. Boca es una gran estructura que brinda herramientas y demanda resultados en la misma medida.

Hay algunos casos que ejemplifican el flojo manejo. El entrenador declaró que Carlos Tevez era la bandera del equipo pero nunca le dio continuidad. Cuando Mauro Zárate rendía, tardó mucho tiempo en considerarlo titular y, cuando lo hizo, el jugador bajó el nivel.

Mostró la hilacha con Franco Soldano, delantero de área, como volante derecho. Lo hizo de visitante, en el Monumental y dos veces consecutivas. Al ex Unión lo prendió fuego y al equipo le limitó sus posibilidades. Desde los números hay argumentos para defender la gestión de Alfaro. En cuanto a lo futbolístico ha dejado bastante que desear y la eliminación a manos de River lo dejó expuesto.

Guillermo jugaba a atacar, aunque nunca se supo cómo. Alfaro jugó a defenderse y muchas veces costó entender por qué.

La incertidumbre de un año electoral en el club (y en la nación) genera un mar de dudas sobre el futuro del DT y del director deportivo Nicolás Burdisso. La influencia del macrismo es muy grande y Gribaudo intentará darle continuidad a la gestión de Daniel Angelici, quien llegó a la presidencia con un equipo campeón y el máximo rival en la B. Se va sin títulos internacionales y cinco duelos directos perdidos contra River en forma consecutiva.


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