Educación femenina: breves antecedentes


Una vasta y sólida instrucción femenina es tan útil como necesaria para la dignidad, el desarrollo, el respeto, la autonomía y el progreso de la mujer.


Un 12 de abril de 1823, por iniciativa de Bernardino Rivadavia, ministro de gobierno de Buenos Aires en la gobernación de Martin Rodríguez, se creaba institucionalmente la Sociedad de Damas de Beneficencia, emparentada con lo que hoy conocemos como asociaciones mutuales o de socorros mutuos (De subventione pauperum).

Fomentar la educación femenina y garantizar la organización de establecimientos apropiados, fueron sus objetivos determinantes, asignándole a la mujer un rol relevante en la misión educativa, rol omitido y descuidado por entonces.

La Sociedad de Beneficencia funcionó como tal hasta septiembre de 1946, cuando el presidente Juan Domingo Perón ordenó su intervención poniendo a su partidario Armando Pérez de San Martín, al frente de la misma.

Un dato no menor o meollo de la cuestión, fue que el presidente Juan Perón, montó en cólera cuando se vetó el nombramiento de la entonces primera dama argentina, María Eva Duarte como “presidenta de honor”. Fundamento de veto tal, fue precisamente la juventud de “Evita” entre otras inhabilitaciones.

Desde entonces, incipientemente, embrionarios populismos comenzaron a “influir” con clientelismos como método político que ya había empleado el general Perón en otras reparticiones públicas.

Consecuentemente, las funciones de la Sociedad de las Damas de Beneficencia fueron loteadas en secretarías que se publicitaban como logros de su esposa Eva Duarte de Perón. Obviamente, la Sociedad de Beneficencia dejó de existir un año más tarde cuando paradójicamente y en su reemplazo, se materializó la idea de la Fundación Eva Perón.

Ahora bien, desde sus prolegómenos la gestión de dicha sociedad de beneficencia, estuvo en manos de mujeres las que debían encargarse, -además de otros objetivos y propósitos-, de la educación de las niñas en una ciudad como la de Buenos Aires que, hasta ese momento, no contaba con escuelas para ellas.

A partir del surgimiento europeo del “socorro público” (Siglo XV), se combinaron el ideal solidario de humanismo cristiano con las necesidades de control social y las de atemperar pobrezas, propias de una incipiente sociedad burguesa y capitalista, sin responsabilidad social.

Pero si de humanismo cristiano femenino se tratara, como nadie entre nosotros, el cura José Gabriel del Rosario Brochero (1840/1914), santo pastor de traslasierras, sin especulaciones ni politiquerías, desde el inicio de su curato o ministerio se ocupó personal y abnegadamente por la educación femenina y la promoción de la mujer.

Lo hizo en cada recomendación educativa a jovencitas de las serranías o en las ruralidades, logrando para ello la construcción de una escuela para niñas, espacioso edificio (hoy como histórico Museo Brocheriano funciona en la primitiva Casa de Ejercicios Espirituales construida por el Cura Brochero en 1877, edificio declarado Monumento Histórico Nacional el 9 de Mayo de 1974) destinado a colegio interno en dónde se proporcionaba una vasta y sólida instrucción femenina, tan útil y necesaria para la dignidad, el desarrollo, el respeto, la autonomía y el progreso de la mujer en el interior alto del interior.

Finalmente, ¿cómo no imitar y replicar a Brochero´ ante una política educativa extraviada sin novedad?, con escuelas del siglo XIX, docentes del siglo XX y alumnos del siglo XXI; con indignos salarios de hambre dónde aún los gobernantes se afanan por recuperar días de clases (cuantitativo) antes que actualizar y rescatar contenidos (cualitativo); todo ello sin valorar y equipar apropiadamente a sus maestros, alumnos, aulas y no docentes, ante el desmantelamiento, politización y corrupción del Estado del bienestar argentino y sus derechos de ciudadanía como el de la educación, no solamente femenina.

Por último, basta de alteraciones estadísticas o fiestas de egresados, sólo con jóvenes analfabetos funcionales.

*Experto Coneau en cooperativismo.


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