El modelo “Mike”: referente de las políticas energéticas globales
Mientras se aleja del país asiático y renuncia a toda obra e inversión pública fundamental de cualquier Estado de derecho, avanza con un proyecto (chino) que se encuentra en abandono y en ruinas.

El modelo energético argentino, nacional, es un modelo “Mike”. Así, con lemas cortos y preferiblemente anglosajones, que suenan serios. El nombre del modelo podría deberse a algún alto cargo de la administración Trump. Por ejemplo, Mike Pence, vicepresidente de los Estados Unidos (de entre México y Canadá, que también son América) entre 2017 y 2021. O Mike Pompeo, director de la CIA y secretario de Estado en el mismo periodo.
Pero no, el “modelo Mike” al que me refiero es el de Mike de Fruita, Colorado. Popularmente: Mike el pollo sin cabeza, que entre 1945 y 1947 vivió 18 meses en ese Estado. Bueno, en ambos estados, el de Colorado y el acéfalo.
Ciertamente es sorprendente y milagroso que sobreviviera tanto tiempo sin cabeza, pero al igual que el modelo energético argentino, está visto que es posible. Y si uno lo piensa seriamente, es muy posible que el modelo Mike haya sido aplicado ampliamente también fuera de las fronteras de nuestro país, y no sólo en aspectos energéticos, sino también en muchos otros, pero evidentemente no podemos tratar aquí de cuestiones tan amplias.
Me restringiré a dos aspectos fundamentales de la industria energética en Patagonia que vengo estudiando desde hace años: Vaca Muerta y las represas en el río Santa Cruz. Hay ciertas novedades que, más allá de su trascendencia intrínseca por absorber ingentes cantidades de dinero público y privado y ser ejes de la economía del país, hacen que hoy valga la pena hablar de estos proyectos.
Vaca Muerta
Según los datos recientemente conocidos de la empresa noruega Rystad, consagrada empresa independiente de inteligencia de negocio y consultoría especializada en el sector del petróleo y el gas, Vaca Muerta es el único proyecto de grandes magnitudes de este sector que ha experimentado un crecimiento exponencial entre 2020 y 2025: ha incrementado en un 140% sus proyecciones de explotación. Se trata del único proyecto con tales características entre una lista de 225 a escala mundial. Si estuviéramos en Japón, en Canadá o en Suiza quizás podríamos considerar que se trata de un modelo de negocio puntero de orden global, pero en la Argentina contemporánea más bien parece una alarma de emergencia antes de que se hunda el barco. No parece seguro estar avanzando a toda velocidad por la autopista del petróleo y el gas en la dirección contraria a la del resto de la industria. Seguro algunas voces dedicarán palabras al empleo y el crecimiento económico, pero por sentido común no hallarán la mía entre ellas.
Represas en el Río Santa Cruz
El Gobierno Nacional recibió en octubre un préstamo de 20 mil millones de dólares por parte de Estados Unidos (de entre México y Canadá) mientras el secretario del Tesoro de ese país decía que existe un “compromiso de sacar a China” de Argentina. Si bien más tarde se desdijo, lo cierto es que este préstamo permite al Gobierno, al menos por el momento, dialogar de otro modo con China y, por ejemplo, abandonar importantes proyectos como el del Radiotelescopio Argentino-Chino en San Juan.
Pero sorprendentemente (o no, de acuerdo al modelo Mike), este mismo Gobierno Nacional firmó en junio de este año un acuerdo con China para seguir adelante con la mayor obra pública del país de los últimos treinta años: las represas en el río Santa Cruz (financiadas por China). Mientras se aleja del país asiático y renuncia a toda obra e inversión pública fundamental de cualquier Estado de derecho, avanza con un proyecto (chino) que se encuentra en abandono y en ruinas desde hace tres años, que ya ha costado más de mil millones de dólares – tanto como el gasoducto VMoS (Vaca Muerta Oil Sur) –, y que aún costará cinco veces más como mínimo.
Y todo ello sin que aporte ningún beneficio a la matriz energética del país, incrementando el endeudamiento y generando un impacto ambiental irreparable debido a las gigantescas proporciones de la obra y la alteración definitiva del ecosistema del río Santa Cruz y su cuenca.
Si la intención de las últimas elecciones fue cortar una cabeza que no funcionaba, habría que ir pensando en reemplazarla por otra, porque el modelo Mike sólo puede aspirar a 18 meses de supervivencia.
* Geógrafo e ingeniero en cartografía y geodesia. Dr. en Ingeniería. Investigador asistente del CONICET. Fundador del Observatorio de Sismicidad Inducida.

El modelo energético argentino, nacional, es un modelo “Mike”. Así, con lemas cortos y preferiblemente anglosajones, que suenan serios. El nombre del modelo podría deberse a algún alto cargo de la administración Trump. Por ejemplo, Mike Pence, vicepresidente de los Estados Unidos (de entre México y Canadá, que también son América) entre 2017 y 2021. O Mike Pompeo, director de la CIA y secretario de Estado en el mismo periodo.
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