El resentimiento sin procesar amenaza a una democracia tutelada por jueces

Las elecciones parecen dominadas más por un registro emocional y reactivo que por uno racional. Los amigos judiciales de la democracia favorecen la vuelta de Bolsonaro.

Por Lucas Arrimada*

“Jael y Sísara”, Artemisia Gentileschi, 1620.

Una derecha con ambición imperial.

1. El resentimiento no se cura con dinero.

Ya hemos escrito sobre las políticas del resentimiento, sobre cómo en la política y en la comunicación se construyeron estrategias de fragmentación identitaria que generan traumas sociales y revanchas electorales. Una de las características de ese resentimiento político es que no se procesa públicamente. Se traduce a votos en el cuarto oscuro.

La oposición a Milei lleva tres años paralizada y negada a escuchar. No quiere atender a la sociedad rota y se niega a reparar lo que rompió. Mientras el Gobierno lleva adelante un plan de acción que no tuvo frenos, logró privatizaciones, reformas legales y hasta una claudicación sorprendente en los acuerdos judiciales. El oficialismo avanza y transforma. La oposición abandona su rol y, más importante, a la sociedad. No está interesada en entender porqué Milei puede reelegir después de exponer a la sociedad a una cirugía sin anestecia.

El miedo y las pasiones autolesivas seguirán creciendo. Las guerras demenciales y una economía global que no derrama traerán más populismos de emociones negativas.

Las elecciones pasadas de Chile, Perú, Colombia y Alemania; las que vienen en Brasil y EE.UU parecen dominadas por un registro más emocional y vengativo que racional. Efectos de la polarización que puede acelerar procesos autocráticos en sociedades que piden orden y fronteras. También pueden traer negación de resultados, judicialización de elecciones y más inestabilidad.

Fue Hillary Clinton en la revista The Atlantic en agosto de 2023 la que señaló que se iba a instrumentalizar la soledad que cruza en las sociedades. En Septiembre del 2023, antes de la primera vuelta, citamos este texto junto a los de Haidt y Reeves para explicar cómo ciertas prácticas de políticas de miedo y humillación realizadas en todo el territorio nacional iban a traducirse en votos a Milei. Nuestras estimaciones fueron confirmadas por los resultados.


Brasil tiene tendencias parecidas pero particularidades religiosas, históricas y federales. ¿A quién votarán los jóvenes y varones? ¿Qué dificultades tiene Lula con ellos? ¿Por qué Bolsonaro apeló a su mujer e hija en la campaña? ¿Cómo afectarán las políticas de identidad y las guerras culturales en el balotaje? El escenario es tan complejo como abierto. El resultado de mañana parece más importante que el balotaje porque los candidatos presidenciales son trece pero los dos principales se disputan un caudal del 85 por ciento.


Las dos operaciones contra Bolsonaro y Lula de esta semana confirman el registro irracional. Fueron pánicos cancelatorios con políticas de miedo. Buscan la construcción de Estados de excepción social e íntimo, atacar la confianza, reforzar la soledad y la atomización rencorosa.

Las economías de Brasil, España y México están sólidas y sus gobiernos mantienen un Estado que en el mundo está en crisis, entre despidos y desregulación. Sin embargo, estos gobiernos parecen no atender ni contener las ansiedades y miedos que crecen. Esos malestares son el combustible de las derechas.

2. Bienestar económico y tutela judicial

La economía de Brasil está fuerte, el Estado presente y su gobierno tuvo iniciativas destacables. A pesar de eso, el rechazo a Lula, a un bloque de poder que se ve asociado al Gobierno, no cede. El resentimiento no se licúa con una buena economía. Ni en Brasil ni en el mundo. Biden la tuvo y Trump ganó igual. Dañar al oficialismo, sacarlo, incluso a costa de autodañarse, es la emoción más intensa. Revanchismo electoral.

El giro hacia la derecha no es solo electoral, sino transforma, privatiza, radicaliza, se expande. Un Bolsonaro recargado podría tomar iniciativas de Trump, Bukele y Milei en áreas con capacidad de destrucción nacional y estatal. A nivel internacional, la consolidación de una ultraderecha con ambición imperial, mesiánica y disruptiva debería encender las últimas alarmas.

El Supremo Tribunal Federal de Brasilia hace tiempo está asociado al bloque oficial. La condena de Jair Bolsonaro y varias decisiones conexas reforzaron esa imagen. Los múltiples escándalos recientes de sus “jueces estrellas” perjudican a Lula. Una democracia que tiene como amigos íntimos a los jueces supremos -y no a la sociedad- no necesita enemigos. Y en este caso dramático, los tiene creciendo, amenazando a su pueblo y a toda la región.

* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.


“Jael y Sísara”, Artemisia Gentileschi, 1620.

Una derecha con ambición imperial.

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