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El triunfo de la antipolítica

Sobre política de Estado y gobierno Milei es tan ignorante como sobre física nuclear. Pero eso no le importa porque él no quiere gobernar: quiere conseguir likes. Quiere ser aplaudido en las redes sociales.

La biblioteca política ha sido superada: no hay libros que permitan explicar el gobierno de Javier Milei. No porque la revolución que Milei propone sea de tal magnitud que nadie la haya pensado, sino porque nada de lo que el Presidente de los argentinos hace tiene nada que ver con la política. Es el primer presidente elegido democráticamente en la historia universal que no quiere gobernar. El único interés de Javier Milei es conseguir likes en Instagram y favs en Twitter. Milei no es un político sino un influencer que usa el lugar político que logró en la elección de noviembre pasado para posicionarse mejor en las redes sociales.

Hace unos 15 años que los que estudian las tendencias culturales y políticas vienen detectando que una parte considerable de la población de las democracias están hartos de las formas políticas tradicionales y apuestan a candidatos que les dicen que van a terminar con el sistema. Donald Trump, Jair Bolsonaro y la ultraderecha holandesa son parte de ese movimiento que encumbra a políticos que prometen acabar con la política (tradicional).

Pongo entre paréntesis la aclaración “tradicional” porque tanto Bolsonaro como Trump (y la ultraderecha holandesa o la italiana Meloni o el partido español Vox) más que terminar con la política quieren terminar con una forma progresista de hacer política: un progresismo que comenzó avalando la ampliación de nuevos derechos y ha terminado cazando brujas por decir un chiste “incorrecto”. Y todo eso mientras la desigualdad económica y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios condena a los menos privilegiados a vivir cada vez peor.

Pero ni Vox ni la ultraderecha holandesa, y menos aún Bolsonaro o Trump (a pesar de las formas disruptivas de su política) eran realmente militantes antipolíticos. En realidad son conservadores o reaccionarios que quieren imponer una política de derecha (desde una derecha conservadora a una extrema derecha, rozando el fascismo o el nazismo).

No es que quieren terminar con las formas políticas, sino que quieren terminar con el predominio de la izquierda y los partidos socialdemócratas e instalar una política reaccionaria.

Milei también es espiritual e ideológicamente reaccionario: quiere volver el mundo atrás. Como todos los reaccionarios ve el ideal al que quiere dirigirse en el pasado: quiere revivir el siglo XIX.

Quiere borrar el siglo XX y su legado de luchas por los derechos de los oprimidos. Todo eso (desde Martin Luther King a Mahatma Gandhi, del sufragio femenino al fin de la discriminación racial, incluyendo los derechos de los trabajadores a tener vacaciones y aguinaldo) le parece un invento comunista para destruir el paraíso que fue, para su forma de ver el mundo, el siglo XIX.

Pero la lucha de Milei no es política. No quiere instaurar un gobierno reaccionario (aunque todo lo que hace va en ese sentido). Quiere que no haya gobierno. No solo está en contra de la existencia del Estado -salvo para usar las fuerzas de seguridad para reprimir a los que protestan: su liberalismo es muy extraño, ya que no tolera que haya alguien que piense distinto que él-, está en contra de que el gobierno gobierne: es decir, planifique, gestione, solucione problemas, proponga planes.

Yo pensé durante el primer mes de Milei que no sabía gobernar. No sabe. No tiene la menor idea. Sobre política de Estado y gobierno Milei es tan ignorante como sobre física nuclear.

Pero eso no le importa porque (lo descubrí muy recientemente) él no quiere gobernar: quiere conseguir likes. Quiere ser aplaudido en las redes sociales. Quiere ser aplaudido. Va a Israel a bailar al Muro de los Lamentos. En todos lados va con su equipo de producción de imágenes trabajadas por inteligencia artificial para hacer que su cuerpo (rechoncho, avejentado, con papada y arrugas) parezca el de un personaje de historieta. Se sueña un héroe de un comic de Marvel, como Batman o Flash.

Toda la energía de su gobierno está puesta en producir eventos que puedan verse en Instagram. Va a Mar del Plata a besar al estilo de los videos de PornHub a Fátima Flórez sobre el escenario en el que ella hace un espectáculo de imitaciones. Hay en esa obra virtual que interpreta todo el tiempo Milei una metáfora de su gobierno: hace como que besa, hace como que gobierna, hace como que es un superhéroe, hace como que es flaco, lindo y sin papada.

Somos el primer país que tiene un gobernante que no gobierna. No es que gobierne mal o bien. No quiere gobernar. Solo quiere instagramear.

Para eso, por el papel que eligió representar (“Presidente de la Nación Argentina”) tiene que simular que gobierna, pero lo hace irónicamente, de chiste. El 56% eligió eso en noviembre pasado. No sé si ahora que lo ve en acción le gusta tanto.


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