Opinión
No hay nada más peligroso que una doctrina que justifica el asesinato de quienes se niegan a compartirla. Puede que tuviera razón el joven Domingo Faustino Sarmiento cuando escribió sobre una roca, en francés, su propia versión de una frase de Denis Diderot, “las ideas no se matan”, pero hay ideas que sí son mortíferas.