Otro error de Obama
En opinión de sus adversarios políticos, el presidente norteamericano Barack Obama está tan interesado en congraciarse con regímenes que son hostiles a su país, comenzando con el iraní, que siempre está dispuesto a darles el beneficio de la duda, razón por la que sorprendió a todos la declaración, que se vio acompañada por un decreto y sanciones contra media docena de funcionarios chavistas, de que Venezuela plantea una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior” de Estados Unidos. A menos que Obama cuente con información secreta que le permitiría justificar tales palabras, lo que parece poco probable, los más beneficiados por la decisión del “hombre más poderoso del mundo” de tratar así a Venezuela seguirán siendo los chavistas y sus amigos del resto de la región, entre ellos nuestro gobierno, el que no vaciló en poner en ridículo la idea de que “cualquier país de Sudamérica o Latinoamérica” pudiera hacer peligrar la seguridad nacional de una superpotencia tan fuerte como Estados Unidos. En esta oportunidad, tiene razón la Cancillería. Si bien no lo dijo, los únicos que se ven seriamente amenazados por la conducta del gobierno asombrosamente torpe del presidente Nicolás Maduro son los venezolanos mismos; tal y como están las cosas, les aguardan muchos años de miseria económica y violencia política, ya que los chavistas, con el respaldo de sus aliados cubanos, irán a virtualmente cualquier extremo a fin de aferrarse al poder. No se equivoca Obama cuando incluye a Maduro y sus cómplices en la lista de enemigos jurados de Estados Unidos, pero le hubiera convenido prestar atención al consejo de Napoleón Bonaparte de “nunca interrumpir al enemigo mientras está cometiendo un error”. Lo mismo que el comunismo soviético, el populismo “bolivariano” de Venezuela y sus variantes en otras partes de América Latina, como la kirchnerista, se están cayendo en pedazos debido exclusivamente a sus deficiencias congénitas. Para conservar el poder, los líderes de tales proyectos atribuyen automáticamente los desastres que se las han arreglado para provocar a enemigos externos liderados, cuando no, por “el imperio” estadounidense que, supuestamente aliado con “la derecha” nativa, estaría tratando de mantener sojuzgados a los pueblos de la región que luchan por su independencia. Al oponerse con tanta vehemencia al régimen de Maduro, Obama le ha brindado pretextos adicionales para intensificar la guerra verbal que está librando contra Washington y la oposición local, pretextos que ya se ha puesto a aprovechar. Como era de prever, Maduro reaccionó frente a la embestida inesperada de Obama advirtiendo que Estados Unidos se estaba “preparando para invadirnos”, razón por la cual puso en alerta a sus propias fuerzas y pidió poderes especiales que le permitirían organizar la defensa de su país contra la agresión externa que según él es inminente. Desde su punto de vista, se trata de una diversión sumamente oportuna. Venezuela está hundiéndose en una crisis socioeconómica gravísima que el régimen chavista no está en condiciones de atenuar. A pesar de tener reservas petroleras de valor incalculable, se tambalea al borde de la bancarrota a causa del desplome del precio del crudo en los mercados internacionales. Son tan precarias la industria y la agricultura de “la Venezuela saudita” que tiene que importar casi todo, ya que no puede producir los bienes de consumo más básicos. La tasa de inflación, que este año podría alcanzar el 80%, es la más alta del planeta, y el desabastecimiento hace de la vida diaria un calvario para millones de personas. Para oscurecer aún más el panorama frente a Maduro, a juzgar por las encuestas de opinión, la mayoría abrumadora de sus compatriotas, incluyendo a muchos chavistas, entiende que no está a la altura de sus responsabilidades, lo que plantea el riesgo de que el oficialismo pierda por un margen catastrófico las elecciones legislativas previstas para el fin de año. Puede entenderse, pues, el alivio que sintió Maduro, un personaje que ha merecido más desprecio por sus excentricidades que respeto por sus hipotéticas cualidades como un líder revolucionario importante capaz de hacer temblar al “imperio”, cuando Obama lo ubicó entre los dirigentes más peligrosos del mundo.
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