País encadenado

Por Redacción

Decía Juan Bautista Alberdi que “gobernar es poblar”, lo que tenía sentido en el siglo XIX cuando, en opinión de los criollos por lo menos, la Argentina estaba virtualmente vacía, pero desde entonces mucho ha cambiado. Mientras que en la época de Alberdi las noticias se difundían con lentitud, merced al desarrollo vertiginoso de los medios de comunicación, en la actualidad cualquiera puede enterarse casi instantáneamente de lo que está sucediendo a miles de kilómetros de distancia. Así y todo, puesto que hasta los dictadores entienden que su propio poder depende en buena medida de la voluntad ajena, es natural que, en los países democráticos, los políticos se esfuercen por aprovechar las oportunidades brindadas por la ubicuidad de medios electrónicos para establecer un vínculo pretendidamente personal con la ciudadanía, lo que hoy en día les parece mucho más fácil de lo que era cuando los nazis y comunistas lograban fortalecerse merced a su monopolio de la radio y la prensa escrita. En el mundo democrático, pocos políticos han ido más lejos en dicho ámbito que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Parecería que, para ella, gobernar es hablar, razón por la que con frecuencia insólita irrumpe en las pantallas televisivas para entregarle a un público presuntamente expectante otro capítulo del relato oficial. En lo que va del año, lo ha hecho en 21 ocasiones y ha prometido mantener el ritmo al que se ha acostumbrado. Según la ley, el uso de la cadena nacional de radio y televisión debería limitarse a “situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional”, pero es evidente que tal detalle no le preocupa. Tampoco preocupa a oficialistas como el jefe de Gabinete Aníbal Fernández: “Que hagan 740.000 denuncias, la cadena nacional va a seguir”, espetó hace poco el locuaz vocero gubernamental. Para justificar los abusos flagrantes de la cadena nacional, ya que a menudo ha servido sólo para difundir propaganda partidaria, los kirchneristas atribuyen las protestas formuladas por dirigentes de la oposición a que defienden “otros intereses”, comenzando con los de los fondos buitre, y a su negativa terca a reconocer que virtualmente todo cuanto hace la presidenta es “trascendente” por antonomasia. Desde el punto de vista de los convencidos de que el gobierno kirchnerista está llevando a cabo una revolución a favor del pueblo en su lucha eterna contra aquellos malignos “poderes concentrados” que, según los pensadores oficialistas, lo han mantenido esclavizado, tales argumentos podrían parecer legítimos, pero sucede que la mentalidad supuestamente iluminada que refleja es incompatible con la democracia, un orden político que, entre otras cosas, se basa en la presunción de que todos los movimientos principales estén igualmente comprometidos con el bienestar común y la soberanía nacional. Si bien la Argentina sigue siendo una democracia, en el gobierno hay algunos, tal vez muchos, a los que les gustaría que dejara de serlo, ya que en su opinión quienes no comparten todas sus actitudes deberían llamarse a silencio. Con la esperanza de impedir que el gobierno siga tratando la cadena nacional como si fuera propia, opositores como el diputado Gerardo Milman, de GEN, subrayan que al apoderarse del espacio televisivo los kirchneristas privan de ingresos publicitarios a los canales privados: estiman que el gobierno les debe 458 millones de pesos por los 21 shows protagonizados por Cristina en los primeros cinco meses del año. Tendrán razón los opositores, pero ocurre que su lógica no es la del gobierno que, como otros de origen peronista o militar, cree suyos tanto el Estado nacional como el dinero aportado por los contribuyentes para financiar sus actividades. Por cierto, no hay señales de que, al acercarse a su culminación el proceso electoral, la fracción gobernante pudiera sentirse constreñida a prescindir de lo que, por su compromiso con la teoría del relato, supone es su arma más poderosa. Es posible que se haya equivocado y que los televidentes y radioescuchas, que en muchos casos se sienten molestos cuando se interrumpen sus programas favoritos, ya no presten la debida atención a las palabras presidenciales, pero puesto que para el kirchnerismo ajustarse a la ley equivaldría a confesarse derrotado, ya le es tarde para modificar la estrategia mediática que ha adoptado.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Miércoles 3 de junio de 2015


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