Papeles panameños

Redacción

Por Redacción

No bien Mauricio Macri optó por emprender una carrera política, se dio cuenta de que ser hijo de un magnate riquísimo no lo ayudaría en absoluto. Hasta mediados del año pasado, le costaba convencer a buena parte del electorado de que no era un oligarca nato que odiaba a los pobres sino un pragmático centrista tan preocupado como el que más por el destino de los rezagados, de ahí su consigna favorita, “pobreza cero”. Pero no sólo ha sido cuestión de una mala imagen atribuible a prejuicios sociales. También se ha visto afectado por su relación personal con distintos empresarios contratistas y, al difundirse algunos detalles sacados de los más de diez millones de documentos de los Papeles de Panamá que cubren los años entre 1970 y 2015, tendrá que brindar explicaciones acerca del rol que desempeñaba hasta el 2009 en el grupo encabezado por su padre, Franco Macri, ya que figura como director de una sociedad offshore llamada Fleg Trading. Según Macri, no fue accionista y no cobró nada por los eventuales servicios que prestó a la sociedad y por lo tanto no lo incluyó en sus declaraciones juradas. Es probable que sea así, ya que son muchas las personas, en especial las de familias adineradas, que integran los directorios de empresas sólo porque se cree que su nombre contribuirá a darles más lustre. Con todo, puesto que el tema de corrupción acaba de erigirse en uno de los más importantes de la política nacional, el que se haya aludido al presidente Macri en un informe que está motivando escándalos en el mundo entero no puede sino ocasionarle dificultades. Aunque los medios periodísticos liderados por la Süddeutsche Zeitung alemana, que han comenzado a difundir los datos que creen más interesantes que han encontrado en los Papeles de Panamá procedentes del estudio de abogados Mossack Fonseca de dicho país, aclaran que muchas empresas y personas citadas no violaron ninguna ley y que, de todos modos, operar a través de sociedades offshore es bastante normal en el mundo globalizado actual, una cosa es la ley y otra muy distinta el impacto político. No sólo aquellos que tienen buenas razones para insistir en que todos los políticos son igualmente corruptos, y que por lo tanto sería injusto discriminar, sino también los muchos que no quieren a Macri aprovecharán una oportunidad para cuestionar su respeto por las normas éticas. Desgraciadamente para el presidente, no le será dado desvincularse por completo de las sospechas ocasionadas por la inclusión de su nombre en la lista larguísima de personajes políticos, deportivos, entre ellos Lionel Messi, y hasta culturales, como el cineasta español Pedro Almodóvar, que en cierta oportunidad se relacionaron con Mossack Fonseca. ¿Ayudarán los Papeles de Panamá a los resueltos a luchar contra la corrupción? Sería reconfortante creerlo, pero hay tantos documentos en el paquete que lo más probable es que sólo sirvan para sembrar confusión. Para los ya convencidos de que aquellos que mueven dinero de un país a otro son forzosamente delincuentes, el que los nombres de miles de personas aparezcan en los documentos filtrados confirma que el mundo está en manos de una gigantesca red de conspiradores que en buena lógica deberían estar entre rejas, pero que sería inútil pedir tanto. La sensación de que la corrupción es universal y que virtualmente todos los políticos son ladrones, o por lo menos cómplices de quienes lo son, suele motivar más resignación que esperanza. En efecto, una razón por la que amplios sectores ciudadanos en nuestro país han tolerado la corrupción endémica durante tanto tiempo es precisamente la convicción de que cualquier intento de combatirla tendría consecuencias políticas tan destructivas que sería mejor dejar las cosas como están. Al fin y al cabo, si la mayoría llegara a la conclusión de que en el fondo no hay diferencia alguna entre el presidente Mauricio Macri y su antecesora, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y que no sorprendería demasiado que muchos otros dirigentes, sin excluir a los que se las han arreglado para actuar como referentes morales, pudieran resultar ser culpables de evasión impositiva o peor, al país le aguardaría una crisis parecida a la que está convulsionando a Brasil, lo que sería un desastre sin atenuantes.


No bien Mauricio Macri optó por emprender una carrera política, se dio cuenta de que ser hijo de un magnate riquísimo no lo ayudaría en absoluto. Hasta mediados del año pasado, le costaba convencer a buena parte del electorado de que no era un oligarca nato que odiaba a los pobres sino un pragmático centrista tan preocupado como el que más por el destino de los rezagados, de ahí su consigna favorita, “pobreza cero”. Pero no sólo ha sido cuestión de una mala imagen atribuible a prejuicios sociales. También se ha visto afectado por su relación personal con distintos empresarios contratistas y, al difundirse algunos detalles sacados de los más de diez millones de documentos de los Papeles de Panamá que cubren los años entre 1970 y 2015, tendrá que brindar explicaciones acerca del rol que desempeñaba hasta el 2009 en el grupo encabezado por su padre, Franco Macri, ya que figura como director de una sociedad offshore llamada Fleg Trading. Según Macri, no fue accionista y no cobró nada por los eventuales servicios que prestó a la sociedad y por lo tanto no lo incluyó en sus declaraciones juradas. Es probable que sea así, ya que son muchas las personas, en especial las de familias adineradas, que integran los directorios de empresas sólo porque se cree que su nombre contribuirá a darles más lustre. Con todo, puesto que el tema de corrupción acaba de erigirse en uno de los más importantes de la política nacional, el que se haya aludido al presidente Macri en un informe que está motivando escándalos en el mundo entero no puede sino ocasionarle dificultades. Aunque los medios periodísticos liderados por la Süddeutsche Zeitung alemana, que han comenzado a difundir los datos que creen más interesantes que han encontrado en los Papeles de Panamá procedentes del estudio de abogados Mossack Fonseca de dicho país, aclaran que muchas empresas y personas citadas no violaron ninguna ley y que, de todos modos, operar a través de sociedades offshore es bastante normal en el mundo globalizado actual, una cosa es la ley y otra muy distinta el impacto político. No sólo aquellos que tienen buenas razones para insistir en que todos los políticos son igualmente corruptos, y que por lo tanto sería injusto discriminar, sino también los muchos que no quieren a Macri aprovecharán una oportunidad para cuestionar su respeto por las normas éticas. Desgraciadamente para el presidente, no le será dado desvincularse por completo de las sospechas ocasionadas por la inclusión de su nombre en la lista larguísima de personajes políticos, deportivos, entre ellos Lionel Messi, y hasta culturales, como el cineasta español Pedro Almodóvar, que en cierta oportunidad se relacionaron con Mossack Fonseca. ¿Ayudarán los Papeles de Panamá a los resueltos a luchar contra la corrupción? Sería reconfortante creerlo, pero hay tantos documentos en el paquete que lo más probable es que sólo sirvan para sembrar confusión. Para los ya convencidos de que aquellos que mueven dinero de un país a otro son forzosamente delincuentes, el que los nombres de miles de personas aparezcan en los documentos filtrados confirma que el mundo está en manos de una gigantesca red de conspiradores que en buena lógica deberían estar entre rejas, pero que sería inútil pedir tanto. La sensación de que la corrupción es universal y que virtualmente todos los políticos son ladrones, o por lo menos cómplices de quienes lo son, suele motivar más resignación que esperanza. En efecto, una razón por la que amplios sectores ciudadanos en nuestro país han tolerado la corrupción endémica durante tanto tiempo es precisamente la convicción de que cualquier intento de combatirla tendría consecuencias políticas tan destructivas que sería mejor dejar las cosas como están. Al fin y al cabo, si la mayoría llegara a la conclusión de que en el fondo no hay diferencia alguna entre el presidente Mauricio Macri y su antecesora, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y que no sorprendería demasiado que muchos otros dirigentes, sin excluir a los que se las han arreglado para actuar como referentes morales, pudieran resultar ser culpables de evasión impositiva o peor, al país le aguardaría una crisis parecida a la que está convulsionando a Brasil, lo que sería un desastre sin atenuantes.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar