Poco del camino a seguir

por HUGO GRIMALDI (DyN)

La naturaleza de animal político del presidente Kirchner hace que siempre se muestre en campaña, pese a que él asegura que no lo está.

Este tic, que quizás el Presidente no advierta porque lo tiene demasiado arraigado tras muchos años de gestión, le ha permitido hacer ante la Asamblea Legislativa una suerte de «Discurso sobre el Estado de la Nación» en el que hasta se dio el gusto de justificar la palabra maldita, «inflación», sin que nadie se hiciera cruces, ni siquiera por aquel recuerdo que fulminó a Raúl Alfonsín.

La extensa y, aún para su gusto, cansadora alocución presidencial tuvo tres partes centrales: mucho de marketing por lo pasado, poco sobre el derrotero a seguir en lo que queda de este complicado año electoral y algunas notorias lagunas sobre cuestiones más que conflictivas.

En la enumeración hacia atrás, Kirchner se lució con dominio de la escena y varios ases en su mano: desgranó un preciso inventario de todos sus logros estadísticos en materia económica y social que, como todas las comparaciones

siempre permiten alguna manipulación, y las mezcló con jugosas entrelíneas fuera de libreto que justificaron esos méritos desde el plano de las ideas.

En este aspecto, Kirchner está seguro que la gente quiere lo que él pregona y por eso puso de modo permanente del otro lado, al estilo de discriminar entre réprobos y elegidos, a «los representantes de las escuelas económicas que nos asesoraban» y a la maldad intrínseca de la década del 90.

«Déjennos con nuestro manejo primario de la administración con sentido nacional», propuso con ironía.

«Queremos una sociedad viva», dijo el Presidente para criticar lo que llamó el «país de los gerentes» y para apropiarse del «derrame que tanto nos prometieron». En este aspecto, Kirchner tomó un riesgo muy alto con su definición más controvertida:

«Es natural que algunas variables tengan alguna movilidad. Tenemos algo de inflación, pero bajamos la pobreza», explicó sin tomar en cuenta que son los mismos pobres los que más sufren cuando ese poquito que dice que no molesta se espiraliza.


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