Política y periodismo

Por Redacción

Según el informe más reciente de la Comisión de Libertad de Expresión de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas, el país acaba de salir de la etapa “más oscura para el periodismo independiente desde la restauración democrática de 1983”. No exagera. Aunque sería absurdo comparar los métodos empleados por los gobiernos de Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, con los usados por la dictadura militar para intimidar a quienes se atrevían a criticarla, en cierto modo la política adoptada por los kirchneristas fue aún más lesiva por tratarse de los representantes de un gobierno de legitimidad indiscutible que se inspiraron en teorías comunicacionales que son incompatibles con la democracia pluralista. A diferencia de las dictaduras que, por definición, dependen de su voluntad de violar los derechos ajenos, gobiernos como el kirchnerista operan de manera más sofisticada al aplicar presiones psicológicas que, andando el tiempo, inciden en el estado de ánimo de muchos profesionales. Asimismo, luego de optar por aprovechar el manejo de la pauta publicitaria y otras prerrogativas para castigar a los díscolos y premiar a los obedientes, el gobierno de Cristina gastó muchísimo dinero aportado por los contribuyentes en un intento de reemplazar a los medios tradicionales más influyentes, comenzando con los del Grupo Clarín, por otros cuya función consistiría en difundir el “relato” oficial. De más está decir que el intento fracasó. A pesar de las pérdidas que sufrieron debido al boicot gubernamental y la agresividad vengativa de personajes como el entonces secretario de Comercio Guillermo Moreno, el que procuró privar de publicidad empresaria a periódicos no alineados con el gobierno, los medios tradicionales continuaban dominando el mercado nacional, mientras que a los creados o comprados por amigos de la familia gobernante como Sergio Szpolski y Cristóbal López les resultó imposible abrirse camino. Para ellos, el triunfo electoral de Mauricio Macri fue una catástrofe sin atenuantes. Sin los subsidios públicos que necesitarían para sobrevivir, diarios como “Tiempo Argentino” han tenido que aplicar ajustes internos propios, lo que hacen resistiéndose a pagar los salarios de sus empleados. Ya son muchos los periodistas, militantes o no, que se encuentran en la calle; pronto habrá muchos más. A los en efecto despedidos no les queda más alternativa que la de desahogarse protestando contra lo ocurrido, pero la mayoría entenderá que no le servirá para nada. El panorama frente a tales periodistas sería otro si Macri creyera que le convendría contar con una guardia pretoriana mediática propia, pero por razones que podrían calificarse de ideológicas y también, tal vez, por haber tomado en cuenta el fracaso del costosísimo esfuerzo propagandístico de los kirchneristas, no le interesa intentarlo. Hasta nuevo aviso, pues, el destino de los distintos medios dependerá, en la mayoría de los casos, de las vicisitudes del mercado que, al fin y al cabo, a su manera es bastante democrático. Con todo, aunque en principio verse liberado de las fuertes presiones políticas que eran rutinarias durante la “década ganada” es bueno para el periodismo, no puede decirse lo mismo del desafío planteado por la evolución vertiginosa de las comunicaciones electrónicas. Si bien ha permitido que la oferta periodística sea mucho mayor que en el pasado, ya que, al perder importancia la distancia geográfica, virtualmente cualquier persona puede acceder instantáneamente a miles de medios diseminados por el mundo, la atomización resultante ha perjudicado a muchos grandes diarios, de prestigio bien merecido, privándolos de los ingresos que les permitirían continuar investigando o mantener corresponsalías en diversas ciudades de sus países de origen o en el exterior. Hasta ahora, los medios más respetados han conseguido adaptarse a las nuevas exigencias, pero virtualmente todos han tenido que prescindir de los servicios de periodistas que en otras épocas hubieran tenido el empleo asegurado. Puesto que en muchos países, entre ellos el nuestro, los cambios tecnológicos que están revolucionando el periodismo profesional han coincidido con recesiones económicas y el aumento del desempleo, la transición desde el esquema excesivamente politizado que fue impulsado por el gobierno kirchnerista hacia otro más comercial distará de ser indolora.


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