Chubut: la semana “de hierro” del radicalismo
El sábado 29 la Convención deberá elegir al nuevo presidente. Hay dos posturas tras la rebelión de dirigentes del interior. Por qué el resultado puede rozar al gobernador Torres.
Hay un antecedente que deja en claro la virulencia de las internas radicales en Chubut. Y lleva más de dos décadas sin que se hayan cicatrizado todas las heridas. No es que la de este sábado 29 se asemeje a aquella larga y frustrante definición en la cual estaba en juego nada menos que la candidatura a gobernador, pero bien puede ser una bisagra en la relación hasta ahora débil y distante entre los núcleos duros del partido.
Se planteó una discusión semejante a aquella histórica pelea entre unitarios y federales. Vale la comparación porque, aunque se trate de una provincia lejana, perdida entre los vientos cordilleranos y su inquieto y profundo mar, desde el interior profundo se alzó la voz contra “el centralismo” y pidiendo “un radicalismo más federal”.
Por eso esta es una semana de hierro para el radicalismo chubutense. Habrá una disputa no esperada entre la dirigencia de las ciudades más iluminadas y las que viven con más sombras que luces. “Queremos un radicalismo más federal, que no todas las decisiones pasen por las ciudades grandes, el interior tiene que tener el lugar que se merece. Por eso vamos por la presidencia. No queremos un partido que continúe siendo el vagón de cola de las alianzas”, dispararon desde los comités del interior (sobre todo cordilleranos) y se pararon de manos ante la Convención de este sábado 29 con un candidato propio.
Lo que parecía un trámite para el partido de Irigoyen y Alem se convirtió en una disputa interna inesperada que, si bien no tiene por ahora aquella virulencia de dos décadas atrás sí contiene pensamientos distintos ante una misma ideología.
Todo estaba listo para que el intendente de Trelew, Gerardo Merino, sea el nuevo presidente de la UCR en Chubut, cargo clave para reafirmar la alianza con Despierta Chubut, el partido del gobernador Ignacio “Nacho” Torres que irá por la reelección. El mismo Torres salió a avalar a Merino, una de sus espadas políticas más afiladas. A Torres le conviene que Merino ocupe el sillón de la cabecera de la mesa porque acuerda con mayor facilidad un supuesto reparto dentro de la estructura del poder. Por eso el sábado, el gobernador también “juega”. Otro ganador le generará también otras exigencias.
El gobernador tiene su base electiva en buena parte entre los intendentes. Por eso, y aunque no públicamente, fue mentor de la ley sancionada en julio por la Legislatura y que permite la reelección indefinida de los jefes comunales lo que no comulga con el pensamiento de la mayoría del radicalismo. Prueba de ello fue que, la norma anterior que limitaba la elección a dos períodos era conocida como “la ley Caminoa”. Jaqueline Caminoa fue su autora. Es una dirigente radical de Lago Puelo, de larga militancia que el año pasado renunció a su banca por problemas personales. Sigue trabajando para Torres.
Por eso la derogación y la puesta en escena de la nueva ley provocó una sublevación de los comités del interior que en general integran descendientes de hombres y mujeres que nacieron y murieron con la boina roja y blanca pegada a su corazón. Ortodoxos y defensores de una mayor apertura hicieron saltar la banca poniendo sus fichas a un candidato bien de tierra adentro con un pasado partidario indiscutible.
Sergio Guajardo le peleará la presidencia a Gerardo Merino, quien desde hace unos días puso en la escena mediática una especie de operativo clamor que no pasa de la actual dirigencia y que en un salto de garrocha que superó cualquier récord la tiene a Caminoa de su lado.
Hay un “poroteo” que, según sus protagonistas cambia como el seguimiento de un partido de fútbol de copa: minuto a minuto. Serán 66 los convencionales que, en la Convención que tendrá como escenario la ciudad de Esquel, deberán definir la nueva conducción ucerreísta. Todos están en busca del 34, el número mágico. Merino dice estar tranquilo. Guajardo, que tiene los votos necesarios. No hay acusaciones, pero si reproches. En la tabla de los sueños populares, el 34 es “la cabeza”. Y es precisamente lo que buscan ambos bandos.
Todavía con heridas abiertas, la interna de 1999 retumba en quienes vivieron semanas de peleas y acusaciones. Carlos Maestro fue gobernador entre 1995 y 2003. No pudo lograr que habiliten la re-reelección y le “prestó” el poder a José Luis Lizurume, su ministro de gobierno. El pacto era que, en 2003, Lizurume de un paso al costado y Maestro vuelva. Pero pasaron cosas y Lizurume quiso repetir. Fueron a una interna furiosa cuya definición duró varias semanas. Lizurume ganó por un puñado de votos. Cuatro días antes del comicio las encuestas lo daban ganador por 14 puntos. Aquel domingo perdió por 9, iniciando Mario Das Neves un ininterrumpido poder justicialista que duró hasta que llegó Torres en 2023.
Una lección que el radicalismo parece no haber aprendido. En el camino, hubo expulsiones de diputados, desafiliaciones y fugas hacia otros partidos. Las últimas, hacia el partido libertario con aceptación de cargos incluidos.
“Que se rompa pero que no se doble”, dijo Leandro Alem en su testamento político. Comienza una semana de hierro para el histórico partido en la que también juega el gobierno. El hierro no se dobla ni se rompe. Salvo que lo hagan jugar con fuego.
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