Análisis: Defender a los fiscales, ante la provocación presidencial

Frente a la temeraria comparación con la muerte de Nisman, es necesario que los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola sean efectivamente protegidos y defendidos en su vigorosa función acusatoria.

Por Italo Pisani

La penosa analogía que hizo el presidente Alberto Fernández en TN –“Hasta acá, Nisman se suicidó, y espero que Luciani no haga algo así”– no parece ser sólo producto del descuido de un bocón.

Ya venía agitándose un concepto similar en las redes por parte de militantes y algún periodista del kirchnerismo.

Pero viniendo de un presidente de la Nación y considerando el trauma que vive la Argentina con el final trágico de Nisman, resulta sumamente grave la frase y no puede ser naturalizada. Ni banalizada la muerte del fiscal.

Ya eran suficientemente graves los ataques e intromisiones hacia la Justicia expresados por la acusada Cristina Fernández, el propio mandatario, varios dirigentes y legisladores del Frente de Todos y organizaciones sociales y gremiales afines. También grave la decisión de hacer una gran marcha el 17 de octubre bajo la consigna “Si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar”. Grave ha sido desde el inicio del juicio que la vicepresidenta se haya dirigido insolentemente al Tribunal. Expresiones todas antirrepublicanas, despreciativas de la labor e independencia de la Justicia y del Estado de derecho mismo.

Se comprende que Alberto Fernández se vea compelido nuevamente a sobreactuar su condescendencia con su jefa política -en sus particulares urgencias judiciales- planteando los conceptos que quiere oír, atacando a la Justicia o impulsando una movilización.

Pero rebasa todo límite la comparación del mandatario entre el fiscal Luciani (que con un alegato valiente y profuso en pruebas acusó a la vicepresidenta y pidió para ella 12 años de cárcel e inhabilidad de por vida), y el crimen del fiscal Nisman (que con igual contundencia acusaba también a Cristina de encubrir a los iraníes que volaron la AMIA).

Esto más allá de las propias contradicciones de Alberto Fernández, quien en 2015 dijo: “Nadie en la Argentina piensa que Nisman se ha suicidado, nadie, absolutamente nadie salvo Cristina”. Incluso marchó pidiendo justicia. Pero ahora, sin más elementos de prueba y con una causa todavía abierta, afirma suelto de cuerpo: “Nisman se ha suicidado”.

Frente a las temerarias manifestaciones, en medio de la convulsión actual tras el pedido de condena, es necesario que los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola sean efectivamente protegidos y defendidos en su vigorosa función acusatoria, sobre todo desde el Estado. Y que la sociedad -vía sus partidos políticos y organizaciones- se pronuncie en repudio de la provocación presidencial.


La penosa analogía que hizo el presidente Alberto Fernández en TN –“Hasta acá, Nisman se suicidó, y espero que Luciani no haga algo así”- no parece ser sólo producto del descuido de un bocón.

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