Preparaciones con jarilla

Arbustos representativos de nuestra meseta patagónica.





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Jarilla “macho” (Larrea cuneifolia), que tiene los folíolos soldados en su base.

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Jarilla “crespa” (Larrea nitida), con un muy atractivo follaje y menor altura.

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el jardín

Jarilla “hembra”, con sus dos folíolos poco soldados. Se observa un capullo con semilla.

Teodorico Hildebrandt eljardin@rionegro.com.ar

Flores amarillas, el color que más pueden ver los polinizadores.

Están distribuidas en todo el territorio argentino y con amplia diseminación en toda nuestra región, ubicada mayoritariamente en lo que se conoce como Provincia Fitogeográfica del Monte, que abarca desde las provincias del noroeste (Jujuy y Salta) y se adentra en el norte de la Patagonia hasta diluirse en la Provincia Fitogeográfica Patagónica, según la clasificación de Ángel Lulio Cabrera en su trabajo publicado en 1976 “Regiones Fitogeográficas Argentinas” (zona marrón en el mapa adjunto). Las jarillas más abundantes en nuestras cercanías son la “jarilla macho” (Larrea cuneifolia) y la “jarilla hembra” o “chaparral” (Larrea divaricata). Ambas son arbustos leñosos, de unos 3 metros de altura, con follaje perenne y recubierto de una especie de cera que las protege de la desecación. Las flores son diminutas, de color amarillo, que es el color que más identifican los insectos polinizadores en esa amplia superficie desértica y aparecen desde octubre hasta fines de noviembre. El fruto es una cápsula rodeada de una pelusa de color blanco-grisáceo. A simple vista se puede diferenciar la jarilla “macho” por sus hojas, compuestas de dos folíolos bien soldados en su base y convergentes, en tanto que en la “hembra”, estos folíolos están poco soldados en su base y son divergentes. Por el aspecto más bonito agrego a la “jarilla crespa” (Larrea nitida), con hojas compuestas de 5 a 8 folíolos, festoneadas en sus bordes y de mucho menor tamaño, alcanzando entre 50 centímetros a 2 metros de altura. Propiedades En el norte argentino circula la leyenda de que tanto el “Chacho” Peñaloza como Facundo Quiroga aprovechaban el aroma de su leña para perfumar los hornos de barro y ahumar los asados. Entre sus propiedades en la medicina tradicional, se dice que sus jugos ayudan para curar heridas y llagas y sus hojas en cataplasma para aliviar el dolor de fracturas y curar afecciones reumáticas y sabañones, aunque estas cualidades no han sido ratificadas clínicamente. Las resinas de las jarillas tienen efectos contra gorgojos y como fungicidas, temas sobre los que se trabaja en las universidades de Rosario, San Luis y Tucumán. Compuesto de jarilla Según información brindada hace algunos años por el ingeniero agrónomo Eduardo Parra, se prepara con ellas un poderoso agente preventivo y curativo de plagas y enfermedades con 150 gramos de hojas y ramitas frescas en 1 litro de agua (o 300 gramos de hojas secas por litro). Se las hierve a fuego lento entre 30 minutos y una hora, lo que exige una cuidadosa observación para reponer el agua en pequeñas cantidades cada vez que sea necesario. El líquido concentrado así obtenido, con un olor penetrante característico, se puede usar como preventivo, diluyéndolo al 20% o sin diluir. Además ser económico, es de gran eficacia para controlar pulgones, ácaros, cochinillas, isocas y algunos coleópteros.


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