Protagonistas del desarrollo agroalimentario

Redacción

Por Redacción

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha planteado su preocupación respecto de que en el mundo actualmente existe una cifra récord de aproximadamente 1.000 millones de personas que pasan hambre a diario o que padecen de hambre crónica, cifra que representa aproximadamente una sexta parte de la humanidad. Paralelamente, se estima –según información del mismo organismo– que para el 2025 más de la mitad del mundo en desarrollo, unos 3.500 millones de personas, vivirán en ciudades. Ambos datos delimitan el escenario sobre el que deben trabajar las políticas públicas en éstos y en los próximos años, con la mira en optimizar la producción de alimentos, volverlos más nutritivos, más inocuos con el criterio adecuado y más asequibles. La República Argentina es una nación privilegiada en cuanto a las condiciones de su territorio para la producción de alimentos. La exportación de commodities alimentarios, como los cereales, soja, carne y sus derivados es el factor clave de la economía local. En la actualidad, la mayor oferta de esos productos se comercializa, sin embargo, con escasos procesos de transformación industrial y sin agregación de valor. Recientemente, el subsecretario de Agregado de Valor y Nuevas Tecnologías de la Nación, en oportunidad de inaugurar el Segundo Congreso de Valor Agregado en Origen, cuyo objetivo fue promover el desarrollo sustentable de los territorios, recordó la línea directiva de la política de ese organismo, abocada a desprimarizar las exportaciones: “Se trata no sólo de producir granos, sino cómo agregar valor y convertir a éstos en subproductos o preparaciones”. Efectivamente, en los últimos años se llevan a cabo políticas y programas de desarrollo territorial tendientes a incrementar la agregación de valor en los productos primarios agropecuarios. Ejemplo de ello es el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial que aplica importantes recursos humanos y económicos a la promoción del agregado de valor a nivel local en las cadenas agroalimentarias. Asimismo, las políticas gubernamentales de los últimos años se han enfocado en potenciar carreras del ámbito científico tecnológico como la Ingeniería de Alimentos, formadora de profesionales que crean valor. La Universidad Nacional de Río Negro desarrolla proyectos en este marco y en articulación con otras instituciones como INTA, Senasa, INTI, Ministerio de Educación, Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, Ministerio de Ciencia y Técnica, así como en sociedad con otras universidades nacionales, empresas y cooperativas. Los datos anteriores plantean la importancia y el protagonismo del ingeniero en Alimentos en la problemática de mejorar la alimentación mundial, en optimizar los procesos para poder lograr productos más baratos, más sanos, más nutritivos e inocuos, y el impulso demandado para fortalecer el desarrollo regional. Que los sistemas alimentarios mejoren, que las políticas gubernamentales mundiales busquen una más equitativa distribución de los alimentos, una buena fiscalización de los procesos y que el personal con el cual se apliquen estas políticas y tareas de fiscalización sea idóneo y competente en el área de la industria alimentaria en general, –valorizando conocimientos y criterios adquiridos en formación profesional–, es una tarea compleja que requiere de un fuerte compromiso político y sectorial, para que de esta forma los procesos a encaminar logren mejores resultados. (*) Ingeniero Agrónomo. Secretario de Docencia, Extensión y Vida Estudiantil, Universidad Nacional de Río Negro.

ALEJANDRO ARAGÓN (*)


La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha planteado su preocupación respecto de que en el mundo actualmente existe una cifra récord de aproximadamente 1.000 millones de personas que pasan hambre a diario o que padecen de hambre crónica, cifra que representa aproximadamente una sexta parte de la humanidad. Paralelamente, se estima –según información del mismo organismo– que para el 2025 más de la mitad del mundo en desarrollo, unos 3.500 millones de personas, vivirán en ciudades. Ambos datos delimitan el escenario sobre el que deben trabajar las políticas públicas en éstos y en los próximos años, con la mira en optimizar la producción de alimentos, volverlos más nutritivos, más inocuos con el criterio adecuado y más asequibles. La República Argentina es una nación privilegiada en cuanto a las condiciones de su territorio para la producción de alimentos. La exportación de commodities alimentarios, como los cereales, soja, carne y sus derivados es el factor clave de la economía local. En la actualidad, la mayor oferta de esos productos se comercializa, sin embargo, con escasos procesos de transformación industrial y sin agregación de valor. Recientemente, el subsecretario de Agregado de Valor y Nuevas Tecnologías de la Nación, en oportunidad de inaugurar el Segundo Congreso de Valor Agregado en Origen, cuyo objetivo fue promover el desarrollo sustentable de los territorios, recordó la línea directiva de la política de ese organismo, abocada a desprimarizar las exportaciones: “Se trata no sólo de producir granos, sino cómo agregar valor y convertir a éstos en subproductos o preparaciones”. Efectivamente, en los últimos años se llevan a cabo políticas y programas de desarrollo territorial tendientes a incrementar la agregación de valor en los productos primarios agropecuarios. Ejemplo de ello es el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial que aplica importantes recursos humanos y económicos a la promoción del agregado de valor a nivel local en las cadenas agroalimentarias. Asimismo, las políticas gubernamentales de los últimos años se han enfocado en potenciar carreras del ámbito científico tecnológico como la Ingeniería de Alimentos, formadora de profesionales que crean valor. La Universidad Nacional de Río Negro desarrolla proyectos en este marco y en articulación con otras instituciones como INTA, Senasa, INTI, Ministerio de Educación, Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, Ministerio de Ciencia y Técnica, así como en sociedad con otras universidades nacionales, empresas y cooperativas. Los datos anteriores plantean la importancia y el protagonismo del ingeniero en Alimentos en la problemática de mejorar la alimentación mundial, en optimizar los procesos para poder lograr productos más baratos, más sanos, más nutritivos e inocuos, y el impulso demandado para fortalecer el desarrollo regional. Que los sistemas alimentarios mejoren, que las políticas gubernamentales mundiales busquen una más equitativa distribución de los alimentos, una buena fiscalización de los procesos y que el personal con el cual se apliquen estas políticas y tareas de fiscalización sea idóneo y competente en el área de la industria alimentaria en general, –valorizando conocimientos y criterios adquiridos en formación profesional–, es una tarea compleja que requiere de un fuerte compromiso político y sectorial, para que de esta forma los procesos a encaminar logren mejores resultados. (*) Ingeniero Agrónomo. Secretario de Docencia, Extensión y Vida Estudiantil, Universidad Nacional de Río Negro.

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