¡Qué cosa fuera la maza sin cantera!

Los pormenores que dio Alberto Fernández, al irse dando un portazo, sobre la «locura» que habría atrapado a Néstor Kirchner tras la sepultura de las retenciones móviles en el Congreso, confirman que al igual que Racing, el gobierno estuvo a punto de irse al descenso.

Al quedarse en la categoría, sin una de sus piezas clave -el jefe de Gabinete que ahora se presenta como adalid de cambios inconclusos- Cristina Fernández aspira a batallar para recuperar la supremacía, aún con las adversidades internas, la aparición de un nuevo sujeto político (el campo) y la tonificación que adquirió la oposición partidaria, en sus diferentes variantes. Porque son muchas y asusta la dispersión.

«Habrá más Kirchner, con un perfil más bajo», señaló a «Río Negro» un funcionario al conocerse la designación del joven Sergio Massa, intendente de Tigre, para reemplazar al multifacético Fernández, quien se sintió incomprendido, justo él, símbolo del poder más concentrado. Creía que ésta era una oportunidad histórica para relanzar la segunda etapa K: «Están muy cerrados, me voy». Y su atrevimiento fue tomado por el matrimonio «amigo» como un pecado mayor que el «voto en contra, que la historia me juzgue» del vicepresidente Julio Cobos, en el Senado.

«Alberto, desde diciembre, proponía la oxigenación total, pero Cristina y Néstor prefirieron seguir el consejo contrario dado por el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos.

El conflicto con el agro tiró la estantería. A Alberto le ganó la apatía y el cansancio. También se derrumbó. Se fue en el momento menos oportuno, dándole pasto a las fieras -a los diarios y a nuestros enemigos- dispuestos a magnificar el traspié gubernamental».

Las explicaciones que se dan en el oficialismo recorren caminos sinuosos a la espera del rumbo que vayan marcando la presidenta y su influyente asesor. Los Kirchner, por temperamento como quedó en evidencia a lo largo de 120 días de pleito, se resisten a dar el brazo a torcer. De allí que todavía no haya abandonado la Secretaría de Comercio el polémico Guillermo Moreno. «Se irá recién cuando amaine la ofensiva», se aseguró a este diario.

En principio, el cimbronazo provocado por Alberto Fernández apareja las siguientes lecturas:

» Se fortaleció su archienemigo en el gabinete, el ministro Julio De Vido y la línea «Santa Cruz». Eso no le garantiza la permanencia absoluta al secretario de Transporte, Ricardo Jaime, otro de los cuestionados.

» Se volvió a diluir un escenario de revisión absoluta. Las modificaciones serán graduales. Otra vez Racing: el del «paso a paso» de Merlo.

» El impetuoso y risueño Massa, un buen comunicador, mandó señales pacificadoras, de diálogo y consenso. En esa dirección, habrá que poner la lupa para ver cómo sigue la relación entre Cristina y Cobos.

» Muerta la resolución 125, el flamante secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, tiene orden de ignorar a la «mesa de enlace». Sólo está dispuesto a recibir por separado a la Rural, la Federación Agraria, CRA y Coninagro.

¿Hasta donde llegarán los cambios escalonados? Pueden ser más profundos que los imaginados. Hay quienes ponen el acento en el área económica, ante el poco fuste que observan en el ministro Carlos Fernández frente al desafío de domesticar la inflación, dar credibilidad a las cifras del INDEC y captar inversiones internacionales.

Los dichos de esta semana de Sergio Massa sobre el INDEC van en este sentido. El flamante jefe de Gabinete, en privado, propone al frente del organismo a una persona de las características de Graciela Ocaña, actual ministra de Salud.

El peronismo quedó maltrecho en el Congreso, hacia donde ahora irá el proyecto de ley para estatizar Aerolíneas Argentinas. Agustín Rossi y Miguel Pichetto trabajan ya para rearmar nuevas mayorías, ante las «defecciones» recientes. En el Senado, por caso, el rionegrino, procurará recuperar al santafesino Carlos Reutemann y al pampeano Rubén Marín y evaluará otras conductas. «No hay predisposición para expulsar», adelantó.

«Hay que buscarle reaseguros a Cristina. Ministros que actúen como amortiguadores, ante las malas o buenas noticias.

Ella es la última instancia, intocable», dijo a «Río Negro» un operador K, mientras la presidenta reaparecía en actos en el conurbano, en compañía de un jefe peronista contenido y silente.

El matrimonio, en su recomposición, se recostó en intendentes denostados en el pasado, pero que esta vez le aportaron fervor popular. Mario Ishii, de José C. Paz y Juan José Mussi, de Berazategui, reclamaron que a Cristina «no le pongan más palos en la rueda», los que quieren «un país con pocos ricos y muchos pobres».

Entre otros motivos, Alberto se fue por no compartir la «línea del choque frontal». Massa llegó y expuso: «La sociedad no nos quiere ver discutiendo sino trabajando» ¿Cuál es la diferencia? Es el acertijo que debería develarse en los próximos días.

ARNALDO PAGANETTI

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar

 


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