“¿Qué te pasó, Lanata?”
Disculpá la confianza, vos no me conocés pero yo sí te conozco a vos de leer tus columnas, de mirar y escuchar tus programas, de admirarte y tenerte como un referente. Me he peleado muchas veces defendiendo tus posturas. Yo soy uno de los miles de argentinos que veían en vos a un periodista distinto, sagaz, creativo, alguien que revolucionó los medios cuando salíamos de la noche negra de la dictadura y estábamos ávidos de tantas cosas. Yo nací en el 60 en Mar del Plata, igual que vos. Mis viejos me llamaron Flavio pero no se podía, quedó Marcelo pero siempre fui Flavio. Cuando salió “Página/12” teníamos 26 pirulos. Fue como un oasis en el desierto: el formato, los titulares, el pirulo de tapa, los montajes, las notas, los editoriales… Eran pocas páginas y las leíamos varias veces en el día. Qué periodistas, qué escritores que conocí, cómo te admiraba. Siempre tuve veleidades de escritor (ja ja), pero me hubiera gustado escribir como vos. Qué decir de cuando empezó “Día D”, no me perdía ni un programa. Qué grupo de jóvenes periodistas, verdaderas promesas: Zloto, Tenembaum, Montenegro, Klippan, Sietecase, Paenza, Castello (por Dios, qué jugador). Yo pensaba que queríamos el mismo modelo de país. Recuerdo como criticabas algunas cosas de Alfonsín y yo estaba de acuerdo (aún lo estoy). Lo corrías por izquierda y estaba bien, pero eran críticas constructivas, no para voltearlo. Vos estabas sentado con tu máquina de escribir “con la pluma y la palabra”. ¿Sabés cómo te veo ahora? Arriba del techo de un edificio alto con un AK 47 tirándole a todo lo que pasa, lo bueno, lo malo, lo regular. El otro día de refilón, haciendo zapping, vi un pedacito del programa que hiciste en Santa Cruz. ¿Dónde quedó ese periodista incisivo que debatía ideas, proyectos, planes de un país mejor? ¿Cómo llegamos a debatir si usa carteras Louis Vuitton o si manda el avión a buscar al hijo? En algún momento te empecé a perder el rastro, te veía cada vez más lejano, raro, rarísimo. Me preguntaba: ¿me lo cambiaron a Lanata? Me acordaba del cuento fantástico de Masliah “Cambio de cabezas” y aluciné: ¿le habrán cambiado la cabeza a Lanata? Y cuando te vi en el programa de Majul se me cayó el alma al subsuelo (en tus buenos tiempos a Majul no lo elegías ni para jugar un poliladron). Ahí pensé: chau, a Lanata lo perdimos para siempre. Pero por suerte esa noche estaba Mariotto de invitado, le habían preparado una cama turca de aquéllas. ¿Sabés qué parecía, gordo? Una pelea de “Titanes en el ring” y vos, como el “Comodín”, sentado en una esquina por si había que sacarlo del agua a Majulito. Pero ni vos lo pudiste salvar. En el informe se veía un terreno pelado y una pelota toda rota, que era lo único que quedaba donde antes había una casa; de pronto como por arte de magia aparece la pelota rodando y llega a los pies de un ya transparente Majulito y, antes de que pueda decir nada, Mariotto lo primerea, le asesta el “coup de grâce” y le manda : “Les robaron la pelota a los pibes, les sacaron lo único que les quedaba; devuélvanles la pelota a los pibes” (genial) .Vos sonreíste, lo miraste al ya casi desmayado mini-Majul como diciendo “fuiste, jodete por boludo”. Ahí me di cuenta de que no te cambiaron la cabeza, vos seguís siendo el periodista que impresionaba a tanta gente ¿Qué te pasó? ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Te sentarías hoy a tomar un feca con Osvaldo Bayer? ¿Pensaste qué diría el gordo Soriano si se te aparece en algún sueño? ¿Sabés qué me gustaría? (y sé de muchos que piensan lo mismo): que te bajes de la terraza , que vuelvas a la máquina de escribir. Pero no para ser oficialista, el gobierno no necesita aduladores, necesita de opositores inteligentes, con espíritu crítico, como vos, que les marquen los errores, que no los dejen irse de madre cuando hacen cagadas. No dejés de criticar nunca, no dejés pasar una mentira nunca, sé todo lo opositor que quieras , pero con buena leche, como lo hacías con Alfonsín. Marcelo Fabián Lucci, DNI 14.715.106 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Marcelo Fabián Lucci, DNI 14.715.106 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Disculpá la confianza, vos no me conocés pero yo sí te conozco a vos de leer tus columnas, de mirar y escuchar tus programas, de admirarte y tenerte como un referente. Me he peleado muchas veces defendiendo tus posturas. Yo soy uno de los miles de argentinos que veían en vos a un periodista distinto, sagaz, creativo, alguien que revolucionó los medios cuando salíamos de la noche negra de la dictadura y estábamos ávidos de tantas cosas. Yo nací en el 60 en Mar del Plata, igual que vos. Mis viejos me llamaron Flavio pero no se podía, quedó Marcelo pero siempre fui Flavio. Cuando salió “Página/12” teníamos 26 pirulos. Fue como un oasis en el desierto: el formato, los titulares, el pirulo de tapa, los montajes, las notas, los editoriales... Eran pocas páginas y las leíamos varias veces en el día. Qué periodistas, qué escritores que conocí, cómo te admiraba. Siempre tuve veleidades de escritor (ja ja), pero me hubiera gustado escribir como vos. Qué decir de cuando empezó “Día D”, no me perdía ni un programa. Qué grupo de jóvenes periodistas, verdaderas promesas: Zloto, Tenembaum, Montenegro, Klippan, Sietecase, Paenza, Castello (por Dios, qué jugador). Yo pensaba que queríamos el mismo modelo de país. Recuerdo como criticabas algunas cosas de Alfonsín y yo estaba de acuerdo (aún lo estoy). Lo corrías por izquierda y estaba bien, pero eran críticas constructivas, no para voltearlo. Vos estabas sentado con tu máquina de escribir “con la pluma y la palabra”. ¿Sabés cómo te veo ahora? Arriba del techo de un edificio alto con un AK 47 tirándole a todo lo que pasa, lo bueno, lo malo, lo regular. El otro día de refilón, haciendo zapping, vi un pedacito del programa que hiciste en Santa Cruz. ¿Dónde quedó ese periodista incisivo que debatía ideas, proyectos, planes de un país mejor? ¿Cómo llegamos a debatir si usa carteras Louis Vuitton o si manda el avión a buscar al hijo? En algún momento te empecé a perder el rastro, te veía cada vez más lejano, raro, rarísimo. Me preguntaba: ¿me lo cambiaron a Lanata? Me acordaba del cuento fantástico de Masliah “Cambio de cabezas” y aluciné: ¿le habrán cambiado la cabeza a Lanata? Y cuando te vi en el programa de Majul se me cayó el alma al subsuelo (en tus buenos tiempos a Majul no lo elegías ni para jugar un poliladron). Ahí pensé: chau, a Lanata lo perdimos para siempre. Pero por suerte esa noche estaba Mariotto de invitado, le habían preparado una cama turca de aquéllas. ¿Sabés qué parecía, gordo? Una pelea de “Titanes en el ring” y vos, como el “Comodín”, sentado en una esquina por si había que sacarlo del agua a Majulito. Pero ni vos lo pudiste salvar. En el informe se veía un terreno pelado y una pelota toda rota, que era lo único que quedaba donde antes había una casa; de pronto como por arte de magia aparece la pelota rodando y llega a los pies de un ya transparente Majulito y, antes de que pueda decir nada, Mariotto lo primerea, le asesta el “coup de grâce” y le manda : “Les robaron la pelota a los pibes, les sacaron lo único que les quedaba; devuélvanles la pelota a los pibes” (genial) .Vos sonreíste, lo miraste al ya casi desmayado mini-Majul como diciendo “fuiste, jodete por boludo”. Ahí me di cuenta de que no te cambiaron la cabeza, vos seguís siendo el periodista que impresionaba a tanta gente ¿Qué te pasó? ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Te sentarías hoy a tomar un feca con Osvaldo Bayer? ¿Pensaste qué diría el gordo Soriano si se te aparece en algún sueño? ¿Sabés qué me gustaría? (y sé de muchos que piensan lo mismo): que te bajes de la terraza , que vuelvas a la máquina de escribir. Pero no para ser oficialista, el gobierno no necesita aduladores, necesita de opositores inteligentes, con espíritu crítico, como vos, que les marquen los errores, que no los dejen irse de madre cuando hacen cagadas. No dejés de criticar nunca, no dejés pasar una mentira nunca, sé todo lo opositor que quieras , pero con buena leche, como lo hacías con Alfonsín. Marcelo Fabián Lucci, DNI 14.715.106 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
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