Quebrada por el dolor, madre zapalina implora justicia

La mujer, de 69 años, quedó a cargo de una nieta luego de que su hija embarazada muriera en enero del 2014, según ella, por una errónea atención en el hospital. Hay una causa abierta.

ZAPALA

«Me arrancaron el corazón». La voz de Gladys Deij se quiebra por el dolor. Sus ojos se llenan de lágrimas frente al retrato de su hija, a quien ya no podrá volver a abrazar. «Voy a pelear para que se haga justicia, por su memoria y por mi nietita de 3 años que es el motor que me empuja a seguir luchando cada día», asegura esta mujer de 69 años a quien la vida le dio el peor de los golpes.

Su vida cambió para siempre el 30 de diciembre de 2013 cuando Cintia Angelina Poncio Deij, su hija de 32 años, fue internada en el hospital Zapala con fiebre y un malestar general. Enseguida se confirmó que cursaba un embarazo pero que el bebé había muerto. Luego de algunas idas y vueltas la joven fue derivada a la capital neuquina donde falleció, unos días más tarde.

Ahora, Deij impulsa una demanda por homicidio culposo contra los médicos que la recibieron en el nosocomio local. La causa, a cargo del fiscal Marcelo Jofré, podría tener novedades esta semana con el resultado de algunas pericias y testimonios.

«Cuando se confirmó que el bebé estaba muerto y los análisis le dieron mal le pedí por favor al médico que le hiciera un legrado. Soy enfermera y sé que cada minuto que se pierde es clave pero ni siquiera me respondieron. A la tarde, varias horas después, decidieron derivarla a Neuquén pero ella ya presentaba problemas para respirar», relató.

«Ni siquiera la acompañó un médico en la ambulancia, vinimos con un enfermero y a la altura de Cutral Co expulsó al feto. Le rogué al chofer que nos lleve al hospital pero siguió viaje a Neuquén», agregó.

Según relató la mujer, cuando llegaron al Castro Rendón los recibió un médico que se sorprendió por el cuadro que presentaba la joven. «Me dijo que eran unos hijos de puta, que no la podían mandar así» recordó. Las penurias siguieron porque los profesionales capitalinos tuvieron que forzar otra derivación. «Había paro de mucamas y entonces decidieron llevarla al Policlínico pero su estado era cada vez peor», afirmó.

«Pasamos dos días tremendos, en un momento me pidió el teléfono y alcanzó a despedirse de su hijita. La última vez que la vi con vida estaba entubada y tenía la piel muy oscura, le pedí que siguiera luchando y se le cayó una lágrima», contó la madre.

Finalmente, el 3 de enero de 2014 a las 2 de la madrugada la joven falleció por una infección generalizada. «Tenía que volver y contarle a mi nieta de tres años que la mamá se había ido, fue terrible. Ahora ella me dice que su mamita está con Jesús y que nos cuida a las dos. Tiene una fortaleza increíble, presenta una discapacidad motriz y es la luz que me empuja a seguir exigiendo justicia», relató.

Gladys Deij reclama que «los responsables se hagan cargo de lo que hicieron». «Nada ni nadie me va devolver la vida de mi hija pero quiero que los que hicieron esto lo paguen, ellos podrían haber evitado su muerte si la operaban enseguida», concluyó.


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