Quiebra exitosa

Redacción

Por Redacción

JULIO RAJNERI

Según el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, el ascendente político estrella del firmamento gubernamental al que se le adjudica algún conocimiento de la economía moderna, la reestructuración de la deuda pública llevada a cabo por el kirchnerismo fue la más exitosa de la historia de la humanidad. Miles de personas que compraron bonos y títulos de la deuda pública argentina se preguntarán perplejos a qué se refiere Capitanich cuando califica la reestructuración de exitosa. La mayoría de los argentinos, europeos, norteamericanos y japoneses poseedores de títulos de la deuda pública argentina debieron aceptar quitas que redujeron sus montos hasta un 37% de su valor de origen y con plazos varios años superiores a los previstos originalmente. Muchos de ellos terminaron malvendiendo sus títulos a los denominados fondos buitres, con pérdidas aún mayores. Cabe suponer que, en la mentalidad del funcionario, una operación absolutamente exitosa sería la de no pagar a nadie y estafar impecablemente a los ahorristas incautos. La negociación principal después del “default” –que éste sí en su momento marcó un récord histórico que nadie envidiaría– se realizó durante el interinato de Eduardo Duhalde y su ministro de Economía Roberto Lavagna, y terminó de implementarse en la gestión de Néstor Kirchner. Quedó fuera del canje un numeroso grupo de deudores que no aceptaron la quita y que después de diez años siguen reclamando por el pago íntegro. El gobierno demandado en los tribunales de Nueva York está condenado en todas las instancias y depende ahora de un recurso ante la Corte Suprema que, según la mayoría de los pronósticos, no tiene buenas posibilidades, salvo que mediara un apoyo muy fuerte de la administración de Obama. Por otra parte, la reestructuración de la deuda no incluyó la de los países europeos agrupados en el club de París, que no han tenido siquiera negociaciones en los diez años de la “exitosa” gestión de la etapa kirchnerista y que están mostrando signos de creciente impaciencia. Los litigios entablados por empresas expropiadas por considerarse víctimas de despojos, ante el Ciadi, han terminado con fallos condenando al país, que intentó desconocerlos, negándose a pagar. El resultado fue el bloqueo de créditos gestionados por el gobierno ante instituciones financieras y la forzada rectificación de aquella política “exitosa”. La confiscación de YPF, que según sus propulsores iba a consumarse sin costo para el erario, se encontró con que Repsol, uno de los demandantes ante el Ciadi, pudo bloquear exitosamente la mayoría de las negociaciones iniciadas para la explotación de los yacimientos no convencionales, de los que depende el cese del angustioso déficit energético del país. Ahora se negocia sobre la base de un precio que considera el valor de mercado de YPF al tiempo de la expropiación, y uno de los puntos a resolver es la garantía de los nuevos valores, para que tengan posibilidades de ser negociados en el mercado Una operación exitosa sería aquella que devolviera el país a los mercados internacionales, donde pudiera financiarse a tasas similares a las que paga la mayoría de los países del mundo, incluidos aquellos de calificación menos sobresaliente como es el caso de Bolivia. En definitiva Argentina, después de diez años de gestión exitosa del actual modelo, sigue siendo un paria financiero, cuya reputación es solamente comparable a la de algunos países africanos del área subsahariana, devastados por la pobreza y las guerras tribales.


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