Quieren apagar el fuego prendido por Bielsa y D'Elía

Por Redacción

BUENOS AIRES (ABA).- Un abrazo – ¿forzado? – descomprimió ayer por la mañana en la Rosada, la tensión instalada entre el canciller-candidato Rafael Bielsa y el presidente Néstor Kirchner. Ocurrió en ocasión de la visita de la vicepresidenta del gobierno español. Hubo sonrisas, evitaron el tema conflictivo y trabajaron junto con el ministro Roberto Lavagna en el armado de los acuerdos con la península ibérica.

Bielsa tuvo unos días ajetreados. Al visitar Gualeguaychú, fue silbado por la postura asumida en el pleito con Uruguay por la instalación de las papeleras. El ministro creyó ver la mano del jefe de gabinete, Alberto Fernández, detrás de los incidentes. En el transcurso de la semana, mientras estaba en Ecuador, mandó a su esposa al acto que los candidatos porteños tuvieron junto con las víctimas de Cromañón.

Esa actitud irritó a Fernández, que estimó qu Bielsa va a contramano del discurso oficial, que le achaca móviles políticos a la comisión que quiere juzgar a Aníbal Ibarra.

Esa manifestación tuvo lugar el día después de la agresión sufrida por Estela Carlotto, titular de Abuelas de Plaza de Mayo, por familiares de Cromañón, lo que terminó de encender la mecha. El ex jefe de gabinete de la Cancillería, Alberto Valdez, pidió una entrevista con Fernández. Este se la concedió y luego se arrepintió cuando leyó todo lo que habían conversado en un diario del jueves. Allí se difundieron las versiones de renuncia.

Fernández acompañó ese día a Kirchner a La Rioja, mientras Bielsa analizaba bajar los decibles al entredicho, aunque por la noche se lo vio irascible en una exposición pública.

El carácter de Bielsa no es fácil. No tiene buena relación con Fernández y éste sospecha de su discurso de campaña. Ayer, en apariencia, se superaron los encontronazos. En el gobierno hacían esfuerzos, además, para reconciliar al piquetero D´Elía con los intendentes hoy en el kirchnerismo a los que calificó de mafiosos.


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