Raúl Prebisch, ayer y hoy

Redacción

Por Redacción

Aquí un intento de desentrañar el complejo y vigente pensamiento de Raúl Prebisch (1901-1986 ), economista fecundo que tuvo la Argentina y cuyas obras se dieron a conocer por medio de la Comisión Económica para América Latina (Cepal). La principal preocupación de este destacado economista trata sobre la crisis del desarrollo argentino y es allí donde canaliza todas sus inquietudes, por amor a la Argentina, su tierra, llevándolo incluso a América Latina. En estas conversaciones destaca que las leyes del mercado no son capaces de resolver los problemas estructurales ni atacar las contradicciones de la técnica. El Estado tiene que hacerlo compartiendo con la iniciativa individual la responsabilidad del desarrollo. Su pensamiento le valió reproches tanto del marxismo como de los neoclásicos. Sin renegar del capitalismo como creador de bienes y servicios, el modo de acumulación del capital va a ser uno de los puntos críticos de Prebisch. En tanto éstos, que alcanzan su más alta productividad en los centros, en aquel entonces (EE. UU. y Europa) disponían de la técnica, la cual es hasta esos momentos inalcanzable para la periferia (América Latina). Por lo tanto propone una simbiosis entre el Estado y la iniciativa privada, de difícil realización, al menos hasta nuestros días. Para ello promueve la sustitución de importaciones de algunos de los bienes de capital previa clasificación, hasta tanto nuestro país pueda alcanzar la técnica de los centros. Al no estar la Argentina en condiciones de resolver la demanda y las continuas diversificaciones de los centros, debe satisfacerla en gran parte con importaciones; en tanto que los bienes que importamos se resienten de un crecimiento relativamente lento si se coteja con aquéllas. Así pues, a esa tendencia al desequilibrio interno se agrega esta otra, al desequilibrio externo, y ambas conjugan y frenan la intensidad del desarrollo sostiene. Por un lado, fomentan el desequilibrio, según Prebisch, los estratos favorecidos en cuanto a que la tendencia a la diversificación se inicia en ellos; sin embargo, la redistribución del ingreso y los gastos del Estado acentúan esa tendencia. Al consumo privilegiado de los estratos favorecidos (amigos del poder) suelen agregarse los desbordes del populismo, una síntesis bastante actual por cierto. Menciona también el déficit fiscal del Estado nacional como de las provincias, siendo estas situaciones las que impiden el desarrollo. Así como la hipertrofia del Estado. Después de mencionar la inflación y sus terribles consecuencias nos dice “Igualmente graves fueron las medidas que se tomaron para reprimir la inflación o para eliminarla mediante el autoritarismo del Estado o el monetarismo. El péndulo argentino ha oscilado en verdad entre el populismo y estas medidas contraproducentes. Se sacrifica el consumo popular para restablecer la dinámica del sistema y la sociedad privilegiada del consumo”. En este caso puede obedecer con frecuencia a una expansión de los gastos no acompañada de los correspondientes recursos. En cuanto al desequilibrio exterior, el error más importante se cometió cuando se siguió, por inercia, con medidas sustitutivas de importación cuando las condiciones internacionales se volvieron favorables a la exportación de manufacturas. Nos recuerda la demora de las acciones del Estado en el progreso técnico de la agricultura, en perjuicio de las exportaciones agrícolas maltratadas algunas veces. El estímulo a las exportaciones de manufacturas fue sin persistencia ni continuidad y abandonando la sustitución, cuando debiéramos haberla continuado combinándola con la promoción de exportaciones. Sobre las inversiones nos dice: “Creo que sí necesitamos inversiones, sobre todo por nuestra baja capacidad de acumulación. Pero de ello a la apertura completa hay un paso muy largo. El país tiene que definir en qué campos quiere más inversiones extranjeras y qué otros quisiera reservar a la iniciativa nacional. Curiosamente es lo que oí expresar a un esclarecido dirigente de una trasnacional en una reunión sobre esta materia en las Naciones Unidas, en Nueva York” . Es necesario entonces, desde el Estado, reforzar y tornar operativos los derechos y garantías de la Constitución Nacional, como también la cláusula de la prosperidad del artículo 75 inciso 19, de modo tal que sea el mejor homenaje a Raúl Prebisch. (*) Abogado

SEBASTIÁN MARÍA STEVERLYNCK (*)


Aquí un intento de desentrañar el complejo y vigente pensamiento de Raúl Prebisch (1901-1986 ), economista fecundo que tuvo la Argentina y cuyas obras se dieron a conocer por medio de la Comisión Económica para América Latina (Cepal). La principal preocupación de este destacado economista trata sobre la crisis del desarrollo argentino y es allí donde canaliza todas sus inquietudes, por amor a la Argentina, su tierra, llevándolo incluso a América Latina. En estas conversaciones destaca que las leyes del mercado no son capaces de resolver los problemas estructurales ni atacar las contradicciones de la técnica. El Estado tiene que hacerlo compartiendo con la iniciativa individual la responsabilidad del desarrollo. Su pensamiento le valió reproches tanto del marxismo como de los neoclásicos. Sin renegar del capitalismo como creador de bienes y servicios, el modo de acumulación del capital va a ser uno de los puntos críticos de Prebisch. En tanto éstos, que alcanzan su más alta productividad en los centros, en aquel entonces (EE. UU. y Europa) disponían de la técnica, la cual es hasta esos momentos inalcanzable para la periferia (América Latina). Por lo tanto propone una simbiosis entre el Estado y la iniciativa privada, de difícil realización, al menos hasta nuestros días. Para ello promueve la sustitución de importaciones de algunos de los bienes de capital previa clasificación, hasta tanto nuestro país pueda alcanzar la técnica de los centros. Al no estar la Argentina en condiciones de resolver la demanda y las continuas diversificaciones de los centros, debe satisfacerla en gran parte con importaciones; en tanto que los bienes que importamos se resienten de un crecimiento relativamente lento si se coteja con aquéllas. Así pues, a esa tendencia al desequilibrio interno se agrega esta otra, al desequilibrio externo, y ambas conjugan y frenan la intensidad del desarrollo sostiene. Por un lado, fomentan el desequilibrio, según Prebisch, los estratos favorecidos en cuanto a que la tendencia a la diversificación se inicia en ellos; sin embargo, la redistribución del ingreso y los gastos del Estado acentúan esa tendencia. Al consumo privilegiado de los estratos favorecidos (amigos del poder) suelen agregarse los desbordes del populismo, una síntesis bastante actual por cierto. Menciona también el déficit fiscal del Estado nacional como de las provincias, siendo estas situaciones las que impiden el desarrollo. Así como la hipertrofia del Estado. Después de mencionar la inflación y sus terribles consecuencias nos dice “Igualmente graves fueron las medidas que se tomaron para reprimir la inflación o para eliminarla mediante el autoritarismo del Estado o el monetarismo. El péndulo argentino ha oscilado en verdad entre el populismo y estas medidas contraproducentes. Se sacrifica el consumo popular para restablecer la dinámica del sistema y la sociedad privilegiada del consumo”. En este caso puede obedecer con frecuencia a una expansión de los gastos no acompañada de los correspondientes recursos. En cuanto al desequilibrio exterior, el error más importante se cometió cuando se siguió, por inercia, con medidas sustitutivas de importación cuando las condiciones internacionales se volvieron favorables a la exportación de manufacturas. Nos recuerda la demora de las acciones del Estado en el progreso técnico de la agricultura, en perjuicio de las exportaciones agrícolas maltratadas algunas veces. El estímulo a las exportaciones de manufacturas fue sin persistencia ni continuidad y abandonando la sustitución, cuando debiéramos haberla continuado combinándola con la promoción de exportaciones. Sobre las inversiones nos dice: “Creo que sí necesitamos inversiones, sobre todo por nuestra baja capacidad de acumulación. Pero de ello a la apertura completa hay un paso muy largo. El país tiene que definir en qué campos quiere más inversiones extranjeras y qué otros quisiera reservar a la iniciativa nacional. Curiosamente es lo que oí expresar a un esclarecido dirigente de una trasnacional en una reunión sobre esta materia en las Naciones Unidas, en Nueva York” . Es necesario entonces, desde el Estado, reforzar y tornar operativos los derechos y garantías de la Constitución Nacional, como también la cláusula de la prosperidad del artículo 75 inciso 19, de modo tal que sea el mejor homenaje a Raúl Prebisch. (*) Abogado

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