Regocijos y desdichas

El presupuesto reeditó la fractura oficialista, que desconoce de acuerdos.

Por Redacción

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

El oficialismo rionegrino ya padece de dispersión e individualismo. Los triunfos mismos resultan costosos y limitados. La camarista Silvia Baquero Lazcano fue elegida como procuradora después de que el gobernador Alberto Weretilneck resignara a su primera elección: el barilochense Carlos Rinaldis, más mezclado con la política y conocido del poder. Frente a la impugnación de los abogados, el mandatario recurrió a Baquero Lazcano, priorizando que Bariloche acceda a ese espacio. Quería retribuir aquel favor de julio, cuando los consejeros andinos lo apoyaron para llevar a Liliana Piccinini al STJ. En ambas ocasiones, Weretilneck consiguió logros, pero cumplía deseos ajenos. Más allá de sus méritos técnicos, en el ascenso de Piccinini respondió a un pedido del senador Miguel Pichetto y la promoción de Baquero Lazcano significó un atajo frente al riesgo cierto de la derrota. Regocijos y desdichas asociados. Esa combinación se repitió en el proceso del Presupuesto del 2014. En realidad, esas previsiones estatales siempre son falaces. Por caso, el aprobado para el 2013 ya fue permanentemente modificado y está en 11.200 mil millones, que representa más de 1.100 millones del inicial. Todo se reduce a un formalismo parlamentario y sus secuelas políticas. Además, existieron dos claros fiascos. Uno: un error en las planillas sumergió al oficialismo en una innecesaria polémica y aclaraciones de que no existían planes de despidos masivos. Dos: un inconsulto gravamen de Ingresos Brutos para la actividad primaria, que terminó con otro conflicto por una proyección tributaria anual de algo más de cinco millones, inexistente en una masa impositiva de 2.500 millones. La sesión del viernes ofreció su principal corolario en la Legislatura. Allí, la alianza de Weretilneck y Pichetto no tiene ninguna validez. El bloque pichettista Eva Perón coincidió con el radicalismo en el rechazo al presupuesto y pudo frustrar su aprobación de artículos centrales, como aquel –el Nº 51– que autoriza al Poder Ejecutivo a recurrir en diferentes financiamientos. Los puntos reñidos recién lograron avales con el inusual voto del vicegobernador Carlos Peralta. El FpV reactualizó su fractura. ¿Habrá algo más que ese suceso? Emergen otros interrogantes. ¿La bancada Eva Perón transmitió un mensaje a Pichetto al exponer su autonomía, según el camino impuesto por Piccinini y Luis Esquivel –un legislador del intendente Javier Iud–? Se da por sentado que existe un juicio mayoritario: el senador los ignora y, en contrapartida, se diluye su conducción. ¿El oficialismo generó un sinceramiento? Esta otra teoría consigna que el gobierno, consciente de aquella resistencia interna, dejó correr la paridad y alentó una votación dramática para profundizar la crisis, planteando la necesidad de una resolución de Pichetto frente a sus críticos parlamentarios. Si ese relato fuese verídico, entonces se generan suspicacias en las reales razones de las oportunas ausencias de cinco legisladores opositores (la arista Magdalena Odarda, los radicales Marta Milesi, Héctor Funes y Alfredo Pega y el peperreísta Claudio Lueiro). Ocurre que sus negativas hubieran bastado para malograr la iniciativa gubernamental. En uno u otro sentido, el bloque del FpV afrontará una mutación y el inminente debate del Código Penal será –seguramente– el próximo ensayo. El gabinete tiene su transformación, producto de hechos aislados y espasmódicos. La crisis carcelaria significó la creación del Ministerio de Seguridad y la anunciada asunción de Oscar Albrieu (que finalmente se cumplirá mañana). Ahora, Ángel Rovira Bosch se fue de Turismo, respondiendo a un largo conflicto con su par de Nación, Carlos Meyer. Ni se hablaban. Todo concluyó esta semana cuando Rovira discutió con el vicegobernador al quejarse por el destrato protocolar al que se lo sometió en ocasión de un encuentro empresarial de Meyer en Bariloche. El ministro –molesto también por sus reducidas disponibilidades ministeriales– llegó el viernes con su renuncia y Weretilneck se la aceptó. Paralelamente, ubicó en Agricultura a Haroldo Lebed, desplazando a Alfredo Palmieri. Cumplió con un trámite demorado porque creía que esa cartera carecía de impulso. Realmente, el exministro exhibió conocimiento pero nunca impuso acción. Tampoco tuvo dominio porque disponía de una cartera fraccionada, desde el secretario de Producción, Javier Diomedi (La Cámpora) hasta su par de Agricultura Familiar, Fabio Ababile (Movimiento Evita), pasando por la secretaria de Financiamiento, Andrea Confini (designada por el gobernador). Esta semana, Weretilneck medió en un acuerdo entre la CAFI y el sindicato de la fruta. Palmieri estuvo apartado de esa misión. No lo sorprendió. Sus secretarios lo ignoraban en la organización de sus actos. Llega Lebed a un cartera parcelada. Intentará cambios, pero el gobernador demostró que cree sólo en una estructura heterogénea de poder, con injerencia suya en todos los estamentos. Ninguno de los ministros –salvo, relativamente, Marcelo Mango– tiene su real confianza y garantía. Desde 1999, Lebed ha virado en funciones en Buenos Aires y Nación. Recientemente quedó fuera de Agricultura cuando arribó Carlos Casamiquela. Ya desocupado, el bonaerense fue elegido por Weretilneck y bien cumple con su pretendida pericia política, pero su experiencia técnica está centrada en la ganadería. Y hay voces cercanas al gobernador que transmiten reprobaciones por las prácticas y ataduras con las que arribaría. “Hay una corriente de renovación y Lebed está de vuelta”, alertó un albertista. Otros desconfían por su estrecho trato con Pichetto. Esta cuestión exigió un esfuerzo de Weretilneck para convencerlos de que esa inclusión le pertenecía. No hay designaciones apacibles, pero las últimas de Río Negro anexan detracciones adicionales. Por caso, las obligadas explicaciones por el demorado arribo ministerial de Albrieu frente a las urgencias de Seguridad y, ahora, Lebed expone incumplimientos de su residencia mínima. La Constitución provincial –artículo 184– exige para el cargo de ministros “iguales condiciones para ser legislador”, que significan –artículo 124– “tener cinco años de residencia” en la provincia. Lebed no los tiene y, frente a esa encrucijada, el gobierno recurre a una forzada interpretación jurídica, centrada en una residencia de verano en el balneario El Cóndor y la presunta interrupción de esa obligación cuando se accede a un cargo público. Se corre –innecesariamente– esa frontera. Weretilneck reafirma su alianza con Pichetto mientras su proceder emana inquietud en el gabinete. El senador punteó en el proceso de movilidad kirchnerista y reveló que votaba favorablemente la reforma del Código Civil por “obediencia política”. ¿Ese reposicionamiento alterará sus gestiones nacionales, generalmente favorables? Río Negro monitorea si algo ha cambiado y lo hace con ansiedad financiera. Espera la autorización de Economía para cerrar el crédito privado de 250 millones y, además, la prórroga del plan de desendeudamiento. Temas obligados en la reunión de mañana de Weretilneck y Pichetto con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. El presente objetivo rionegrino radica en esos favores de la Nación. Ocurre que los recursos sí expresan conclusiones absolutas, que la política bien desconoce.

DE DOMINGO A domingo