Rezar para queno haga frío

Redacción

Por Redacción

HUGO GRIMALDI

La crudeza de Evo Morales resonó en el mediodía de Olivos en medio de la reunión tripartita entre los presidentes de la Argentina, Bolivia y Brasil: «Queremos armar un nuevo equilibrio, porque en materia de gas, para nosotros la prioridad es el mercado interno», se sinceró el boliviano.

Si bien, el destinatario principal de todo el mensaje era Luis Inácio Lula Da Silva, quien en principio miró para otro lado – ya que Brasil no transige en perder ni «una sola molécula de gas»- con la segunda parte de la oración, Morales dejó casi sin argumentos a Cristina Fernández de Kirchner, ya que le dio a tomar la misma medicina que el gobierno de su esposo, Néstor, le vino aplicando a Chile desde hace tres años, cuando ordenó exportar menores volúmenes a San

tiago (o ninguno) sólo tras abastecer el consumo propio.

Lo cierto es que el presidente Morales propuso barajar y dar de nuevo porque hoy, cada vez que se tiende un caño en su país, la demanda doméstica de gas es incesante y el crecimiento exponencial. Desde hace 20 años que Bolivia no construía redes internas que llegaran a hogares, industrias, escuelas u hospitales. «Estamos parados encima de uno de los reservorios de gas más grande del planeta y las cocinas funcionan a leña», explican diplomáticos bolivianos.

Es claro que de la matriz original de promesas de abastecimiento poco ha quedado, salvo el cumplimiento a rajatabla para con Brasil, quien evidentemente firmó contratos más redondos que los argentinos, no sólo en precio (paga 4,6 dólares por millón de BTU contra u$s 6 de la Argentina), sino también en penalidades por falta de provisión.

La idea de un año atrás era que de los 41 millones de metros cúbicos diarios que Bolivia ponía en los gasoductos, entre 27 y 32 millones fuesen hacia San Pablo, que 7,7 millones vinieran hacia la Argentina y que quedara para el uso boliviano alguna diferencia. Hoy, la fragilidad de la situa

ción muestra que la Argentina recibe no más de 3 millones al día -y en descenso- y que las diferencias son consumidas internamente por Bolivia, ecuación que se va a agravar en julio y agosto.

Brasil sospecha que la Argentina -el jamón del sandwich- le pidió a Bolivia que saque el tema de la redistribución para rebanarle una porción de su gas. Pero lo que menos querría Lula por estos días es retacearle a los industriales paulistas tan vital elemento y que se estanque el crecimiento.

Los expertos dicen que sin Bolivia sólo queda rezar en el invierno, al menos hasta la construcción de plantas de regasificación de GNL, gas traído en barcos metaneros, en Bahía Blanca o en Montevideo

Además, Bolivia aún no explica cómo hará para asegurarle a la Argentina los 27,7 millones de metros cúbicos al día, cuando en 2010 esté construido, por fin, el Gasoducto del Noroeste (GNEA). Más allá de las demoras en que ha incurrido la Argentina , la gran duda es saber si el día en que esté operativo el gasoducto habrá gas para llenarlo.

Cuando las cosas terminan en un «Grupo Coordinador» es seguro que ha sido difícil llegar a un acuerdo desde la política y que la solidaridad mercosuriana se terminó en las sonrisas del viernes. No hay que ser muy perspicaz para observar que, con la dilación, tal cual es su estilo, Brasil ha buscado mantener el statu quo y ha partido en punta en la puja por tan preciado recurso.


HUGO GRIMALDI

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