Roca y el cacique Purrán

Por Jorge Gadano

Hace algún tiempo el nombre del general Roca en la señalización de esa calle de la capital neuquina, una de las más importantes de la ciudad, apareció tachado y reemplazado por el de un cacique Purrán. Antes de ser presidente de la República, Roca fue el jefe de la segunda «Conquista del Desierto» (la primera, no tan exitosa y sobre todo dirigida a proteger su estancia «Los Cerrillos», fue la de Rosas). El autor de esta columna confiesa que nada puede decir de Purrán y sus méritos, porque no lo conoce, aunque probablemente haya sido una de las tantas víctimas del Ejército que extendió las fronteras del país hasta las cumbres cordilleranas y puso las tierras de los aborígenes a disposición de nuestros antepasados.

Hace algún tiempo el nombre del general Roca en la señalización de esa calle de la capital neuquina, una de las más importantes de la ciudad, apareció tachado y reemplazado por el de un cacique Purrán. Antes de ser presidente de la República, Roca fue el jefe de la segunda «Conquista del Desierto» (la primera, no tan exitosa y sobre todo dirigida a proteger su estancia «Los Cerrillos», fue la de Rosas). El autor de esta columna confiesa que nada puede decir de Purrán y sus méritos, porque no lo conoce, aunque probablemente haya sido una de las tantas víctimas del Ejército que extendió las fronteras del país hasta las cumbres cordilleranas y puso las tierras de los aborígenes a disposición de nuestros antepasados.

Otras reivindicaciones simbólicas de los pueblos originarios patagónicos, siempre enfiladas contra Roca, se produjeron en Bariloche, donde el típico monumento al conquistador fue tapado con una funda, y en Buenos Aires. Aquí se hizo un acto en la diagonal Julio A. Roca, para reclamar la demolición de otro monumento similar emplazado en la intersección de esa vía y la calle Perú. Nada similar ha pasado aún en la ciudad rionegrina que, no conforme con llevar el apellido del general, también lo aplicó a su principal avenida, pero no está de más prevenir a quien abrigue la intención de ponerle el nombre de un jefe mapuche que las consecuencias podrían ser graves.

Otras reivindicaciones simbólicas de los pueblos originarios patagónicos, siempre enfiladas contra Roca, se produjeron en Bariloche, donde el típico monumento al conquistador fue tapado con una funda, y en Buenos Aires. Aquí se hizo un acto en la diagonal Julio A. Roca, para reclamar la demolición de otro monumento similar emplazado en la intersección de esa vía y la calle Perú. Nada similar ha pasado aún en la ciudad rionegrina que, no conforme con llevar el apellido del general, también lo aplicó a su principal avenida, pero no está de más prevenir a quien abrigue la intención de ponerle el nombre de un jefe mapuche que las consecuencias podrían ser graves.

Desde que la humanidad se puso en marcha sobre el planeta, su avance ha sido sinónimo de violencia. Que haya podido ser de otra manera, en paz y armonía, es algo que, como el comunismo, forma parte de la utopía.

Desde que la humanidad se puso en marcha sobre el planeta, su avance ha sido sinónimo de violencia. Que haya podido ser de otra manera, en paz y armonía, es algo que, como el comunismo, forma parte de la utopía.

Los esplendorosos mundos desarrollados en la Antigüedad por dos ciudades, Atenas y Roma, no escapan a la regla de la violencia. Mucho menos el mundo burgués, cuyo espíritu civilizador creció de la mano de la codicia y la rapiña. Carlos Marx, quien escondía una cierta admiración por ese espíritu, supo decir que el capitalismo nació y creció «chorreando sangre y fango por todos los poros».

Los esplendorosos mundos desarrollados en la Antigüedad por dos ciudades, Atenas y Roma, no escapan a la regla de la violencia. Mucho menos el mundo burgués, cuyo espíritu civilizador creció de la mano de la codicia y la rapiña. Carlos Marx, quien escondía una cierta admiración por ese espíritu, supo decir que el capitalismo nació y creció «chorreando sangre y fango por todos los poros».

Así fue también la conquista de América, en el Norte y en el Sur. Tanto más cruenta cuanto más avanzadas fueron las civilizaciones desarrolladas por los pueblos originarios. Un ejemplo: los cimientos de la ciudad de México son los monumentos de Tenochtitlan, la capital del imperio esclavista y conquistador de los aztecas, y los cadáveres de las víctimas de Hernán Cortés y sus aliados tlascaltecas, que así se vengaron de la opresión de sus enemigos aztecas.

Así fue también la conquista de América, en el Norte y en el Sur. Tanto más cruenta cuanto más avanzadas fueron las civilizaciones desarrolladas por los pueblos originarios. Un ejemplo: los cimientos de la ciudad de México son los monumentos de Tenochtitlan, la capital del imperio esclavista y conquistador de los aztecas, y los cadáveres de las víctimas de Hernán Cortés y sus aliados tlascaltecas, que así se vengaron de la opresión de sus enemigos aztecas.

Más atrasados, los pueblos que habitaban el sur del continente no escaparon a la regla. ¿No habría que acabar también con la estatua de Juan de Garay que se alza junto a la Casa Rosada?

Más atrasados, los pueblos que habitaban el sur del continente no escaparon a la regla. ¿No habría que acabar también con la estatua de Juan de Garay que se alza junto a la Casa Rosada?

La toponimia vigente en la región quedaría arrasada si se quisiera borrar el nombre ominoso. No sólo porque no existe apenas una ciudad que no tenga un monumento del prócer o una calle o una plaza que lleven su nombre, sino porque además hay que contar las designaciones que honran a la milicada que vino a sus órdenes, desde coroneles como Villegas hasta el sargento Ruival. Y con mucha mayor razón habría que cambiarle el nombre a Villa Regina, así llamada sólo por homenajear a una cantante de ópera, Regina Pacini, a la que eligió por esposa el presidente Marcelo T. de Alvear.

La toponimia vigente en la región quedaría arrasada si se quisiera borrar el nombre ominoso. No sólo porque no existe apenas una ciudad que no tenga un monumento del prócer o una calle o una plaza que lleven su nombre, sino porque además hay que contar las designaciones que honran a la milicada que vino a sus órdenes, desde coroneles como Villegas hasta el sargento Ruival. Y con mucha mayor razón habría que cambiarle el nombre a Villa Regina, así llamada sólo por homenajear a una cantante de ópera, Regina Pacini, a la que eligió por esposa el presidente Marcelo T. de Alvear.

En estos últimos días la protesta llegó de labios del premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, quien se solidarizó con una familia mapuche desalojada de sus tierras por una sentencia solicitada por Luciano Benetton, el más grande latifundista patagónico de estos tiempos. Con una impecable lógica burguesa, el magnate italiano replicó recordando que en el mundo capitalista existe el derecho de propiedad y que el dueño de las tierras es él. Naturalmente, es relativamente sencillo invadirlas porque no se puede contratar una agencia de vigilancia para novecientas mil hectáreas. Benetton desafió a Pérez Esquivel a un debate público al que, si se hace, concurrirá exhibiendo su título de propiedad.

En estos últimos días la protesta llegó de labios del premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, quien se solidarizó con una familia mapuche desalojada de sus tierras por una sentencia solicitada por Luciano Benetton, el más grande latifundista patagónico de estos tiempos. Con una impecable lógica burguesa, el magnate italiano replicó recordando que en el mundo capitalista existe el derecho de propiedad y que el dueño de las tierras es él. Naturalmente, es relativamente sencillo invadirlas porque no se puede contratar una agencia de vigilancia para novecientas mil hectáreas. Benetton desafió a Pérez Esquivel a un debate público al que, si se hace, concurrirá exhibiendo su título de propiedad.

Otro latifundista patagónico fue el indio Patoruzú, padre del simpático Patoruzito que, protagonista de una película de dibujos animados, está llevando multitudes a los cines. La película les gusta a los chicos, pero también a la gente grande, encantada con la resurrección del personaje creado por Dante Quinterno. No faltan quienes también disfrutan con que sea una producción nacional cuyos beneficios quedarán en el país, en su mayor parte en los bolsillos del empresario del filme, Jorge «Corcho» Rodríguez, el novio eterno de Susana Giménez.

Otro latifundista patagónico fue el indio Patoruzú, padre del simpático Patoruzito que, protagonista de una película de dibujos animados, está llevando multitudes a los cines. La película les gusta a los chicos, pero también a la gente grande, encantada con la resurrección del personaje creado por Dante Quinterno. No faltan quienes también disfrutan con que sea una producción nacional cuyos beneficios quedarán en el país, en su mayor parte en los bolsillos del empresario del filme, Jorge «Corcho» Rodríguez, el novio eterno de Susana Giménez.

Seguramente, mapuches, ranqueles, tehuelches y otros pueblos aborígenes que poblaron la Argentina no ignoran que el emplumado Patoruzú fue un indio traidor, estanciero y amigo del coronel Cañones. Esta parte de la historia no fue contada por Quinterno, pero es muy probable que su personaje haya sido un colaborador del Ejército, que recibió en pago las tierras que lo hicieron rico.

Seguramente, mapuches, ranqueles, tehuelches y otros pueblos aborígenes que poblaron la Argentina no ignoran que el emplumado Patoruzú fue un indio traidor, estanciero y amigo del coronel Cañones. Esta parte de la historia no fue contada por Quinterno, pero es muy probable que su personaje haya sido un colaborador del Ejército, que recibió en pago las tierras que lo hicieron rico.


Hace algún tiempo el nombre del general Roca en la señalización de esa calle de la capital neuquina, una de las más importantes de la ciudad, apareció tachado y reemplazado por el de un cacique Purrán. Antes de ser presidente de la República, Roca fue el jefe de la segunda "Conquista del Desierto" (la primera, no tan exitosa y sobre todo dirigida a proteger su estancia "Los Cerrillos", fue la de Rosas). El autor de esta columna confiesa que nada puede decir de Purrán y sus méritos, porque no lo conoce, aunque probablemente haya sido una de las tantas víctimas del Ejército que extendió las fronteras del país hasta las cumbres cordilleranas y puso las tierras de los aborígenes a disposición de nuestros antepasados.

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