De las primeras vitrinas en Buenos Aires al tiempo de las frutas gigantes en el Valle
Símbolo de orgullo e identidad regional, peso y tamaño de peras y manzanas dejaron con la boca abierta a más de uno, en tantos años de trayectoria de la actividad. RÍO NEGRO las destacó en sus páginas y los testimonios de hoy las recuerdan.
Las manzanas gigantes se ven en Roca, en el emblemático monumento que creado por Martín Frullani, y hasta en los juegos de plaza. También se ven en Regina, en el homenaje que se luce en Ruta 22 y calle Belgrano (que, por si no sabías, originalmente colgaba de una columna en plena barda, por obra del metalúrgico Gino Marzolla). Y si de peras se trata, ocurre lo mismo en Allen, con el inmenso ejemplar que la localidad ostenta en una de sus plazoletas. Así, la lista podría seguir…
La devoción por los frutos que hacen a la principal actividad productiva es evidente y sus buenos motivos tiene: alrededor de un siglo de vida desde que se consolidó en el Valle, la cosecha trajo desarrollo, trabajo y ventas, pero también, ofreció desde entonces, algunas sorpresas, dignas de exhibirse en una vitrina.
Sin un cajón con capacidad suficiente como para embalarlas junto a sus “compañeras de rama” ni mercado que las recibiera, de todos modos la posibilidad de venderlas tampoco aparecía en el pensamiento de sus dueños o del trabajador rural que las encontraba.
Por el contrario, con un tamaño como ese, la mayoría de los entrevistados dudaba incluso acerca de qué hacer con ellas: frutas mayúsculas cosechadas en el Valle, de 800 gramos, un kilo y más, con las que posaron adultos y niños, como prueba de las bondades de una tierra fecunda y del trabajo y la paciencia de familias enteras.

Poda y fertilización con guano de pollo y productos inorgánicos eran, por ejemplo, las posibles razones que encontraba Edgardo Constanzi para que tres peras de la variedad Packham’s Triumph superaran los 800 gramos en la zona de la Colonia Marconetti, entre las Rutas 65 y 22, en Cipolletti. Salidos de las hectáreas de su familia, estos hallazgos fueron compartidos en abril de 1995, según el archivo de RÍO NEGRO.
Y como él, otro productor de Godoy, recordaba la crónica por esos meses, había aparecido en televisión con sus frutas, para mostrarlas al país durante el popular «Corte de la manzana», en el programa «La noche del domingo», de Gerardo Sofovich.
Premio a las más suculentas

Siguiendo el incentivo para enaltecer a la producción rionegrina, hubo una entrega de premios que apuntó a conectar a los comercios con las familias chacareras, valorando resultados como estos. Al margen del concurso que calcula “El Peso de la Manzana” realizado en la Fiesta Nacional, la camisería roquense “Avenida” era el escenario del certamen que valoraba la Manzana de Mayor Peso, acompañado por el Municipio, que reconocía a aquellos inscriptos que presentaban ejemplares de gran tamaño.
Con un mínimo obligatorio de 600 gramos para ser incluidos en la competencia, los organizadores celebraban que en 2012 por ejemplo, la fruta ganadora había pesado 838 gramos y anticipaban que debido al interés, se iba a permitir además, la participación de productores de pera, tal como registró RÍO NEGRO.
Las galardonadas quedaban en exhibición en las vidrieras de calle Tucumán al 700, para que toda la comunidad pudiera verlas en vivo y en directo. Finalmente el primer premio 2013 fue para la manzana de 907 gramos que presentó Marta Rojo (Mainqué), el segundo lugar lo ganó Ariel Carrasco (Regina), con una manzana de 874 gramos y el tercero fue para una manzana de 833 gramos que presentó Mario Muñoz (El Chañar).
Entre las peras, el primer puesto (bautizado “Ubaldo Apestegui” por el nombre del dueño del comercio anfitrión, fallecido en 2011) fue para Daniel Arbeloa (Roca), que concursó con una pera de poco más de un kilo y el segundo premio fue para Sebastián Sáez (Roca), con una pera de 803 gramos.
La “fruta zapallo”, afuera del bins
Por esos años, las bisnietas de Nicolás Peche, recuerdan haber sentido en Allen la misma alegría, cuando en una visita durante las tardes calurosas de la “temporada”, se encontraron con las manzanas gigantes que salieron de la chacra, en Ruta 65 y calle Bahía Blanca. Hoy es Encarnación, hija de aquel chacarero español y abuela de esas niñas convertidas en adultas, la que compartió con RÍO NEGRO la ternura de las fotos y el recuerdo de un tiempo de actividad plena.

Ya desde principios del 1900, la belleza de los frutos salidos de la Norpatagonia se lucía en la Estación de tren de Bahía Blanca, idea que luego replicaron en Constitución. El libro “Mi vida de ferroviario”, de Arturo Coleman, recuerda el origen de esa iniciativa ya que “por más que la producción ganadera, mineral y frutícola del Alto Valle del río Negro y del Territorio Nacional del Neuquén eran importantísimas, muchísimas personas, ignoraban sus verdaderos alcances y posiblidades” en el centro del país, explicó el autor en 1948.
Fue por eso que el mismo Coleman aseguró haber impulsado la colocación de vitrinas, a partir de 1918, para que los miles de pasajeros que pasaban por los andenes principales, vieran las muestras que los productores del Valle le enviaban, orgullosos de sus resultados. Eran destacadas junto a minerales, miel, seda natural, vinos elaborados, fotografías, y más, así como también ocurría con verduras de gran porte, como las cultivadas en Cipolletti y Choele Choel.

De la misma manera, 90 años después, en 2011, la familia de Encarnación hacía lo propio, mucho más sencillo, pero con el mismo orgullo, en la mesa principal del hogar rural, antes de que el “gran trofeo” se deshidratara.
En la jerga popular, propia del rubro, esos ejemplares eran conocidos como la “fruta zapallo”, que desentonaba frente al tamaño de las demás y que para que no se mezclara, era apartada en el borde del cajón bins por los cosechadores.
Generalmente crecían en las ramas superiores de las plantas, sobretodo en aquellas que habían quedado cerca de las acequias”, porque recibían buena provisión de agua. ‘Guano’ de chivo para las manzanas, ‘guano’ de pollo para las peras, eran las formas de asegurar buena fertilización de la tierra, además de la poda y el raleo.
En eso coincidieron desde el INTA Guerrico ante la consulta de este medio: estos son casos excepcionales que ya no se ven, pero en sí, el calibre de la fruta depende de la intensidad de poda, una fertilización adecuada, raleo químico y manual, gestión del riego y control de maleza.
“Teníamos la costumbre de regar bien incluso hasta 20 días antes de la cosecha, para que no crecieran tanto y que tomaran color”, recordó esta vecina, que llegó a encontrar joyas de hasta 750 gramos. Todavía residente en esas cinco hectáreas que su padre trabajó y donde descansan sus restos, Encarnación sigue honrando el legado de estas anécdotas y de tanta experiencia.




Las manzanas gigantes se ven en Roca, en el emblemático monumento que creado por Martín Frullani, y hasta en los juegos de plaza. También se ven en Regina, en el homenaje que se luce en Ruta 22 y calle Belgrano (que, por si no sabías, originalmente colgaba de una columna en plena barda, por obra del metalúrgico Gino Marzolla). Y si de peras se trata, ocurre lo mismo en Allen, con el inmenso ejemplar que la localidad ostenta en una de sus plazoletas. Así, la lista podría seguir…
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