Llegaron desde Buenos Aires y echaron raíces en el campo: tres generaciones después siguen produciendo en la Patagonia
En La Matilde, un establecimiento de 4.500 hectáreas ubicado en el Valle de Viedma, Eduardo Peña trabaja junto a su familia en un sistema que integra cría, recría y terminación de bovinos con agricultura bajo riego. El campo llegó a tener más de 1.000 animales, atravesó años de sequía y hoy maneja unas 500 vacas mientras produce parte de la alimentación que consume el rodeo.
Eduardo Peña, en La Matilde, donde continúa la producción familiar. Foto: Marcelo Ochoa
A unos 60 kilómetros de Viedma, rumbo a Conesa por la ruta nacional 250, se encuentra La Matilde, en el paraje Cubanea. Allí, donde hoy hay árboles, cultivos bajo riego y ganado, Eduardo Peña continúa una historia familiar que comenzó varias generaciones atrás, cuando su abuelo llegó desde Buenos Aires atraído por la vida de campo.
Cuando llegó, recordó Eduardo, el paisaje era muy diferente al actual. Predominaban el secano y prácticamente no había árboles. Su abuelo comenzó entonces a transformar el lugar con las herramientas que tenía a disposición: utilizaba una vieja topadora y bombas para llevar agua desde sectores naturales vinculados al río y fue generando canales y espacios para poder regar.
«Mi abuelo puso todos los árboles que vos veas allá. Acá no había una planta», contó Eduardo. Esa transformación todavía puede verse en el paisaje de La Matilde. «Ojalá pudiera ver lo que tenemos ahora», dijo al recordar a quien comenzó a darle forma al establecimiento.

Una historia que todavía se puede ver
El establecimiento lleva el nombre de Matilde Devoto, su propietaria hacia 1904, y forma parte de una zona atravesada por una larga historia productiva. Muy cerca se encuentra Cubanea, la colonia agrícola fundada en 1862 por inmigrantes italianos.
De aquella etapa todavía quedan algunas huellas, la antigua casa principal permanece en pie y, aunque el paso del tiempo dejó sus marcas, Eduardo contó que la están arreglando y que la familia tiene planes para seguir recuperándola.
La historia familiar de los Peña también tiene un capítulo particular: Eduardo contó que su abuela era sobrina nieta de Juan Domingo Perón, un vínculo familiar que forma parte de la historia de los Peña y que conservan en fotografías y documentos.

Su padre comenzó a involucrarse desde muy chico en la actividad del campo. Eduardo, por su parte, creció entre esas tareas y, después de estudiar y trabajar durante algunos años en otro establecimiento de la zona, regresó para trabajar junto a su padre.
La familia llegó a tener unas 10.000 hectáreas, mientras que actualmente trabaja alrededor de 4.500. En ese proceso también cambió de manera importante la actividad productiva.
De las ovejas a un rodeo de 500 madres
Los primeros años estuvieron marcados por la producción ovina. Eduardo explicó que las ovejas eran, en aquel momento, una alternativa accesible para comenzar porque «era lo más barato de comprar». Con el tiempo, sin embargo, la familia fue dejando atrás esa actividad y se volcó principalmente a los bovinos.
Entre las razones estuvieron los problemas con predadores, especialmente pumas y jabalíes, además de los robos y algunas pérdidas importantes de animales. Su madre mantuvo durante algunos años un pequeño número de ovejas porque tenía especial apego por la actividad, pero el rodeo bovino terminó convirtiéndose en el eje de la producción.
Actualmente manejan alrededor de 500 vacas madres y trabajan con genética Hereford. En años favorables, explicó Eduardo, llegaron a trabajar con entre 600 y 700 madres y más de 1.000 animales en total.

El sistema es de ciclo completo: cría, recría y terminación. El servicio se realiza de manera tradicional y no utilizan inseminación artificial.
En la cría, uno de los principales cambios de los últimos años fue la incorporación del destete precoz. Antes, los terneros se destetaban cuando alcanzaban aproximadamente entre 150 y 180 kilos. Desde hace unos tres años, en cambio, comenzaron a sacarlos mucho antes para aliviar a las madres.
Los terneros pasan inicialmente por los corrales, donde reciben alimento balanceado y núcleo proteico hasta acostumbrarse al sistema. Después son llevados a las pasturas, Eduardo explicó que esta modalidad también permite tener un mayor control sobre los animales.
Una vez superada esa primera etapa, comienza la recría. El objetivo es llevar los animales hasta unos 250 o 300 kilos antes de avanzar hacia la terminación. En esa fase combinan pasturas con maíz y núcleo proteico.
«El maíz le da la energía y el núcleo es lo que le da la proteína», explicó Eduardo al describir una alimentación que se fue ajustando con el tiempo a partir de los distintos productos disponibles para la nutrición animal.
La última etapa es la terminación. Los animales más grandes pasan a los corrales, donde reciben principalmente maíz, núcleo proteico y rollos. El peso habitual de salida ronda los 400 kilos, aunque no es un número rígido: depende del momento del mercado y de las necesidades de venta.
El riego como parte central del sistema
La producción ganadera se complementa con una superficie bajo riego que actualmente ronda las 200 hectáreas. Allí producen cebolla, maíz y alfalfa, además de verdeos de invierno, y una parte de lo que generan se destina directamente a los animales.
El sistema de riego se realiza por inundación, «el agua ingresa desde el canal principal hacia las acequias internas y desde allí se lleva a los distintos lotes». Eduardo explicó que el mantenimiento de esas acequias queda a cargo de los productores.
Una de las tareas que considera fundamentales es la nivelación de los terrenos, en un campo con desniveles, el agua no se distribuye de manera pareja: se acumula en las partes bajas y no alcanza correctamente las zonas más altas. «Donde hay un pocito se encharca y perdés plata. Y donde hay una lomita, no te llega el agua», señaló.

Esa experiencia llevó a Eduardo a desarrollar también una actividad vinculada a la nivelación de campos. Según explicó, una buena nivelación puede compensarse rápidamente con el ahorro y la eficiencia que genera en el uso del agua.
En los lotes agrícolas, el maíz tiene además un papel importante dentro del esquema ganadero. Parte de la producción se utiliza como grano para la alimentación de los animales. Durante algunos años también elaboraron silaje de maíz, aunque luego redujeron esa práctica.
La alfalfa cumple otra función clave: se utiliza tanto para pastoreo como para la elaboración de rollos. Durante el invierno, cuando la alfalfa deja de crecer, incorporan verdeos como la avena para sostener la alimentación.
Eduardo explicó que combinan el forraje verde con los rollos porque mantener a los animales exclusivamente sobre pasto verde puede generar problemas digestivos. También producen rollos de avena y cuentan con reservas de cereal para complementar la dieta.

Incluso el momento de confeccionar los rollos fue ajustándose a las condiciones de la zona. Como el viento y la sequedad pueden generar pérdidas durante la espera entre el corte y el enfardado, actualmente buscan cortar, enfilar y enfardar rápidamente para conservar mejor el material.
Una producción construida con experiencia
Detrás del esquema productivo actual hay décadas de aprendizaje familiar. Eduardo reconoce que buena parte de lo que sabe lo aprendió trabajando en el campo, observando y resolviendo los problemas de todos los días.

Ese aprendizaje también fue parte de la transformación de La Matilde, cuando su abuelo llegó a Cubanea había monte, secano y prácticamente ningún árbol. Con los años fueron apareciendo los canales, las hectáreas bajo riego y una producción ganadera que hoy tiene al rodeo bovino como protagonista.
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A unos 60 kilómetros de Viedma, rumbo a Conesa por la ruta nacional 250, se encuentra La Matilde, en el paraje Cubanea. Allí, donde hoy hay árboles, cultivos bajo riego y ganado, Eduardo Peña continúa una historia familiar que comenzó varias generaciones atrás, cuando su abuelo llegó desde Buenos Aires atraído por la vida de campo.
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