Ni complemento ni autoconsumo: la cabaña del Valle Medio del río Negro que apuesta fuerte a los ovinos

En 2010, un emprendimiento ganadero de Río Negro definió incorporar una majada Corriedale de pedigree proveniente del sur de Santa Cruz, lo que representó el punto de partida de cabaña Mi Gaucho. Un tiempo después, el establecimiento tomó otra medida trascendental con la llegada de la raza Poll Merino para hacer lanas de mayor finura. Hoy salen a competir de igual a igual en las exposiciones ovinas de la región.

Por Miguel Vergara

En la zona rural de La Rinconada, en la isla de Choele Choel (Valle Medio del río Negro), se encuentra un establecimiento ovino que, con ocho hectáreas productivas, decidió apostar en ganadería.

Cabaña Mi Gaucho no es grande en superficie ni en escala, pero sí en objetivos, ya que sus responsables buscan producir genética, mejorar lana y carne, y sostener una actividad que en el Valle Medio no está entre las más demandadas.

El origen del emprendimiento comenzó con “Pirincho” Pedro José Sánchez Iturrioz, hombre de familia pampeana, criado entre vacas y ovejas. La cabaña comenzó casi como una extensión natural de esa historia. Quedó en la memoria familiar aquella imagen que todavía se repite como símbolo: Pedro gritando “¡A dormir!” y la majada respondiendo, avanzando en bloque hacia los corrales. No era folclore, era manejo, presencia y conocimiento del animal.

Cabaña Mi Gaucho busca producir genética para mejorar lana y carne.
Cabaña Mi Gaucho busca producir genética para mejorar lana y carne. Foto: gentileza Cabaña Mi Gaucho.

Hace quince años el proyecto tomó forma más definida. En 2010, la incorporación de una majada Corriedale de pedigree proveniente del sur de Santa Cruz marcó el punto de partida como cabaña. Más tarde llegó el Poll Merino. La decisión no fue improvisada: fue una lectura del mercado y del propio sistema productivo.

Hoy quien continúa el camino es su yerno, el ingeniero agrónomo Daniel Filocamo, junto a su esposa, sus hijos quienes no pierden oportunidad para andar entre los corrales. También acompaña su suegra y entre todos mantienen vivo el legado de Pedro. La impronta sigue siendo familiar, pero con una mirada técnica clara.

“Son seis hectáreas propias y alquilo dos más. En total son ocho. Es chico, por eso hay que hacerlo intensivo”, resume el productor ganadero ante la consulta de Río Negro Rural.

Ganadería ovina en Río Negro: intensidad y precisión

En un establecimiento reducido no hay margen para cometer errores, por eso cada detalle importa. La chacra está completamente dividida en potreros y bajo riego. Pasturas permanentes de festuca, trébol y raigrás; verdeos de invierno como avena, cebada y vicia; y de verano, maíz y mijo componen la oferta de alimento para los animales. Dentro de ese esquema implementado la rotación es estricta.

La idea es que entren, coman, pelen y salgan. Si las dejás más tiempo, seleccionan y te arruinan la pastura. Y además es un problema sanitario”, explica Filocamo.

Mi Gaucho decidió apostar a la pureza racial y al mejoramiento genético en ganadería ovina.
Mi Gaucho decidió apostar a la pureza racial y al mejoramiento genético en ganadería ovina. Foto: gentileza Cabaña Mi Guacho.

En invierno, cuando el forraje escasea, el sistema se sostiene con rollos, fardos y silo de maíz confeccionado en la propia chacra. Cada decisión es parte de un engranaje que tiene como fin primordial la eficiencia.

En un valle donde la mayoría de los productores tiene ovejas como complemento o para consumo propio, Mi Gaucho decidió apostar a la pureza racial y al mejoramiento genético.

Ovinos en Patagonia: dos razas, dos estrategias

El plantel actual ronda las 60 madres Corriedale y cerca de 20 Poll Merino, además de cuatro carneros padres. Las razas se manejan por separado. “No hago cruzas, trabajo cada raza dentro de su línea. Si cruzás, perdés características. La idea es mejorar dentro de la misma raza”, sostiene el productor.

La Corriedale es la base: doble propósito, buena aptitud carnicera, madres firmes. “Es más madraza, defiende el cordero y te da kilos. A igual edad y alimentación podés tener dos o cuatro kilos más en los corderos”, explica. Sus lanas, en tanto, rondan los 30 micrones de grosor.

«Estamos en 20 micrones promedio en Poll Merino. Hoy la lana fina marca la diferencia en el precio.»

Pedro José Sánchez Iturrioz, productor.

El Poll Merino, en cambio, apunta de lleno a la finura. “Estamos en 20 micrones promedio. Hoy la lana fina marca la diferencia en el precio”, afirma Filocamo. En un mercado volátil, donde la lana puede pasar de no tener valor a recuperar precios en pocos meses, esa diferencia pesa.

Cuando te metés en genética no parás más. Siempre estás buscando el animal mejor”, dice, consciente de que la mejora es un proceso continuo.

La parición, el momento decisivo en la ganadería ovina

Si hay una instancia que define el año productivo es la parición. Allí se juega el porcentaje de señalada y, en buena medida, el resultado económico. “Todo es importante, pero la parición es clave. Hay que estar. A veces hay que ayudar a una oveja, acomodar un cordero, asegurarse de que tome la teta. Si la oveja está en buena condición corporal, pare bien. Pero hay momentos en que si no estás, perdés”, afirma.

Otro dato relevante es guardar calostro como alimento sustituto para corderos recién nacidos que lo necesiten. Se ordeñan a las madres y en vasos estériles se guardan en el freezer como un banco de leche materna de ovejas.

«Si la oveja está en buena condición corporal, pare bien. Pero hay momentos en que si no estás, perdés.»

Pedro José Sánchez Iturrioz, productor.

Un cordero nace con un peso entre 4 y 6 kilos. En unos dos meses y medio puede alcanzar los 12 kilos; para llegar a 20, el proceso demanda tres o cuatro meses, siempre bajo buenas condiciones de alimentación.

La comercialización combina corderos livianos, de 10 a 14 kilos, con corderos pesados de 20 o 22 kilos, muchas veces vendidos fraccionados. “No siempre es fácil colocar un cordero grande entero. Entonces se desposta en diversos cortes que se pueden freezar fácilmente. También es una forma de enseñar a consumirlo distinto”, cuenta el criancero.

Bienestar animal, otra clave de Cabaña Mi Gaucho

La sanidad es otro pilar fundamental en la majada. La cabaña cumple con todos los protocolos sanitarios, desde las vacunas correspondientes hasta baños preventivos contra parásitos externos (sarna, melófagos y piojo masticador) asegurando de esta manera un cuidado integral de los animales.

Participar de las asociaciones merino y corriedale también impacta positivamente en el bienestar animal ya que “recibir a los inspectores de las razas hace que uno aprenda cada día más”.

Medirse para crecer en el Valle Medio del río Negro

La cabaña participó recientemente en exposiciones rurales. No solo como vidriera comercial, sino como instancia técnica. “Las rurales te dicen dónde estás parado, es una competencia sana. El jurado te felicita, pero también te marca qué mejorar”, comenta Filocamo.

Con apenas cuatro años de trabajo fuerte en Poll Merino, ya obtuvo premios destacados en exposiciones patagónicas. Para un establecimiento chico, medirse con cabañas de mayor trayectoria no es menor, es una forma de validar el rumbo.

Comercializar en soledad

En la carne, la venta se reparte entre carnicerías y clientes particulares. La falta de un matadero oficial cercano para pequeños volúmenes es una limitante constante.

En la lana, la experiencia asociativa no prosperó. Hoy la estrategia es individual. “Esquilo, clasifico, mando a analizar finura y largo de mecha y llevo directo a la barraca. Entrego con todos los datos y negocio sin intermediarios”, explica. No es el camino más simple, pero es el que le permite defender mejor el producto.

La familia también trabaja una chacra frutícola en Villa Regina, con peras, manzanas y algo de membrillo. La diversificación no es casual. “La idea es no poner todos los huevos en la misma canasta. Todo lo que uno produce hay que buscarle la vuelta”, resume.

"Las rurales te dicen dónde estás parado, es una competencia sana", dice el productor ganadero ovino. Foto: gentileza Cabaña Mi Gaucho.
«Las rurales te dicen dónde estás parado, es una competencia sana», dice el productor ganadero ovino. Foto: gentileza Cabaña Mi Gaucho.

Sin embargo, cuando se le pregunta qué lo moviliza más, la respuesta es inmediata: “Los animales me tiran más, vengo de familia tambera, siempre hubo animales”.

“Además la tesis de mi carrera se focalizó en producción ovina y uno siempre sigue aprendiendo, el año pasado culminé una diplomatura ovina que además de fortalecer saberes teóricos y prácticos me puso en contacto con productores ovejeros de distintos puntos del país con quienes intercambiamos continuamente experiencias y nos enriquecemos”, dice Filocamo.

Elegir quedarse

Cabaña Mi Gaucho no es un emprendimiento de escala, ni pretende serlo. Es una producción intensiva, familiar, con fuerte base técnica y decisiones pensadas. En una actividad que muchas veces se define como poco rentable y poco visible en la zona, sostener la apuesta ya es una declaración. Gracias a Dios puedo hacer algo que me gusta”, dice Filocamo.

En la isla de Choele Choel, en una chacra con pocas hectáreas siguen apostando a la oveja con genética, manejo y mucha convicción sobre el camino elegido.


En la zona rural de La Rinconada, en la isla de Choele Choel (Valle Medio del río Negro), se encuentra un establecimiento ovino que, con ocho hectáreas productivas, decidió apostar en ganadería.

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