¿Se animará?

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CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

Jesuita total. Culto, muy culto. Tanto como para seducir en términos de placer a la hora de conversar con él sobre la vida. El dolor. El arte.

Y el tango.

Sólida formación humanística, que lo blinda ante la esclavitud que suelen exigir los dictados irreductibles de la teología. Pero ausente de plasticidad cuando el dogma religioso, al que dedica su vida, está bajo amenaza de tornarse arcilla muy maleable.

Ante esta posibilidad, su rostro se torna pétreo. Frío. Entonces, de la negación pasa a la acción con espíritu de cruzado. Se abroquela. Y reacciona.

Y ahí sí blande hasta lo pasado de moda. Como en los días previos a la sanción de la ley de Matrimonio Igualitario, en carta al frente interno de religiosos y religiosas de la Iglesia Católica Argentina, sacó a relucir al maligno: el diablo. Integrante del combo de convencimientos que alientan la idea del bien y mal en el planeta católico –Dios y Cristo por un lado, Satanás por el otro–, acusó a este último de pasearse por las calles del país para sembrar el mal entre los argentinos. Fue su recurso último, estéril, por frenar la ley en cuestión. Revitalizar al “cuco” en tiempos de descarnado sinceramiento del ser humano de cara a su vida, su destino.

Entonces, este porteño culto, agradable, que supo tener novia, perdió la partida.

Se replegó con rencor disimulado. Incluso con la elegancia, el estilo que aporta el silencio.

Forjado en la cuna jesuítica, sabe que a la hora del combate de ideas vale más la prolijidad de gestos que las emociones sueltas.

Y sabe que el ideario del cual es pastor tiene descascarada su imagen. Quizá no su contenido, su naturaleza confesional.

Pero sí está corroído el prestigio del poder, del sistema de decisión que gobierna a la Iglesia Católica. Un espacio donde abundan el cinismo y la hipocresía. Y el miserable disimulo y secreto sobre la amoralidad que anida en mucho de ese espacio.

Espacios de mullidas alfombras, ideales para tapar las miserias. Alfombras a modo de los muros con que Quino ironizaba al rústico general Onganía en su cristiana misión de esconder las villas.

Ahora, Jorge Roberto Bergoglio es papa.

Sólo con tirar las alfombras por la ventana habrá cumplido una gran misión.

Sólo con eso. ¿Se animará?


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