Se le hundió el Barcos

Hernán fue una pesadilla para Vélez: le hizo dos goles en Quito y uno en Liniers.

La Liga de Quito se transformó en una referencia americana durante el último lustro y anoche lo confirmó. Llegó al Fortín de Liniers con mucho margen (2-0) y, lejos de dormirse en los laureles, estiró la diferencia. Ganó 1-0 en los 90 minutos de la revancha y cerró con un cómodo global de 3-0. Los 180’ tuvieron un nombre excluyente: Hernán Barcos. El delantero que pasó sin pena ni gloria por el fútbol argentino (Racing y Huracán), es ídolo en la LdQ e incluso se habla de una nacionalización para que pueda jugar en la selección de Ecuador, fue el autor de los tres goles de la serie semifinal de la Copa Sudamericana. El equipo ecuatoriano se plantó con el mismo dibujo que en la ida (3-4-1-2), pero varios metros más atrás. Como indicaba la lógica, el plan fue cuidar el 2-0, dejar que pasen los minutos y poner nervioso al dueño de casa. En medio de un desarrollo parejo, con mayor posesión de balón del Fortín, la primera situación clara llegó a los 19, cuando Alexander Domínguez le tapó el gol a Guillermo Franco. En el piso y sobre la línea de gol, frenó el disparo con poco ángulo del punta nacionalizado mexicano. En esa jugada, Vélez se dio cuenta que podía y fue por más. Claro que se descuidó atrás, dejó algunos huecos y la Liga avisó dos veces, con un disparo de Ezequiel González y un cabezazo de Barcos. Antes del pitazo final del primer tiempo, Domínguez estiró su dos metros y, con mano cambiada, le sacó el gol a Héctor Canteros. Sin dudas, Vélez fue más en el arranque, pero se encontró con un rival que sabe de finales, que nunca se descontroló y que tuvo en su arquero un bonus track muy valioso. A los 3 del complemento, la situación se complicó del todo para el local. Barcos, el hombre de la serie, le ganó a tres defensores rivales y definió de manera perfecta desde el punto penal. El Amalfitani quedó mudo y no era para menos: con ese gol, el equipo de Ricardo Gareca necesitaba cuatro goles para meterse en la final de la competencia continental. El Flaco (fue ovacionado por los hinchas a pesar de la pálida) metió mano rápidamente. Y todos los retoques fueron con su sello: bien ofensivos. Sin embargo, ni David Ramírez, ni Iván Bella ni Ezequiel Rescaldani aportaron soluciones. Ingresaron y encontraron a sus compañeros golpeados y superados por una Liga con mucho oficio y dos extremos (el arquero Domínguez y el punta Barcos) en una noche perfecta. “Estamos mal, nos duele y es una lástima por la gente. No es frecuente que pierdas de local y te alienten como hicieron esta noche”, afirmó Fabián Cubero, el capitán de Vélez, que otra vez se quedó con las ganas de levantar un trofeo continental. Llegó hasta las semis de la Libertadores y no pudo con Peñarol. Anoche, fue la Liga de Quito el que lo sorprendió y “le hundió el Barcos”. (AN)

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