Setenta familias trabajarán en una granja
Un predio de 50 hectáreas es acondicionado para producir alimentos.
En estos días, equipos viales están emparejando un predio municipal de 50 hectáreas, ubicado entre el barrio Lavalle y la colonia agrícola del Valle Inferior, para transformarlas en tierras productivas de alimentos y productos de granja.
La idea de crear este programa surgió del Concejo Deliberante cuando un grupo de personas -en su mayoría desocupados o subocupados- que viven en la mencionada barriada, acudieron a los ediles para tratar de generar algún proyecto productivo. Con esto, se propuso como objetivo el diseño de formas de autogestión y la creación de puestos de trabajo «dignos» que permitan desarrollar un recurso de autoconsumo para esas familias en riesgo. El plan se vio facilitado ya que al predio lo atraviesa un canal de riego.
Mientras concluyen los trabajos de nivelación de tierras, los 14 grupos solidarios conformados hasta el momento se capacitarán en tareas de laboreo de la tierra para la siembra y plantación de frutas y verduras contando con el apoyo técnico de la UNC, la Estación Experimental Agropecuaria, la Secretaría de la Producción y el Idevi.
El espíritu de la norma que dio lugar a ese programa impulsa la modalidad operativa de la participación que se desarrolla en un modelo de construcción conjunta y compartida. También señala que con la consolidación de los grupos, podrán insertarse en el mercado local de producción de alimentos. Según la ordenanza Nº 5.120, cada grupo social deberá constituirse en asociaciones civiles sin fines de lucro, tendrá obligaciones del modelo productivo a seguir, y a cambio de ello, las pequeñas parcelas de casi cuatro hectáreas por grupo serán cedidas en comodato.
El edil Juan José Tealdi, uno de los impulsores de la iniciativa, explicó que las granjas están siendo diseñadas con «la idea de que toda familia pueda tener toda su dieta ahí» para lo cual el Ministerio de Salud y Desarrollo Social de Río Negro se comprometió a aportar fondos que serán destinados a la adquisición de los primeros animales de granja. Por otro lado, señaló que la Secretaría de la Producción dará semillas.
A esta actividad se le sumará la instalación de huertas en el barrio Mi Bandera, con el mismo espíritu y el apoyo de la secretaría municipal de Desarrollo Humano.
Hace 14 años que vive de la venta de sandwichs en las calles y oficinas de Viedma. Se llama Leandro Gaviña, y si bien pocos lo llaman por su nombre, muchas personas que trabajan en el centro lo conocen como «El sanguchero».
En 1988, cuando regresó a Viedma desde Buenos Aires, no tenía trabajo. Entonces le copió la idea a los vendedores ambulantes porteños. «No sabía qué hacer y entonces me pregunté si salía a vender, porque en Buenos Aires hay gente que se las «rebusca»», apuntó.
Con el paso del tiempo, comenzó a ganar clientes y hasta abrió cuentas corrientes porque «siempre tengo que aguantar» a la gente. Tiene fama de «entrenador» y admite que «este trabajo no es para cualquiera, y yo apunto a que me compren por la calidad de la mercadería y mi forma de ser», destacó.
Con tantos kilómetros recorridos en un radio de 20 cuadras, reúne miles de anécdotas. El recuerdo más fresco que tiene es cuando le robaron la canasta con todos los exquisitos sandwichs de «crudo y queso», en una fiesta del estudiante, mientras él ingenuamente dejó la canasta en el carrito de la bicicleta.
Tienen ganas de crecer porque a su criterio «hoy el dinero anda a caballo» y entonces piensa instalar un horno para fabricar pizzas y empanadas, pero la burocracia lo tiene a mal traer. «No me quieren dar un crédito para microemprendimientos porque dicen que gano mucho», se quejó. (AV)
Una buena idea cerrada con candado
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