Juicio Escuelita: las listas negras en la Universidad de Comahue llegaron con el personal de Inteligencia del Ejército
Los secuestros que se ventilan en este juicio se produjeron en JJ Gómez, San Martín y Junín de los Andes, Catriel, Bariloche, Plottier y Cipolletti.
«No nos miraba a la cara. Se sentaba al frente, dejaba la pistola sobre la mesa entre nosotras y él y así trabajábamos», dijo una de las testigos que describió la llegada al rectorado de la Universidad Nacional del Comahue, del interventor Dioniosio Remus Tetu, quien firmó cientos de resoluciones de prescindencia y exoneración. Con él llegó «un grupo de malandras», que «era la que entregaba los listados», señaló Mirtha Larroulet, secretaria del rectorado hasta que su prescindencia.
Mirtha describió el clima de época en la UNCo en la Institución previo al golpe militar el 24 de marzo de 1976 y el impacto de la intervención de Remus Tetu en la persecución política en el ámbito universitario. Era la novia de Orlando «Nano» Balbo en ese tiempo y luego fue su esposa, con quien compartió el exilio en Italia y luego durante algunos años la permanencia en la zona en tiempos democráticos.
«El exilio es un castigo de verdad, aunque uno esté en Europa. Es medio difícil construir una historia de amor donde todo se destruye constantemente, uno no está entero, no está bien», se explayó después en una rueda de prensa al término de la audiencia, en la que también se abordó el secuestro de Leticia Veraldi.

Al tribunal, le explicó que era estudiante de Turismo y militante de la Juventud Peronista. Con la nacionalización, llegó a Neuquén el grupo de Ingeniería en Petróleo, de Cutral Co, que según describió «eran los más beligerantes, y nosotros le seguíamos». Habló de largas discusiones teóricas y de poca experiencia. Recordó pocos nombres, uno fue el de Rodolfo «Fito» Teberna, que era oriundo de San Martín y que se encuentra desaparecido.
La fiscalía la citó como testigo del trabajo en la Universidad con una de las personas que padeció torturas en La Escuelita y por la que se realiza este juicio, Matilde Segura.
Explicó que con Matilde eran como hermanas, pero al regreso a la Argentina, cuando se enteró que se sumó al Servicio Penitenciario Federal, no hubo espacio para la relación. «Muchos de mis compañeros no están, tuvimos que soportar eso siendo muy jóvenes; sabíamos lo que queríamos y lo que no queríamos, lo manifestábamos y eso fue un error de experiencia» explicó.

Detalló cómo integrantes de «la patota» que trajo Remus Tetu, traían escrito a máquina los nombres de personas que trabajaban en la Universidad para que les diera de baja. Junto a otras secretarias redactaban las resoluciones y las firmaba Remus Tetu. Explicó que desde la militancia, hubo personas que consideraron que debían permanecer en el secretariado de la rectoría para conocer qué hacían, pero «luego no quedaban compañeros».
Y dijo que hizo resoluciones de prescindencia hasta la que llevó su nombre. Cuando se despidió de Tetu, le hizo redactar una nueva, sin que apareciera nombrada, aunque al poco tiempo, otra de sus compañeras del sector le dijo que estaba nuevamente entre las cesanteadas. «Guglielminetti siempre estaba en la puerta, vigilando, hasta el baño, nos esperaba a la salida. Siempre me acuerdo más de ese nombre que de todos los otros, a los que calificó de «un equipo de malandras. Sabíamos que eran de los servicios», aclaró.
Por intervención de los abogados de la defensa, contó también como uno de los integrantes de la patota, por una interna, estuvo como preso político junto con Nano Balbo, en referencia a José Luis Cáceres, a quien le hicieron «una cama» entre los propios servicios.
Tengo copias en mi casa: los listados llegaban escritos a máquina, eran muchos de investigadores del Conicet, de Historia, de Humanidades y todos quedaban cesanteados por la ley de Prescindibilidad»
Mirtha Larroulet, testigo en la audiencia Escuelita.
Explicó que mientras estaba en la Universidad y después de su exoneración, era seguida por los equipos de Tetu y que personal de civil usaba los vehículos de la Universidad para sus operativos. Sostuvo que la noche del golpe, cuando regresaba a su casa la encontró revuelta y con un consigna; del que escapó. Dijo que durante una semana estuvo escondida y no recordaba dónde, pero llegó escapada a la casa de su madre, quien le dio dinero y le ordenó irse porque ya habían allanado la casa familiar y la vigilaban. Antes del exilio, donde se encontró con Balbo, estuvo en Salta, Jujuy, Córdoba y también en Brasil
El secuestro de Leticia Veraldi y la voz de Labrune en el juicio
El escenario de la dictadura en 1977, en Cipolletti, se abordó en la primera parte de la audiencia del juicio, con un impactante testimonio judicia brindado en 2012 por la dirigente de la APDH, Noemí Labrune, que se retransmitió en la audiencia. Betina Labrune, su hija, que estuvo presente, recordó «esa cosa tan amena y tan didáctica para contar y reflexionar» de Noemí durante la descripción de los hechos del secuestro de Leticia Veraldi y la posterior búsqueda que se hizo con sus padres.
«Fue importante revisar no solo el hecho del delito de lesa humanidad hacia Leticia, sio repasar los mecanismos del Terrorismo de Eswado hasta el último detalle, cómo hacían para amedrentar a las familias para que no haya una lucha por la justicia y como se dio esa lucha igual, porque pasaron los años y los compañeros y Noemí siguieron como sabuesos detrás de las pistas», destacó.

Veraldi había dejado Buenos Aires y se había quedado en su casa de Cipolletti y a los 15 años asistía al colegio Belgrano, tras la desaparición y muerte que padecieron sus compañeros del centro de Estudiantes del Nacional Vicente López. Con dolor, recordó «la corta vida de Leticia y la larga vida, porque en estos años su ejemplo, arte y fuerza inspiraron acciones de la APDH sobre cómo eran estos y otros jóvenes desaparecidos, genocidados que nos intentaron borrar; la vida de Leticia tiene un montón de señales que la ponen en un lugar de hacedora», recordó.
La compañera de Veraldi en el secundario, Sonia Matano, que también estaba hoy, describió cómo los militares, unos días antes del secuestro, se paseaban marcando estudiantes en el cine San Martín, de Cipolletti, en una función con imágenes de atentados donde les mostraban a los quintos años, «cómo era el terrorismo». Ese día hubo cuestionamientos al material que les pasaban, por parte de Leticia y sus compañeras. «Cuando desapareció Leticia, vino un oficial de la policía a preguntar si Leticia venía a este colegio y llamaron por teléfono a ver a qué hora salía el 5to segundo; ese día en el cine yo ví a ese militar que se paseaba y al que todos consultaban, que preguntó quién era la rubiecita de campera verde».
«Hoy fue revivir lo que se dijo hace 11 años en una audiencia, no puede ser que la Justicia tarde tanto, el tiempo es enemigo de la memoria; cuando en declaré en 2015 dije que si hubiera sido 20 años antes, probablemente hubiera identificado a ese militar de tes morena y cabello peinado a la gomina para atrás que se paseaba por el pasillo del cine San Martín frente a los quintos años de los secundarios en Cipolletti, en 1977″, sostuvo.

Cómo sigue el noveno juicio por delitos de lesa humanidad
- El 3 de marzo comenzó el juicio denominado «causa Ferrari», por uno de los 20 imputados (que es de la policía de Río Negro). Las audiencias están programadas hasta fines de junio.
- La próxima será el martes 14 de abril, con el inicio programado a las 9.00.
- El tribunal está compuesto por los jueces Alejandro Cabral, Alejandro Silva y Ernesto Sebastián, que sigue las definiciones del juicio de forma remota, desde Bahía Blanca.
- La fiscalía organizó la declaración de una víctima de Junín de los Andes y la reproducción de testimonios por otro de los secuestros que se ventila en el juicio, que es de Catriel. Seguirá aportes por el caso de Veraldi.
- Son 16 víctimas por las que se realiza este juicio, de las cuales cuatro, siguen desaparecidas.
"No nos miraba a la cara. Se sentaba al frente, dejaba la pistola sobre la mesa entre nosotras y él y así trabajábamos", dijo una de las testigos que describió la llegada al rectorado de la Universidad Nacional del Comahue, del interventor Dioniosio Remus Tetu, quien firmó cientos de resoluciones de prescindencia y exoneración. Con él llegó "un grupo de malandras", que "era la que entregaba los listados", señaló Mirtha Larroulet, secretaria del rectorado hasta que su prescindencia.
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